Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
EL ACENTO

Salir bien en la foto de PISA

La prueba promovida por la OCDE es un buen instrumento de comparación pero también tiene efectos adversos

Salir bien en la foto de PISA

Tener un método homologado y aceptado por todos para evaluar las competencias de los estudiantes de 15 años en 64 países de la OCDE ha sido de una gran utilidad. Permite calibrar las fortalezas y debilidades de cada uno y compararlas con las de los demás. Antes de PISA no había mecanismos de comparación excepto algunos datos estadísticos como la población escolarizada. Con esta prueba, la OCDE ha demostrado que lo que importa es la calidad de la enseñanza.

La herramienta ha tenido tanto éxito que se ha convertido en una referencia. El problema es que, como los medicamentos, está empezando a tener efectos iatrogénicos. Así lo han advertido 83 grandes pedagogos y expertos en políticas educativas de diferentes países en un escrito dirigido a la OCDE.

El primero de estos efectos adversos es que condiciona las políticas educativas de los Gobiernos y hasta las prácticas docentes, pues induce a los centros a modificar sus planes pedagógicos con el único propósito de puntuar mejor en la prueba. Es decir, que refuerza la dinámica de preparar para aprobar, y eso sucede con un examen que no tiene repercusión en el currículo.

El problema es que la prueba evalúa solo el nivel de Matemáticas, Lengua y Ciencias. Concentrarse en esas materias para salir bien en la foto de PISA puede supone orillar otras y especialmente las que tienen que ver con la formación humanística, tan necesarias en estos tiempos. La crítica es, pues, muy consistente.

No se trata de poner en duda la existencia de la evaluación, cuya utilidad es indiscutible, sino de revisar su contenido y paliar los efectos negativos. Lamentablemente, muchos de los políticos en ejercicio, cortoplacistas por definición, utilizan sus resultados de forma partidista, para justificar sus decisiones o atacar las del adversario. En España sabemos mucho de eso.

El hecho de que la prueba haya sido impulsada por una organización cuyo objetivo principal es el desarrollo económico explica que se valoren más los conocimientos necesarios para mejorar la competitividad. Es lógico, pero su contenido debería revisarse para evitar este sesgo y ampliar criterios; en la vida hay algo más que mercados.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.