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martes, 22 de marzo de 2011
Entrevista:JUAN GABRIEL VÁSQUEZ | Escritor | XIV Premio Alfaguara

"La novela ha sido empujada a los márgenes de la sociedad"

Mirada lejana depositada en el fondo de unos estantes; cabellos obligados a ir lentamente hacia atrás, hacia una trastienda de donde parecen salir también las meditadas respuestas; breves sorbos de cola sin azúcar. Así afrontaba ayer en Barcelona Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) las primeras ajetreadas horas tras saberse ganador del XIV Premio Alfaguara de Novela con El ruido de las cosas al caer, que aparecerá en mayo. Jersey y americana oscuros, sin prisas, a la antigua usanza; exactamente igual que entiende la función de la novela.

Pregunta. Tercera novela suya tras las ya elogiadas Los informantes e Historia secreta de Costaguana y un premio de esta magnitud. Trayectoria intensa...

"Creo que el destino de alguien que no existe puede decir mucho de nosotros"

Respuesta. Bueno, tercera novela oficial. Tengo otras dos que hice cuando tenía 23 y 25 años en Colombia, pero las eliminé.

P. ¿Y eso? ¿Cuáles son?

R. Prefiero no decirlo. Eran novelas de aprendizaje; quiero que nadie las recuerde.

P. ¿Puede pedir eso un escritor? ¿Tiene derecho sobre eso?

R. No sé; en cualquier caso me gustaría que me dejaran olvidar esa parte de mi pasado. Me tomo ese derecho.

P. ¿Qué ruido hacen las cosas al caer?

R. Eso está vinculado al personaje que conoce el protagonista, expresidiario, en cuya vida ha habido muchos aviones que han caído accidentalmente. Son casos reales. Luego el título tiene una densidad metafórica, claro: cómo cae la vida de la gente, sus proyectos familiares y todo en un país dominado por la droga y su mundo de terror como era Colombia.

P. La novela arranca con la caza del hipopótamo que huyó del zoológico que intento montarse el capo de la droga Pablo Escobar.

R. Es uno de los momentos en los que nació en mí la novela: estando en Barcelona me enteré del episodio y me percaté de que con él cerraba una etapa de mi vida, dejaba de preocuparme por si alguien se retrasaba 10 minutos en una cita, un periodo de convivir con el miedo y la angustia, de saber dónde estaban todas las cabinas de teléfonos para, por si estallaba una bomba, llamar en seguida a casa para decir que estaba vivo. Mi generación es contemporánea al estallido del tráfico de drogas. Hemos compartido generación con este negocio: ¿qué implica eso, cómo se crece acostumbrado al miedo, con esa sensación del falso control sobre tu vida..? Eso se plantea el protagonista, cuando mira a su mujer y a su hija...

P. Pero usted hace ya 13 años que marchó de Colombia.

R. Sí, sí, pero ha sido como volver a la casa que abandonaste para cerrar una puerta que habías dejado abierta; también ha influido que me he casado y he tenido dos hijas. Lo de los hijos es, entre otras cosas, descubrir una gama de miedos desconocidos.

P. Esta novela vuelve a ser un motivo para responder preguntas sobre la vida.

R. Sí, sigo viendo la novela como la mejor herramienta para entender el mundo, para iluminar zonas oscuras de la vida aunque sé que eso no está hoy en el centro de la literatura ni del mundo.

P. ¿A pesar de haber recibido un premio como este?

R. Sí. La novela ha sido empujada a los márgenes de la sociedad y la atención mediática que recibe no es proporcional: se suele dirigir a obras o aspectos que no tienen nada importante que decirnos sobre quiénes somos y por qué estamos como estamos. Poco a poco, la comprensión del mundo ha dejado de ser verbal...

P. Su propuesta no es la que sigue la mayoría de su generación. ¿Se siente solo?

R. Tanto como solo..., pero sí tengo vínculos más claros con los escritores de la década anterior, los de los sesenta... Sí, más cerca de Javier Cercas o Alan Pauls que de otros; de los míos, quizá con Mathias Enard. Su Zona es ya una de las grandes novelas de mi generación... Soy un anacronismo; me quedo con Conrad, como puente entre Flaubert y Joyce; aún creo en el lenguaje despegado de la dictadura de la imagen demasiado viva hoy. Y tengo fe en los personajes, seres con muchas aristas, sin ese descreimiento moderno de hoy. Creo a ciegas que el destino individual de alguien que no existe puede decirnos mucho sobre nosotros.

P. Bella razón de la novela...

R. Esa teoría seguro que es motivo de risa, cuando lo lean, en otras escuelas literarias actuales. ¿Sueno a abuelo cansado?

El escritor bogotano afincado en Barcelona Juan Gabriel Vásquez, ayer en la Villa Olímpica. / GIANLUCA BATTISTA

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