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Genética

El secreto de la longevidad puede estar en los genes de las ballenas

Un cetáceo que vive 200 años envejece sin sufrir cáncer y enfermedades degenerativas

La secuenciación de su genoma da claves sobre el envejecimiento celular de los mamíferos

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Amenazada de extinción hasta los años 80, la ballena boreal es el mamífero más longevo. Mads Peter Heide-Jorgensen

La lógica dice que un animal con 1.000 veces más células que un humano debería tener más posibilidades de sufrir enfermedades relacionadas con el deterioro celular como el cáncer. Sin embargo, hay una ballena que además de parecer casi inmune es el mamífero más longevo. La secuenciación del genoma de este cetáceo podría desvelar los secretos de la longevidad.

La ballena de Groenlandia o boreal (Balaena mysticetus), propia de las gélidas aguas del Ártico es, tras la ballena azul, uno de los mamíferos más grandes que hay en el planeta, pudiendo llegar a las 100 toneladas de peso. Amenazada de extinción en los años 80, la prohibición de su caza le ha dado una segunda oportunidad de sobrevivir y, a los científicos, la de investigar qué hace único a este animal.

Además de enorme, la ballena boreal es el mamífero más longevo del que se tiene constancia. En los años 90, se descubrieron puntas de marfil clavadas en el lomo de varios ejemplares vivos. Los balleneros dejaron de usar este material en sus arpones en favor del hierro en el siglo XIX, así que debían llevarlos clavados desde entonces. Más recientemente, mediante una técnica de datación química llamada racemización de aminoácidos, se pudo estimar la edad de un ejemplar macho en unos 215 años. Aún más maravilloso, estos cetáceos presentan una baja incidencia de enfermedades relacionadas con la edad, como algunos tipos de cáncer, afecciones neurodegenerativas o cardiovasculares. ¿Cuál es su secreto?

La ballena boreal presenta mutaciones y copias extra de genes relacionados con el ciclo celular

"Estos animales tienen unas 1.000 veces más células que los humanos y sin embargo no presentan un riesgo incrementado de tener cáncer, lo que sugiere la existencia de mecanismos naturales que pueden suprimir de forma más efectiva el cáncer", dice el experto en envejecimiento de la Universidad de Liverpool João Pedro de Magalhães. Este portugués, que ha dedicado toda su carrera investigadora a la gerontología con su proyecto Senescence, lidera un equipo de científicos, entre ellos investigadores de la Universidad de Oviedo, que acaba de secuenciar el genoma de la ballena boreal.

En formato digital, el ADN extraído de tejidos de una hembra de ballena de Groenlandia de 51 años apenas ocupa espacio para llenar un DVD pero, según explican los investigadores en Cell Reports, en determinados genes relacionados con el cáncer y el envejecimiento celular, estos cetáceos presentan mutaciones ausentes en otras especies. La velocidad del metabolismo celular influye, por ejemplo, en el envejecimiento. Así, se sabe que las células de los cetáceos presentan una ratio metabólica menor que en otros mamíferos más pequeños. Los investigadores, comprobaron que, en el caso de la ballena boreal, aparecen cambios en el gen UCP1, que interviene en la termorregulación, lo que podría explicar estas diferencias metabólicas.

"En realidad, nos centramos más en los cambios sutiles que en la detección de genes completamente nuevos. Simplificando, buscamos genes conocidos que presenten cambios en la ballena boreal que no se den en otros mamíferos. Los dos tipos principales de cambios que nos interesaban eran mutaciones específicas de esta ballena y el número de copias de un gen determinado", explica en un correo el investigador portugués.

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A pesar de tener 1.000 veces más células que un humano, la ballena boreal no presenta una mayor incidencia de cáncer. Loke Film y Adam Schmedes/Cell Reports 2015

Para completar el trabajo, los investigadores también tomaron muestras de tejidos de varias partes del cuerpo, como cerebelo, corazón, riñón o hígado, de dos machos adultos. En este caso, secuenciaron el ácido ribonucleico (ARN) que transcribe la información genética del ADN para sintetizar las proteínas.

Descubrieron cambios en proteínas como las denominadas PCNA y ERCC1 relacionadas con el ciclo vital de la célula, la reparación del ADN y el cáncer. "En mi opinión, esto indicaría la existencia de mecanismos de reparación del ADN y una regulación del ciclo celular mejorada que evitaría la acumulación de daños en el ADN a lo largo de la vida, promoviendo así resistencia a las enfermedades relacionadas con la edad como el cáncer y la longevidad", sugiere De Magalhães. Pero como él mismo se encarga de aclarar, aún queda mucho trabajo que hacer hasta convertir su opinión en hechos. 

Los investigadores han creado una base de datos abierta a toda la ciencia con los genes de la ballena boreal

Parte de ese trabajo ya lo han hecho ellos. Compararon sus resultados con la información genética de otras especies como delfines, vacas o la ballena de Minke. Esta es la prima más cercana de la boreal, pero pesa una décima parte y apenas alcanza los 50 años de edad. También revisaron sus anteriores investigaciones con un pequeño animal que lleva años intrigando a los científicos por su casi increíble resistencia al cáncer como es la rata topo rasurada o ratopín.

"Sorprendentemente, en nuestro análisis no encontramos genes en común con los encontrados en otras especies longevas como los murciélagos o el ratopín", reconoce el investigador portugués. "Algunas rutas pueden ser comunes en las especies de larga vida, como la respuesta al daño en el ADN, pero los genes específicos parecen ser diferentes. Creo que las diferentes especies pueden tener estrategias también diferentes para tener una vida larga. Si descubrimos la estrategia usada por la ballena boreal, la única especie secuenciada que vive más que los humanos, podríamos, a largo plazo, ser capaces de aplicar estos hallazgos a los humanos y así luchar con las enfermedades del envejecimiento", añade.

Para acelerar este sueño, los investigadores han hecho públicos sus resultados, volcando todos los datos en una web, y ofreciendo así a la comunidad científica la posibilidad de escudriñar todos los secretos que aún esconde la ballena boreal.

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