Cerco a la Sopa de Plástico

Boyan Slat, estudiante holandés de 20 años, recauda 1,6 millones de euros para combatir con barreras flotantes los residuos acumulados en los océanos

Boyan Slat, el estudiante autor del plan 'La limpieza de los océanos'.

La Sopa de Plástico es un inmenso basurero flotante situado en el Pacífico Norte. Allí rotan millones de toneladas de desechos movidos por un fuerte flujo de corrientes marinas: el denominado Giro del Pacífico. Puede haber hasta cuatro vertederos similares en los océanos, resultado de la contaminación humana y la acción de las corrientes mismas. Millones de aves y de mamíferos marinos mueren cada año por culpa de esta polución. Además, cuando las toxinas del plástico entran en la cadena alimentaria humana a través del pescado, nuestra salud puede verse afectada. Estos son los datos recogidos por Boyan Slat, un estudiante holandés de ingeniería aeronáutica, de 20 años, que pretende limpiar tan sucio paisaje.

Gracias a una campaña de financiación popular organizada en Internet, su plan, bautizado The Ocean Clean Up (La limpieza de los océanos), ha reunido los dos millones de dólares (1,6 millones de euros) necesarios para hacer un ensayo a escala real. Para premiar su “inspirador esfuerzo”, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente acaba de otorgarle el galardón Campeones de la Tierra. La idea de limpiar el océano se le ocurrió a la vuelta de unas vacaciones en Grecia, donde encontró “muchos más plásticos que peces durante el buceo”. Tenía entonces 16 años y pensó que no hacía falta equipar grandes barcos con redes para pescar las basuras. Él propone lo contrario, es decir, esperar a que el mar las acumule en un lugar de recogida apropiado. En sus propias palabras: “¿Para qué recorrer los océanos si los océanos nos traerán los plásticos?”.

En esencia, su plan consiste en “instalar unas barreras flotantes compactas en forma de uve en zonas estratégicas del Pacífico Norte para que los vientos y las corrientes lleven allí los restos”. “Una vez reunidos, se extraen del agua gracias a una plataforma que los succiona y genera su propia energía con el sol y las olas. El conjunto tiene unos 100 kilómetros de envergadura, y dado que la persiana de la barrera llega solo hasta tres metros de profundidad, la vida sigue su curso por debajo”. Según sus cálculos, podrían recogerse 65 metros cúbicos diarios de material tóxico. Unos barcos apropiados limpiarían la plataforma cada 45 días.

La ONU le entrega hoy el premio 'Campeones por la Tierra' por su innovador proyecto

Si Slat tiene razón, el Giro del Pacífico Norte podría cubrirse en unos cinco años. “Es mucho menos tiempo que los 79.000 años calculados para extraer los siete millones de toneladas plásticas que puede haber en las capas superficiales del mar en 2020”, señaló en la presentación de su trabajo, en 2012. Titulado Cómo pueden limpiarse por sí mismos los océanos, no solo entusiasmó a sus profesores en la Universidad Técnica de Delft. También sorprendió a los oceanógrafos, que se dividen ya en dos bandos: los que avalan su teoría de la V y están dispuestos a ayudarle, y quienes piensan que su método acabará dañando la vida salvaje.

En EE UU, en cuyas costas se arremolinan innumerables desechos, “están muy animados con la idea”, asegura Slat, que ha presentado el plan en Nueva York ante un grupo de posibles patrocinadores. Las barreras pensadas por él tienen, eso sí, un inconveniente. No sirven para recoger las partículas plásticas ingeridas por los organismos marinos. De todos modos, a base de limpiar los pedazos grandes, Slat y los suyos esperan reducir el impacto ambiental. Y especialmente, concienciar al consumidor para que reduzca el daño causado por tapones, envases y bolsas plásticas de uso diario.

Más información