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domingo, 14 de febrero de 2010
Reportaje:La primera crisis del euro | Los antecedentes históricos

El ataque que ganaron los especuladores

La tormenta financiera de los noventa llevó a una mayor cooperación monetaria

"Cuando la especulación arrecia, no hay banco central que aguante la sangría de divisas". El 17 de septiembre de 1992, el ministro de Economía Carlos Solchaga tuvo que explicar en el Congreso el embate que le había llevado a llamar a la puerta de Bruselas y discutir durante horas hasta lograr un acuerdo para devaluar la peseta. Fue al día siguiente de un miércoles negro con un parte de guerra desolador: la peseta, devaluada; la libra esterlina y la lira italiana, fuera del Sistema Monetario Europeo (SME), y una grieta en el proyecto de la Europa económica. La peseta se devaluó dos veces más en los meses siguientes y una cuarta, la última de la historia, en 1995.

Cuando Solchaga compara aquellos meses con las turbulencias de las últimas semanas en la eurozona, recuerda que la tormenta de los noventa obligó a mejorar la coordinación monetaria de Europa. "La gente vivió cómo la disciplina monetaria alemana podía arrastrar al resto y la tentación era olvidar el proyecto del euro. Ahora que el problema son las políticas fiscales distintas, la tentación podría ser la misma, pero hay que hacer justo al revés: reforzar la cooperación y apostar por la moneda común. Hay que dar un paso adelante en el poder económico de Europa".

El 'miércoles negro' devaluó la peseta y llevó a la libra y la lira a salir del SME

"Hay que apostar más por la política económica común", dice Solchaga

Ambas batallas tienen un origen y características distintas, pero coinciden en el comportamiento del mercado: una masa de dinero caliente que huele la flaqueza de un país, abandona los activos débiles y se abalanza sobre los fuertes, en grandes cantidades y a corto plazo, contribuyendo a hundir a los primeros. En los noventa, los especuladores ganaron la batalla a los Estados. Ahora, con una moneda común, si el mensaje europeo de no dejar caer a Grecia cala en el mercado, el final va a ser distinto. "Bruselas por fin ha reconocido que Grecia es su problema. Si un hijo tuyo de 15 años suspende todas las asignaturas, el problema lo tienes tú. Europa debe actuar", reflexiona Antonio Argandoña, profesor de económicas de IESE. La de entonces fue una crisis cambiaria y ahora un shock financiero global. Pero, según Luis Ángel Rojo, gobernador del Banco de España en 1992, "entonces hubo un problema de coordinación, y ahora también".

El golpe al sistema monetario de 1992 tiene su origen en los altos tipos de interés del marco. El proceso de reunificación de Alemania había disparado el gasto público, aumentó el déficit presupuestario y la inflación, por lo que el Bundesbank elevó los tipos de interés. El SME, la antesala de la moneda única europea, obligaba a los países a referenciar su tipo de cambio al ecu (el embrión del euro) y, en la práctica, al marco, porque Alemania era la economía más fuerte y su política económica, la más creíble. Si el marco se apreciaba, iban detrás la libra, la lira y la peseta, cuyas subidas eran menos creíbles en el mercado, de modo que empezaron a cundir las sospechas de devaluaciones y, con ellas, las fugas de las monedas débiles al marco. También la reducción de los tipos de interés de los dólares desvió inversión al marco. El tipo de cambio ya no era sostenible para los socios europeos. El no de Dinamarca al Tratado de Maastricht a primeros de septiembre también generó incertidumbre sobre el futuro de la moneda común.

Con este caldo de cultivo, el inversor de origen húngaro George Soros llegó a vender más de 10.000 millones de libras esterlinas y forzó la devaluación de la moneda en aquel miércoles del 16 de septiembre, en el que ganó 1.000 millones de dólares. Mientras fraguaba la operación, anunció públicamente que la libra perdería valor, una legión de inversores le emuló y, efectivamente, la moneda británica se hundió. "Soros se puso delante de un movimiento que estaba viniendo y le dio un último empujón", dice Argandoña. El Banco de Inglaterra gastó hasta 50.000 millones de dólares en los mercados de divisas para defender la libra sin éxito. La operación convirtió a Soros -hoy considerado un filántropo por su labor social- en símbolo de la especulación de la época. Para Solchaga, hoy un golpe así "no tiene posibilidades, porque ni Soros ni sus amigos tienen dinero suficiente para hundir el tipo de cambio de toda la eurozona".

Perder esta batalla supuso una humillación para Inglaterra, que abandonó el SME, igual que la lira italiana, con quejas a Alemania por su negativa a bajar los tipos de interés.

Ante la disyuntiva, el Gobierno español apostó por la devaluación y mantenerse dentro del SME y reajustar el tipo de cambio, enviando el mensaje político de que seguía en el barco. El Banco de España estuvo defendiendo su moneda (vendiendo marcos y comprando pesetas para sostener el precio) hasta que se empezaron a agotar las reservas de divisas extranjeras (el esfuerzo se llegó a cifrar en 13.500 millones de dólares). Solchaga propuso un plan de austeridad y una devaluación de entre el 10% y el 12%, que la autoridad monetaria optó por dejar en el 5% porque, de lo contrario, temían arrastrar a otros países como Grecia. El mercado la consideró insuficiente y se sucedieron otras en noviembre (6%) y mayo de 1993 (8%). Otras monedas, como el franco o el escudo portugués, sufrieron ataques.

Alemania recortó al final los tipos de interés. Aunque España y Alemania cerraron 1993 en recesión, las grandes economías empezaron a salir adelante, Estados Unidos ejerció de locomotora y Europa levantó cabeza. La banca no había sufrido un colapso, aunque hubiera menos crédito.

Según Manuel Conthe, entonces director del Tesoro, "aquella crisis fue de tipo cambiario y se solucionó con devaluaciones, pero ésta es de desconfianza y va a requerir medidas drásticas" en las economías más débiles. Y en cuanto a la necesidad de una mayor coordinación fiscal, "ya hay una herramienta, que es el límite de déficit del Pacto de Estabilidad, pero no ha sido lo eficaz que esperábamos. El 3% tiene un efecto perverso, porque ha llevado a los Estados a endeudarse hasta ahí incluso en épocas de bonanza".

Carlos Solchaga, en 1992, cuando era ministro de Economía y Finanzas, en su escaño del Congreso de los Diputados. / RICARDO GUTIÉRREZ

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