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Microbiología

Las bacterias de tus zapatos desvelan dónde has estado

Cada persona deja una 'huella dactilar' a través de los microbios de la piel y los objetos personales

Un investigador forense analiza una huella en la escena de un crimen

El año pasado, el microbiólogo Jack Gilbert demostró, junto a otros científicos, que cada familia tiene un aura de bacterias característico que la diferencia de las demás. Ya entonces se hizo una pregunta clave: ¿podrían las comunidades de bacterias encontradas en los objetos personales de una persona desvelar sus últimos movimientos?

Un reciente aluvión de estudios está aportando nuevos datos acerca de la descomunal variedad de vida bacteriana que vive sobre nuestro cuerpo y dentro de él y que se conoce como microbioma humano. Esos estudios han desvelado que los humanos nos pasamos unos 124 millones de bacterias con un simple un apretón de manos (chocar los cinco transmite la mitad) y unas 80 millones en un beso con lengua. También que estas comunidades de billones de bacterias están relacionadas con la diabetes, el cáncer y otras enfermedades. Cada persona parece tener una firma bacteriana casi única y sus objetos, también.

En un estudio publicado hoy, Gilbert demuestra junto a otros colegas que esas bacterias que habitan en nuestros objetos personales sirven para reconstruir cuáles han sido nuestros últimos pasos, unos resultados que ya se están intentando aplicar a la justicia para identificar a sospechosos sin necesidad de ADN humano, solo bacteriano.

Los expertos tomaron muestras de los teléfonos móviles, los zapatos y el suelo que pisaban dos personas durante dos días

“Hemos demostrado que ir de tu sala de estar a la de un amigo produce un importante cambio en la estructura de la comunidad microbiana de tus objetos personales que podemos detectar”, explica en un comunicado Simon Lax, investigador del Laboratorio Nacional de Argonne (EE UU) y coautor del estudio, publicado en Microbiome.

Los expertos tomaron muestras de los teléfonos móviles, los zapatos y el suelo que pisaban dos personas durante dos días. Los análisis del ADN bacteriano muestran que las comunidades de microbios en los zapatos cambian rápidamente en función del suelo y que su composición característica puede usarse para reconstruir los últimos movimientos de una persona.

“Los zapatos resultan mejores para averiguar dónde ha estado una persona y el teléfono móvil es mejor para obtener una firma personal de su dueño”, explica a Materia Gilbert, que trabaja en la Universidad de Chicago. Su trabajo también ha desarrollado un programa informático que lee los datos y es capaz de identificar a cada uno de los dos participantes solo en base al ADN de las bacterias pegadas a sus suelas. También ha confirmado el potencial de este método para rastrear los movimientos de 89 personas.

Trabajos como este están dirigidos al uso del microbioma en la escena de un crimen, por ejemplo, para identificar sospechosos. Estas técnicas aún están en fase de análisis y desarrollo, reconoce Gilbert, pero su equipo, dice, ya está colaborando en un proyecto con el Instituto Nacional de Justicia de EEUU en este sentido.

Uno de los mayores retos para asumir esta tecnología es saber cómo de rápido cambian las comunidades microbianas que llevamos de un lado a otro para saber si realmente pueden ser fiables a la hora de identificar a una persona. Otro estudio publicado hoy ofrece nuevos datos interesantes sobre el tema. El trabajo, publicado en PNAS por investigadores de la Universidad de Harvard y otras instituciones estadounidenses, es el primero en demostrar que se puede desvelar la identidad de una persona de entre un grupo de más de 200 solo en base a la firma genética que tienen las bacterias de su piel, saliva o heces como si fuera una huella dactilar. El microbioma de cada individuo, dicen los autores del estudio, tiene unos códigos genéticos bacterianos y estos se mantienen estables durante un año, según los resultados del estudio. La huella de las bacterias intestinales es especialmente duradera, permitiendo identificar a un individuo hasta un año después de la toma de la muestra en un 80% de los casos.

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