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Reportaje:

Luc Besson, activismo tras la cámara

La película 'The Lady' evoca la experiencia de la Nobel birmana Aung San Suu Kyi

Lo primero que hace Luc Besson (París, 1959) después de estrechar la mano del periodista es agradecer que la entrevista vaya a producirse en su -teórica- hora de comer. "Estoy a dieta y esto me ayuda", afirma con una sonrisa, en la que es difícil desvelar si el asunto es tema de cachondeo o más importante de lo que parece. Besson se encuentra en el festival de Busan, en Corea del Sur, donde presenta su última película, The lady, que cuenta la historia de Aung San Suu Kyi, la activista birmana y Premio Nobel de la Paz por su lucha a favor de los derechos humanos en su país.

El director, escritor y productor francés no ha reparado en gastos a la hora de afrontar la historia, a pesar de que su nombre no figuraba al principio en el proyecto: "Michelle Yeoh

[que en la película interpreta a la heroína] me trajo el guión porque quería mi opinión como productor. Después de leerlo me pasé un buen rato llorando hasta que finalmente la llamé y le pregunté si me aceptaría como director. Michelle se cayó de la silla".

Besson incide en la vida personal de la activista, especialmente a través de su relación matrimonial con el profesor británico Michael Aris, y de las decisiones que tuvo que tomar, dejando atrás a su familia en Gran Bretaña en favor de su compromiso con el proceso de democratización de Birmania, gobernada con mano de hierro por una junta militar: "Espero no tener que tomar nunca una decisión como la que tomó ella en su momento pero al mismo tiempo pienso que hay millones de personas, como nuestros abuelos, que abandonaron a sus familias para ir a la guerra, donde muchos murieron por algo que consideraban justo. Ella está en la misma situación, quiere luchar por su patria porque sabe que está sufriendo y en ese sentido tiene la fortuna de tener al marido más indulgente de la tierra porque él entiende completamente el significado de las acciones de ella".

Preguntado por su implicación personal en la película, concebida casi como una llamada a la causa, Besson se explica: "¿Qué haría yo si fuese ella? No lo sé, creo que nadie puede contestar por anticipado a esa pregunta. Ahora bien, cuando están matando a tus compatriotas y tu familia está en la línea de fuego creo que la cosa queda bastante clara".

El director de películas como El gran azul o El quinto elemento y productor de infinidad de filmes de acción, como la famosa saga de Transporter, se encontró en The lady con lo que considera uno de los retos más importantes de su carrera: "No podía permitirme frivolizar sobre un personaje así. Piensa que muchas de sus amistades más cercanas no la han visto desde hace 15 años, incluso cuando hablas con sus amigos no sabes si ella es real o solo un recuerdo de la gente que la rodeaba: de hecho si ni siquiera sabes si esos recuerdos son en realidad construcciones ficticias. Hay que consultar todas las fuentes, cruzarlas, confirmar cada pedazo de información con la intención de hacerla tan creíble como sea posible. Por ese motivo hicimos la réplica de su casa tal como era, centímetro a centímetro. A veces la verdad no es muy cinematográfica y eso es un reto, saber hasta dónde puedes llegar. Esta es en realidad una historia clásica pero no puedo jugar con ella, no puedo improvisar para que una escena tenga más ritmo porque estaría faltando a la verdad".

A día de hoy, Aung San Suu Kyi sigue siendo la cara más rotunda y (re)conocida de la lucha contra el poder militar, aunque eso le haya costado sacrificios incalculables: "Su marido murió el día de su cumpleaños mientras ella estaba arrestada en su domicilio. Ella sabía que si aceptaba la invitación de la junta militar para abandonar el país nunca se le permitiría volver. Su marido estaba de acuerdo pero no puedo imaginarme lo que esa decisión supuso para ella... ¿sabes? Cuando empecé a investigar la relación entre ella y su marido pensé que era la historia de amor más bonita que había leído desde Romeo y Julieta".

Antes de irse a tomar su ensalada, Besson reconoce en voz baja que sus amores son otros, nada que ver con los de Shakespeare: "Para mí hacer películas es como enamorarme: necesito que ese proyecto me conquiste".

La gran meca del cine en Asia

El Festival de Cine de Busan en Corea del Sur, cuya 16ª edición se clausuraba ayer, es el más importante de Asia en tamaño y en capacidad de influencia. Considerado un lugar de reunión para compradores de todo el mundo interesados en la cinematografía asiática, sus nuevas instalaciones, que han costado más de 100 millones de euros, son una auténtica obra de arte.

El certamen, que este año ha tenido sesiones especiales dedicadas a los western generados por la región, un homenaje al cine portugués y obviamente un exhaustivo quién es quién del séptimo arte coreano, crece a velocidad de vértigo impulsado por una marabunta de cinéfilos que llenan las numerosas sesiones (más de 300 películas de 70 países distintos este año) y guardan respetuoso silencio hasta que han concluido los títulos de crédito, algo que sorprendería a cualquier espectador occidental.

Entre los invitados de este año se encuentran todos los popes asiáticos que dominan en la actualidad el panorama internacional. Las salas de cine, impecables, están dotadas con los últimos adelantos en proyectores, pantallas y sistemas de sonido (incluyendo algunas salas dotadas con tecnología 4D, donde los asientos hasta se mueven al ritmo que marque la película). En total, más de 200.000 espectadores han asistido en esta edición a las sesiones de este festival que ejerce de meca del cine en Asia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de octubre de 2011

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