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lunes, 3 de marzo de 2008
Elecciones presidenciales en Rusia

El Kremlin logra su objetivo

Medvédev gana las elecciones en Rusia con un 69% de los votos, según el escrutinio parcial

El Kremlin consiguió su objetivo. El peligro del absentismo en las urnas, la mayor amenaza para la legitimidad del sucesor de Vladímir Putin, quedó conjurado. Según la Comisión Electoral Central, la participación en los comicios presidenciales fue del 67%. El porcentaje es superior en casi un 8% al de las legislativas de diciembre.

Los sondeos a pie de urna ya confirmaban la contundente y esperada victoria de Dmitri Medvédev, de 42 años, que se convertirá en el jefe de Estado más joven de la historia de la nueva Rusia. Con el 78% del voto escrutado, la Comisión Electoral Central atribuía a Medvédev el 69,4% de las papeletas, seguido del comunista Guennadi Ziugánov, con un 18%. En tercer lugar se situaba el ultranacionalista y demagogo Vladímir Zhirinovski, con el 10%. Cerraba la lista Andréi Bogdánov, el excéntrico líder de un fantasmal partido (con poco más del 1%).

La campaña ha estado marcada por la gran desigualdad de oportunidades

En muchos colegios había regalos para estimular la participación

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A falta de un 20% del voto por escrutar y de confirmarse ese 69% a favor de Medvédev, Putin mantendrá la ventaja moral de ser (con el 71,31% de los votos en 2004) el personaje más votado de Rusia. Esto ha de permitirle justificar el título de líder nacional que la propaganda del Kremlin le ha otorgado.

Un total de 109 millones de personas fueron convocadas a las urnas en este enorme país de 11 husos horarios, razón por la cual la votación había comenzado de hecho el sábado a las nueve de la noche y terminado a las siete de la tarde de ayer (en horas de la España peninsular).

Oficialmente, a Medvédev se enfrentaban tres candidatos entre los que no había ningún representante de los sectores reformistas liberales. Pero ni Ziugánov, ni Zhirinovski, ni Bogdánov podían hacerle sombra al delfín de Putin, que fue el primer candidato en votar. Lo hizo con su esposa Svetlana, vestida con un elegante traje negro.

A pie de urna, Medvédev dijo estar de "muy buen ánimo". "Ha llegado la primavera y, aunque llueve un poquito, es agradable. Cambió la época...". Siguió una pausa, en la que Medvédev hizo una mueca con los labios apretados. "... del año", puntualizó después. En ruso, la palabra época y estación es la misma: vremia.

La campaña electoral ha estado marcada por una enorme desigualdad de oportunidades. El Kremlin dio instrucciones de no registrar a ningún candidato de la oposición liberal reformista. Con pretextos técnicos, fue eliminado el ex jefe del Gobierno, Mijaíl Kasiánov, y el resto de los aspirantes -el ex campeón mundial de ajedrez Gari Kaspárov, el ex viceprimer ministro Borís Nemtsov y el ex disidente soviético Vladímir Bukovski- se vieron obligados a renunciar en las etapas iniciales de la contienda.

Los autorizados a batirse con el designado del Kremlin fueron arrinconados en espacios televisivos marginales, mientras los telediarios eran copados por Medvédev, en su calidad de viceprimer ministro, y por Putin, que ya ha anunciado que será el nuevo jefe del Gobierno.

A diferencia de otros comicios, el número de observadores occidentales fue muy restringido. Tanto la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) como su rama especializada en seguimiento de elecciones se negaron a enviar representantes debido a las restricciones impuestas por el Kremlin. Una delegación del Consejo de Europa dará hoy sus conclusiones preliminares.

Los votantes han sido sometidos a ingentes presiones para que acudieran a las urnas. En muchos colegios había regalos para estimular la participación, desde golosinas a comidas en un restaurante pasando por billetes de lotería y alcohol. Hasta los billetes de metro de Moscú estaban politizados con un recordatorio de la jornada electoral.

Por si las diferencias no hubieran estado suficientemente marcadas, la Comisión Electoral Central colgó en los colegios las informaciones de ingresos y bienes no declarados por los candidatos. Medvédev era el único que aparecía sin falta alguna. Los demás, todos tenían algún pecadillo, ya fuera un terreno, una casa o en el caso de Ziugánov un premio en metálico, del que no habían informado. Claro está que ninguna irregularidad podrá poner en cuestión el triunfo del heredero de Putin.

Por la noche, ambos políticos -Putin y Medvédev- hicieron su aparición estelar en el concierto de rock que celebraba la victoria electoral en la plaza Roja de Moscú. Allí, ante miles de sus seguidores, Putin exclamó: "Las elecciones se han terminado. El pueblo ha votado continuidad". [A medianoche, Medvédev ofreció una rueda de prensa para confirmar, tal y como había acordado con el presidente antes de las elecciones, que Putin será primer ministro, informa Efe.]

Kaspárov denuncia una farsa

El ex campeón mundial de ajedrez Gari Kaspárov, uno de los líderes del movimiento de oposición radical La Otra Rusia, se paseó ayer por la céntrica plaza Manezh de Moscú, a escasos metros del Kremlin, con una bolsa en la mano que decía: "Yo no participo en esta farsa. 2 de marzo de 2008". Lo acompañaban otros 10 activistas opositores. Cuando trató de entrar en la plaza Roja, la policía antidisturbios cerró la entrada y le impidió el paso.

Además de una farsa, los comicios son antidemocráticos, asegura Kaspárov. "Quieren legitimar el poder de Putin y su entorno", declaró a los periodistas. El genial ajedrecista dijo que "el lema de Putin y Medvédev es gobernar como Stalin y vivir como Abramóvich", en referencia al multimillonario ruso dueño del club de fútbol británico Chelsea.

Varios activistas fueron detenidos después de abandonar el centro de Moscú. La policía también detuvo a cuatro miembros del movimiento Defensa mientras repartían octavillas en las que se aconsejaba boicotear las elecciones y se daban consejos para aprovechar las papeletas con el objetivo de protestar llevándoselas a casa o votando por varios candidatos a la vez y escribiendo en ellas su rechazo a la "farsa electoral".

Pero no sólo los opositores acudieron a la plaza Manezh. También fue allí el diputado Maxim Míshchenko, líder de Rusia Joven. "Kaspárov quiere aplastar a Rusia de acuerdo con un guión naranja financiado por Estados Unidos", sentenció, antes de que la policía le conminara a irse y no organizar provocaciones.

El presidente ruso, Vladímir Putin, y su delfín, Dmitri Medvédev, saludan a la multitud en una fiesta electoral anoche en Moscú. / REUTERS

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