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jueves, 2 de diciembre de 2010
Entrevista:PETER MULLAN | Actor y director

"Mi casa era un manicomio con un padre alcohólico"

Como el protagonista de su última película, Neds, Peter Mullan (1960) también era el número 1 de su curso, el chico nacido en una familia disfuncional de los suburbios de Glasgow que aspiraba a brillar en un mundo que negaba todo a los de su clase. Pero también, como tantos otros chicos listos, se pasó de listo el día que decidió seguir los pasos de su hermano mayor y meterse en una pandilla callejera. "Gran parte de mis vivencias adolescentes están en esta película, aunque no sea puramente autobiográfica", afirma el actor y director escocés, que con esta película -que se estrena este viernes- logró la Concha de Oro del último festival de San Sebastián y que a todas luces ha tenido más suerte en la vida que la que se intuye en la de su joven protagonista, el chico de 16 años que interpreta Conor McCarron, que ganó la Concha de Plata por su trabajo en San Sebastián.

"Al dirigirme, me he permitido extrañamente a mí mismo sobreactuar"

"Mi hermano mayor fue mi modelo durante años. A él le expulsaron del colegio con 14 años y se metió en las pandillas callejeras. Yo era el estudioso de la casa, el que tenía un futuro académico, pero durante un año seguí sus pasos en la calle. Allí él mandaba, era el fuerte, el guapo, el que ligaba. Fue un desastre, pero aprendí mucho". Mullan recuerda que aquella "peligrosa" huida era tan descabellada como lógica: "Mi casa era un manicomio. Mi padre no era solo alcohólico, era un enfermo mental. Tardé mucho en darme cuenta de lo profunda que era su inestabilidad".

Neds es el relato de una callejón sin salida. A primera vista parece consanguíneo con el cine de Ken Loach; sin embargo, en sus venas también circulan otras fuentes del cine sobre adolescentes desnortados, como Rebeldes o Rumble fish (por el mito del hermano mayor ausente) o Out of the blue (por la omnipresencia del padre-suicida y culpable), aunque sin llegar a la altura de las dos películas que filmó Coppola ni al desamparo brutal de la obra maestra de Dennis Hopper. Sencillamente, ser hijo de un suburbio de Glasgow no da para épicas nihilistas. "La influencia de algunas de ellas está, como lo está Loach o Alan Clarke, aunque yo siempre tuve en la cabeza a Peckinpah, por la violencia, y a Buñuel, por cierta imaginería", explica el director en referencia a dos secuencias de Neds en las que la iconografía católica salta de manera surreal a la pantalla. "Aunque estemos al margen de la institución, la educación católica marca nuestra manera de ver el arte, es inevitable", afirma.

Para esta película Mullan se ha reservado el papel del padre violento que cada noche desvela a sus hijos con sus gritos y golpes. "No lo pasé mal actuando, pero sí durante el montaje. Es una interpretación muy al límite, que desentona con las demás. Sobreactuada. Es algo que nunca hubiera hecho dirigido por otro, extrañamente me lo permití a mismo. Creo que tiene que ver con la propia esencia del padre, que es un alien, un tipo patético en la vida misma".

Dice que él era la opción más barata ("cobré 400 euros") a pesar de que muchos le aconsejaron que no se metiera en esa piel. Entre ellos su hermano, que es el director de reparto de Neds. "¡Sí! Mi hermano mayor, el pandillero. Se fue a España, a trabajar a Benidorm, algo que en los setenta hacían muchos chicos de Glasgow Allí se ganaban la vida con poco dinero, entre los clubs y la playa. Luego conoció a una noruega y se mudó a Oslo. Fue al instituto y a la universidad y ahora tenemos la suerte de trabajar juntos".

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Mullan en San Sebastián, celebrando su Concha de Oro. / JESÚS URIARTE

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