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Entrevista:ÁLEX GRIJELMO | Periodista y escritor

"La gramática es para pensar mejor"

Álex Grijelmo (Burgos, 1956) preside la agencia de noticias Efe desde hace dos años y medio. Además de periodista es autor de El genio del idioma, sobre la lengua que hablamos, y de El estilo del periodista, sobre el periodismo que se debe hacer. Esta semana publica La gramática descomplicada (Taurus). Grijelmo ha sido el responsable del Libro de estilo de EL PAÍS, a partir del que creó Julio Alonso en los inicios del periódico.

Pregunta. ¿Qué dirán los gramáticos?

Respuesta. Probablemente que no les gusta, y que no es precisa.

P. ¿Eso le preocupa?

R. Ya cuento con ello. Lo que intento es acercar la gramática a millones de personas que la tienen por algo de difícil acceso, llena de un léxico incomprensible. Es posible que con este libro se pierda en precisión y se gane en amplitud.

"La lectura es la fuente de la sabiduría, incluso de aquella que tenemos sin darnos cuenta"

P. ¿Y le preocupan lo que digan los gramáticos?

R. Sí, porque me gustaría que entendieran el intento... Si el intento sale y es eficaz acabará beneficiando a los verdaderos gramáticos, porque habré logrado tender un puente entre mucha gente que siente aversión o desconfianza hacia la gramática y que una vez pasados por este libro pueden acercarse a los verdaderos filólogos y a las auténticas obras de la gramática.

P. ¿Cómo nació el intento?

R. A raíz de mi libro anterior, El genio del idioma, que era una especie de historia de la lengua española disfrazada. Creé un personaje, el genio del idioma. Ese personaje tiene unas manías que se han ido viendo a lo largo de la historia de la lengua. Hecha una historia sencilla del idioma pensé que era hora de hacer una gramática sencilla.

P. Acaso es una venganza por su modo de estudiar gramática.

R. No, lo que me preocupa es cómo se estudia ahora. Se ha complicado innecesariamente. Para mí era más cercana, más cálida. He analizado algunas de las que estudian ahora los chavales y me resultan difíciles incluso para un aficionado a la filología.

P. ¿Algún ejemplo?

R. Estos dos: "El complemento predicativo es un sintagma adjetivo que complementa a los verbos predicativos y concuerdan en género y número con el sintagma nominal". "El complemento de régimen verbal es un sintagma preposicional que se forma mediante la preposición que exige el verbo y un sintagma nominal".

P. Uf.

R. Y nosotros hablábamos de las palabras agudas, llanas, esdrújulas, sobreesdrújulas... Ahora se dice que son oxítonas, paroxítonas, proparoxítonas, superproparoxítonas...

P. ¿Con quién aprendió usted gramática?

R. Yo me acuerdo de los libros de la editorial SM, que teníamos los que estudiábamos con los jesuitas, y me acuerdo de algún libro de Fernando Lázaro, en Anaya. Pero sobre todo recuerdo a profesores, como don Luis Munguía, que fue con quien más aprendí, como aprendí de los profesores de latín y de griego, materias ahora arrinconadas y que sirven para estructurar la cabeza y para estudiar las tripas de la lengua.

P. Dice usted que la gramática se ha hecho árida, algo que contradice la fluidez que se le exige al idioma...

R. La gramática ayuda a pensar, facilita el entendimiento; si tienes un pensamiento coherente y bien estructurado es que intuitivamente estás utilizando bien la gramática. Cuanto mejor la entiendes, mejor la puedes usar, y mejor puedes pensar.

P. ¿Dónde se le dan más patadas a la gramática, hablando o escribiendo?

R. Cuando hablamos improvisamos más, cometemos más errores. Cuando se escribe no deberían cometerse errores, sobre todo aquellos que son profesionales de la lengua. Ahora vemos muchos errores prosódicos en la dicción, sobre todo en televisión. Muchos locutores dicen tamién, en vez de también, o dicen ecceso, en lugar de exceso, o dicen ventiuno... Soy de los que creen que la forma en la que se expresan las ideas dice mucho sobre el fondo de esas ideas.

P. ¿Qué ayuda a tener una mejor gramática, leer o escuchar?

R. Leer. La lectura es la fuente de toda la sabiduría, incluso aquella sabiduría que tenemos sin darnos cuenta. Lo que oímos es muy ligero, no se nos queda.

P. ¿Dónde se dan más patadas a la gramática?

R. Hay muchos filólogos que dicen que se escribe muy bien en los medios de comunicación. Yo creo que leen pocos periódicos. Y cuando veo la televisión u oigo la radio me gustaría tener al lado a gramáticos que compartan conmigo el efecto que producen tantos errores.

P. Los políticos y los periodistas son los que parecen obligados a hablar mejor...

R. Y se copian los defectos. Los parlamentarios no saben oratoria, ni prosodia, en eso hemos retrocedido.

P. ¿Recuerda algún disparate reciente?

R. Oí decir el otro día a un ministro que había tenido "una inesperada sorpresa", lo que indica que no sabe lo que significa la palabra sorpresa; y le escuché a un político de signo distinto que un deportista había logrado "una importante hazaña". No sabe, pensé, qué significa la palabra hazaña.

P. Usted ha usado la palabra descomplicada para calificar su gramática...

R. La gramática es algo complejo, pero se le puede quitar complejidad; esto no significa que sea sencilla. ¡Pero se puede descomplicar!

P. Y ha intentado usted explicarla con humor...

R. Es una gramática como otra, hecha para un público grande, teniendo en cuenta que normas que pueden parecer ásperas entraban mejor con ejemplos divertidos. Me lo pasé bien haciéndola, pensando que podía haber sido la que yo hubiera estudiado.

P. Usted aborda un asunto espinoso, el del adjetivo...

R. El del adjetivo certero...

P. ¿Y qué adjetivo tendría este libro?

R. Aventurado.

P. ¿Dónde empezó esta aventura de querer saber del idioma?

R. Por la vocación periodística. Igual que estudié el diseño o la linotipia, el lenguaje era fundamental. Yo no soy un filólogo, soy un periodista. Como decía Salinas, mis libros no son de sabio sino de enamorado.

P. Usted es responsable del Libro de estilo de EL PAÍS. ¿Lo seguimos?

R. Es un libro de gran éxito en todos los periódicos de habla española, menos en EL PAÍS.

P. ¿Qué le hacemos?

R. Se consulta poco. Cuando estaba en el periódico, venía gente del otro extremo de la Redacción a preguntarme alguna duda que estaba despejada en el libro.

P. ¿Cómo tendrían que castigarse los errores gramaticales?

R. Se confía en alguien que habla bien, se desconfía de quien habla mal.

P. ¿Una nota para los españoles en gramática?

R. La gente sin excesiva instrucción habla bastante bien. La gente instruida es la que peor habla. Quieren parecerse a los que hablan en inglés. Y eso pasa aún más en América Latina, allí la gente sabe que su ropa verdadera es el lenguaje.

P. ¿Para qué servirá esta gramática?

R. Es un libro para cualquier persona que quiera pensar mejor. Bueno, esta gramática y cualquier gramática. Pero ésta es la mía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de septiembre de 2006