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Rodrigo Paz: “Hemos hecho una revolución sin un tiro”

El presidente de Bolivia defiende, en entrevista con el director de EL PAÍS, el diálogo y la lucha contra la corrupción para gobernar su país

05:29
Rodrigo Paz con Jan Martínez Ahrens en el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe
Rodrigo Paz, presidente de Bolivia, y Jan Martínez Ahrens, director de EL PAÍS, este jueves.Foto: ENEA LEBRUN | Vídeo: CAF

Rodrigo Paz irrumpe desafiando los pronósticos. Y quiere romper la forma en que se ha leído Bolivia en los últimos años. “Los pronósticos son solo eso”, dice, y advierte de que cuando una sociedad convierte las encuestas en destino, la realidad suele desmentirlas. Su llegada al poder fue una sorpresa para muchos analistas. “Bolivia necesitaba ser comprendida y no estaba siendo bien leída”, arrancó en sus primeros minutos de conversación el director de EL PAÍS Jan Martínez Ahrens. Los dos hablaron durante casi una hora en Ciudad de Panamá, en el Foro Económico Internacional para América Latina y el Caribe organizado por CAF, el escenario en el que estos días diversos líderes latinaomericanos se predisponen a unirse frente a las amenazas que están por venir. “Bolivia no quiere estar en la queja, quiere sentarse de igual a igual en la mesa con cualquier otra nación”, señaló.

Paz, considerado un líder de centro derecha moderada, recordó que la campaña que lo llevó a la presidencia el pasado octubre sorteó casi todas las reglas conocidas. Sin anuncios en radio ni televisión, sin respaldo de grandes medios, basó su estrategia en redes sociales y la presencia en el territorio. “La culpable está sentada en primera fila”, bromea, señalando a su hija Catalina, responsable de la estrategia digital.

No es tan fácil definir a ese hombre de guiños y detalles constantes con su interloctur, pero firme —muy firme— a la hora de tomar decisiones. El mandatario rechaza que su liderazgo pueda definirse simplemente como moderado. Y pone como ejemplo que acaba de retirar la subvención a los hidrocarburos, un tabú intacto desde los años setenta. “Eso no es precisamente moderación”, dice. La medida provocó una crisis inmediata, pero también —defiende—, abrió un nuevo tipo de diálogo. “Hemos hecho una revolución sin un tiro. Estamos cambiando la economía sin un tiro, con diálogo, con consenso y con una cultura de la confianza”, defendió.

La corrupción aparece como uno de los grandes ejes de su relato político. Más allá de izquierdas y derechas, Paz habla de una enfermedad que ha atravesado todo el sistema. “Pónganos la ideología que quiera, pero no nos ponga en la ideología de la corrupción”. Durante los años de hegemonía del MAS, el Movimiento al Socialismo de Evo Morales, Paz sostiene que la política estuvo condicionada por el miedo. “La política era para quien el gobierno permitía que estuviese. A mí me pusieron 16 procesos con Evo Morales y cinco más con Arce. Es una forma de meterte miedo para que te salgas”.

Sobre el tema más candente de la región, Venezuela, le genera pocas contradicciones. “Me parece bien lo que ocurrió”, dijo al referirse al ataque estadounidense del 3 de enero. “Ahora que el miedo se pierde, va a haber una eclosion, un surgimiento de varios liderazgos”, celebra. Y eso es extraordinario. Los tiempos los marcarán ellos”.

Como Venezuela, Bolivia es un país rico en recursos naturales, como el litio, metales preciosos, un tesoro que en el tablero geopolítico global puede correr peligro. ¿No tiene presiones extranjeras para quedarse con esas riquezas”, le cuestionó Martínez Ahrens. Y Paz soltó una breve carcajada. “En Bolivia nadie se queda con nada”, dijo rotundo. “Así que o es dialogando, con acuerdos muy claros y transparentes, o no va a pasar”.

El litio ocupa de hecho un lugar central en la estrategia económica de Bolivia. Aunque Paz lo presentó como una oportunidad de mediano y largo plazo, pero no como un botín inmediato. Las inversiones, sean nacionales, europeas, chinas o rusas, deben someterse a estándares de transparencia comparables a los de la Unión Europea. Solo así —defiende— la ciudadanía se convierte en la primera defensora de esos proyectos. “La transparencia fortalece la verdad”, insiste.

Paz también se refirió a uno de los lemas más repetidos de su campaña —“capitalismo para todos”— lo que para él es una reacción a dos décadas de un socialismo que, según su diagnóstico, distribuyó bonos pero no creó modelos productivos sostenibles. “Somos de los peores de América Latina en educación y tenemos una salud paupérrima”, lamentó. Con un 85% de la economía en la informalidad, Paz describe a Bolivia como un país donde la mayoría ya actúa de facto como capitalista, mientras el Estado funciona como un obstáculo.

Cambiando totalmente de tercio, el presidente de Bolivia, llegó a emocionarse al hablar de su madre, gallega, “aguerrida”, que apostó por Bolivia y por la democracia incluso en el exilio. “Es una mujer extraordinaria, se bancó más de 12 países perdiéndolo todo y sin dejar atrás el compromiso de su lucha por la democracia”. Paz recuerda episodios de infancia con su hermano marcados por la precariedad, dormir en parques o en una carbonera en Chile tras el golpe del 73. “Eso nos enseñó la grandeza de la vida”, dice. “Los rencores no corresponden. El amor siempre tiene mayor suerte en la forma de construir nuestras vidas y, ojalá, nuestros países”.

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