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domingo, 18 de junio de 2006
Entrevista:JAMES ROSENQUIST | Artista

"Los que creamos el 'pop art' odiábamos el mundo del consumo"

Samuel Keller, director de la feria de Basilea, presenta con orgullo evidente a James Rosenquist como "una auténtica leyenda viviente". Nacido en Dakota del Norte en 1933, es uno de los fundadores del pop art y uno de sus últimos representantes en activo. Compañero de Andy Warhol, Roy Lichtestein, Frank Stella, Rothko o Pollock, James Rosenquist comenzó su carrera como pintor de paneles publicitarios y obtuvo reconocimiento mundial en 1965 gracias a la inmensa tela F-111. Realizó su primera retrospectiva en el Museo Whitney de Arte Americano en 1972. Desde entonces, homenajes y antológicas se sucedieron desde la Galería Tretyakov de Moscú hasta el Guggenheim de Berlín pasando por diversas exposiciones en España, país al que se siente especialmente unido. "Mi sueño de infancia era poder recorrer España en moto", confiesa el artista que en 2002 recibió en Valladolid el Premio Internacional de las Artes de la Fundación Cristóbal Gabarrón. Rosenquist viajó a Basilea para presentar un inmenso mural de 40 - 8 metros realizado en homenaje a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

"Dentro de 50 años me gustaría poder volver a la tierra para ver si todavía existo..."

"Picasso hacía cuadros dinámicos, lo que yo quería conseguir. Es el ideal de todo artista visual"

"Nueva York es una ciudad de mezclas donde, en realidad, nada se mezcla"

Pregunta. ¿Puede explicar la obra que ha expuesto en Basilea?

Respuesta. El Gobierno de Estados Unidos me envió a París en la primavera de 1998. La tela fue pensada originariamente para el palacio Chaillot de París, pero finalmente no pudo ser instalada allí por problemas técnicos. Nunca nadie pudo ver este cuadro hasta ahora, pues ha estado en un depósito durante ocho años. Samuel Keller vio una reproducción y se empeñó en presentarlo al público.

P. Hablemos de sus orígenes.

R. Mi padre trabajaba en líneas aéreas, pero sus planes de triunfar en la industria turística se frustraron cuando en 1941 los japoneses tuvieron la ocurrencia de bombardear Pearl Harbour. Mis padres siempre me estimularon a la aventura y a buscar mi independencia. De niño vivía sin electricidad ni agua corriente, y debía inventar mis propios juegos y entretenimientos. Supongo que ese estímulo a la imaginación influyó mucho en mi trabajo posterior. Tengo una hija de 16 años: Lilly. A su edad yo conducía tractores y fumaba puros. Sin duda, los tiempos han cambiado mucho.

P. ¿Y cómo llega al arte?

R. Un buen día mi madre me dijo: "Jim, estás siempre dibujando. Igual esto te puede dar dinero, ¿no?". Y así es como respondí a un anuncio para pintar murales de publicidad de gasolina. Entonces conocí al hombre más influyente de mi vida: Cameron Boothe, un artista que había estudiado en Viena con Hans Hoffman. Él me influyó para que intentara la aventura de ir a Nueva York y estudiara arte.

P. Parece tener una relación muy especial con esa ciudad.

R. Yo me moría de hambre al comienzo y para vivir me vi obligado a ser chófer de una familia adinerada. Mis amigos judíos decían: "¿Qué es Nueva York?". La respuesta era: "Pon a los ricos a un lado, a los pobres al otro y al conflicto en el medio". Nueva York es una ciudad de mezclas donde, en realidad, nada se mezcla. Es la ciudad de las oportunidades... si tienes suerte. Yo tuve la suerte de contar con una serie de encuentros afortunados.

P. Y llegamos así al nacimiento del pop art.

R. Sí. La idea del pop art me vino a la mente mientras pintaba una serie de inmensos murales de publicidad de whisky.

P. Todos los textos de historia del arte coinciden en considerar su cuadro de 1965 F-111 como el hito fundacional de su carrera.

