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Crónica:LA LIDIA

Despedida y alternativa de Esplá

Enviar a un hijo de torero a Estados Unidos, educarlo al margen del mundo en que se mueve su padre y evitar cualquier adorno relacionado con la profesión familiar no sirve de nada si el veneno de la afición fluye por las venas. Tampoco si en la recientemente derribada plaza del ya bisabuelo Paquito Esplá se aprende a torear a escondidas.

Alejandro Esplá, hijo de Luis Francisco Esplá, con 27 años y una vocación tardía más por timidez para contar al maestro su intención que por falta de afición, ha llegado a la alternativa soñada.

Aunque 2009 fue la última temporada del padre Esplá, ¿quién le puede negar un deseo a un hijo y más si se juega en casa? A modo de excepción, el torero alicantino se ha enfundado el traje de luces por última vez. Ya lo hicieron Paco Camino y Miguel Litri para doctorar a sus hijos en Nîmes. Incluir a Morante de la Puebla en el cartel, no era un adorno o temeridad, sino la apuesta por convertir una tarde especial en algo único. Entre momentos emotivos y llenos de complicidad entre la plaza y los Esplá, Morante se entretuvo en recordar cómo se ejecuta el toreo a la verónica, se lució en un par de banderillas invitado por Luis Francisco y, a falta de un toro que embistiera por derecho abrevió con el tercero y cortó una oreja en el quinto con adornos, remates y torería.

Toros de Juan Pedro Domecq.

Luis Francisco Esplá: oreja y bronca al presidente. Morante de la Puebla: oreja tras aviso. Alejandro Esplá: dos orejas. Plaza de toros de Alicante. Tres cuartos de entrada cubiertos.

Alejandro Esplá se estrenó en el escalafón superior con Preceptor, un toro terciado y noble, que sin llegar a entregarse le permitió demostrar ganas e interés. Tras un largo parlamento con su padre, le correspondió con un brindis. Sacó al toro lo que tenía y mató con seguridad. Arrancó la primera oreja en el escalafón superior.

La última tarde de Luis Francisco Esplá cierra un ciclo: alternativa a un hijo y brindis a su primer nieto, Jorge. Por última vez antes de proceder a una ceremonia con sus amigos para enterrar al torero y comenzar una nueva vida este compendio andante de tauromaquia regaló los pares con la entrega y alegría de siempre, un quite por delantales acompasando la embestida y dos faenas llenas de color y conocimiento de los terrenos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de junio de 2010