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martes, 23 de mayo de 2006

La Tate Modern marca los "asideros del tiempo"

El museo londinense presenta la renovación de las salas dedicadas a su colección permanente

El Museo Tate Modern de Londres abre hoy al público la nueva presentación de su colección permanente, con unas 400 obras exhibidas en cuatro grandes secciones -"asideros del tiempo", en palabras de su director, Vicente Todolí-, en su inmenso edificio en la orilla sur del Támesis. Configurada como una telaraña, con sendos puntos centrales en los movimientos artísticos más singulares del siglo XX y múltiples ramificaciones a partir de diálogos y contraposiciones entre los diferentes artistas, la renovada distribución de los fondos del museo marca el inicio de la segunda etapa en los seis años de trayectoria de la prestigiosa e influyente institución británica de arte moderno y contemporáneo.

Por primera vez desde su inauguración en 2000, la Tate Modern ha renovado el contenido de las 48 salas dedicadas a su colección permanente, que se extienden por cuatro alas y dos plantas de la vieja central eléctrica de Bankside, reconvertida en museo por los arquitectos suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron. Es un ejercicio de reordenación del fondo artístico liderado por el director de la sede, el valenciano Vicente Todolí; su responsable de exposiciones, Frances Morris, y el director general de los cuatro museos Tate, Nicholas Serota, además del apoyo y asesoramiento de comisarios y expertos locales e internacionales.

"A un museo le define su colección y también el edificio. Hemos aprendido a utilizarlo en los últimos seis años y a partir de estas lecciones y experiencia hemos construido la nueva presentación. Es un paso hacia delante", resaltó Serota al presentar ayer el resultado de la reestructuración. "Sí", añadió Todolí, "la colección es el sistema nervioso de una institución. Es permanente en tanto que conforma su capital, pero la forma de presentarla no puede ser permanente. Debe ofrecer alternativas a una visión fija".

El modelo inaugural, con cuatro apartados temáticos en los que han rotado hasta un millar de obras desde 2000, ha servido de "laboratorio" a los expertos de la Tate para reconfigurar el camino adelante. "Pudimos por primera vez ver instaladas y colgadas de la pared muchas de estas piezas", reconoció Morris. Las obras que actualmente se exhiben en las cuatro sedes Tate -dos en Londres, una en Liverpool y una en Saint Ives (Cornualles)- sólo representan el 20% del fondo artístico de la institución pública.

Con un presupuesto estimado por encima del millón y medio de euros, el diseño actual sugiere, sobre el papel, una aproximación más tradicional que la innovadora y también polémica distribución temática con la que nació Tate Modern.

Todolí y su equipo han optado por una clasificación por movimientos que permite seguir la cronología en la evolución del arte moderno. Y en las cuatro divisiones que impone la arquitectura del edificio se asientan los correspondientes "asideros del tiempo", según los define el director valenciano. Éstos son: Estados de flujo, que esencialmente reúne el cubismo, el futurismo y el vorticismo; Poesía y sueños, dedicado al surrealismo; Gestos materiales, centrado en expresionismo abstracto, informalismo y escultura de mitad de siglo, e Ideas y objetos, o minimalismo.

Grandes maestros del XX -desde Rodin a Picasso y Epstein, de Dalí a Magritte, de Giacometti a Bacon, de Donald Judd a Degas y Pollock, entre muchos otros- ocupan las salas centrales de los respectivos momentos estilísticos. A su alrededor, en su configuración de telaraña, se establecen diálogos y confrontaciones entre artistas del pasado y del presente cercano o actual.

Así, De Chirico dialoga con Kounellis; Barnett Newman, con Anish Kapoor; Carl André, con Martin Creed; Umberto Boccioni, con Lichtenstein; Bacon, con Bourgeois.... Richard Hamilton, Juan Muñoz, Mark Rothko, el colectivo de activistas Guerilla Girls y, entre otros, portavoces de las últimas generaciones, como Tacita Dean, con su serie de pizarras sobre una frustrada regata, están representados en sendas habitaciones individuales.

El montaje arquitectónico invita al visitante a trazar su propio itinerario, a perderse en distintas direcciones, a retroceder el camino para redescubrir relaciones entre creadores u obras determinadas. Y, como señala Todolí, evita ante todo construir una "autopista" con la nueva presentación de la colección. Da la sensación de entrar en contacto con obras nuevas y con una disposición de las mismas fresca, imaginativa y actual.

No es de extrañar este sentimiento de novedad. El 40% de los cerca de 400 trabajos expuestos nunca antes se habían exhibido en este museo y el 20% corresponde a nuevas adquisiciones. Entre estas últimas, se pueden ver instalaciones de reciente ejecución de Santiago Serra, Cildo Meireles, Pae White, Jorge Macchi y otros más. Los esfuerzos de la Tate en la compra de obras se orientan ahora hacia Latinoamérica, Asia y Europa del Este de forma que, según explicó ayer Serota, "tomamos gradualmente una perspectiva mundial del arte, sin limitarnos a Europa occidental y Estados Unidos".

Dos visitantes de la Tate Modern de Londres, fotografiados ayer junto a las instalaciones Skateboarderistismatrnics (izquierda) y Erik Ellington, ambas de 2004, de Alexandre da Cunha. / ASSOCIATED PRESS

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