R. F-111 fue una pieza fundamental, pero mientras la hacía yo no era consciente de ello. En esa época, yo estaba muy interesado en la visión periférica. Me interesaban los colores y formas que aparecen en los laterales sin que seamos conscientes. Ese avión era también una metáfora de América, pues esa poderosa industria permitía a los obreros tener casa, dos coches y enviar a sus hijos a la universidad. Pero al mismo tiempo nos sumergió en la locura de la carrera armamentística con la URSS. En su momento pagaron 50.000 dólares por ella. Poco después fue vendida por 5 millones de dólares al Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde aún sigue. Muchos lo consideran un cuadro antibelicista, y no están muy equivocados.

P. A usted no parece gustarle mucho la etiqueta de "artista pop" y que se le junte con representantes de esa corriente artística.

R. No mucho. Nos llamaron pop art o expresionismo abstracto, pero en realidad éramos todos distintos y con visiones muy diferentes. La gente quiere siempre identificar una energía con una imagen. Pero lo único que teníamos en común era que todos veníamos de la ilustración comercial: diseñadores, publicistas, dibujantes de cómics y demás. Éramos un grupo de gente que cuestionaba el mundo contemporáneo. Algunos creen que estábamos obsesionados por el consumismo pero, en realidad, odiábamos ese mundo.

P. ¿Cómo se lleva con los ordenadores y las nuevas tecnologías?

R. No uso máquinas ni ordenadores. Yo admiraba a mi amigo Douglas Turnbull, decorador de 2001, una odisea del espacio, de Stanley Kubrick, pues logró crear esos fantásticos efectos de manera manual, artesanal. Esa gente realmente inventaba, y no dejaba que las máquinas hicieran todo el trabajo. Pero no soy enemigo de los ordenadores. Pueden ser una herramienta genial, en particular para los arquitectos, como demuestra Frank Gehry.

P. Usted ha dicho: "A menudo la gente cree que los artistas desarrollamos nuestro trabajo de acuerdo con la historia del arte, pero en general los creadores desarrollan su propia historia del arte".

R. Los artistas están antes que ella. Mire a las pinturas rupestres. Son maravillosas, pero esa gente no era consciente de estar iniciando nada. Para mí, el arte es agrandar los límites para ver lo que nadie vio antes.

P. ¿Quiénes fueron sus principales influencias artísticas?

R. Mi madre y mi tía (risas). Yo sabía dibujar, pero no componer. Me interesé por el renacimiento, Rubens y luego por Picasso, Juan Gris y los cubistas. Picasso hacía cuadros dinámicos, lo mismo que yo quería conseguir. El dinamismo es el ideal de todo artista visual.

P. ¿Qué relación tiene con España?

R. Siempre he estado interesado por España, donde mi trabajo ha sido bien recibido. Incluso conocí a Dalí, que era un ser increíble. Un espíritu superior. Por cierto, durante una exposición en Valencia, un amigo me prestó una vieja moto y pude finalmente hacer realidad mi sueño: recorrer los naranjales y los caminos de España.

P. Usted es un artista comprometido políticamente.

R. Me involucro en la política porque si no haces nada, la realidad se te echa encima. Intento incorporar esa energía a mi trabajo. Soy un hijo de la gran depresión de 1929 y he sido un demócrata desde que mi madre me llevó a conocer a Franklin D. Roosevelt, en 1936. Era un personaje formidable, hasta el punto de que en su presencia no te dabas cuenta de que era paralítico.

P. ¿Y cómo ve usted a la actual Administración de la Casa Blanca?

R. No me gusta criticar a mi país cuando estoy en Europa. Me gusta criticarlo desde dentro. Pero adoro Estados Unidos. En su momento logramos sacar a Nixon, y creo que podremos también parar al actual inquilino del Salón Oval.

P. ¿Cuál cree que será su lugar en la historia del arte? ¿Cómo le gustaría ser recordado?

R. Confieso que me da mucha curiosidad imaginar si dentro de 50 años mi obra seguirá estando en alguna parte (risas). Me gustaría poder volver a la Tierra para ver si todavía existo...

James Rosenquist. / R. C. C

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