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domingo, 16 de abril de 2006
Reportaje:PRIMERA PARTE

Otra ración de Oreja

Nuevo trabajo, el cuarto, de título 'Guapa'. Diez años de trayectoria musical. Cinco millones de discos despachados. El grupo donostiarra La Oreja de Van Gogh vuelve a calentar motores para que se les oiga en todos los sitios.

A Amaia Montero el cuerpo le pide nicotina. Quiere salir del Museo de Arte Reina Sofía para fumarse un cigarro. Nerviosa, le suelta su minúsculo bolso de Louis Vuitton a Pablo Benegas. El guitarrista de La Oreja de Van Gogh (LODVG) se queja, refunfuña, y ella le riñe: "¿No me puedes ni aguantar el bolso? Si empezamos ya con esa actitud…". Como salida de ninguna parte, otra pregunta le cae a la cantante: "Ese Vuitton está hecho en Hong Kong, ¿no?". "Todos mis Vuitton son verdaderos, ¿qué te piensas?", responde medio ofendida Amaia mientras camina por el pasillo del centro de arte hacia la salida.

La Oreja de Van Gogh cumple 10 años en el mundo de la canción. El grupo se formó en enero de 1996 en San Sebastián, y una década después reconocen haber pasado su primera gran crisis como banda. "Todos crecemos", afirma Benegas. "Cuando empezamos teníamos 18 años; ahora nos enfrentamos al trabajo con otro tipo de madurez, nos hemos hecho mayores, ya estamos por los 30". Y para crecer, muchas veces hay que pasarlo mal.

"Fui yo la que pidió un parón. Hasta Álvaro ha terminado con un ataque de psoriaris, todo provocado por el estrés"

Según su casa discográfica, Sony / BMG, en esos 10 años LODVG ha logrado vender más de cinco millones de copias en el mundo. Es decir, es uno de los grupos que más dinero han hecho en la última década, y eso, tal como se encuentra de desesperada la industria discográfica por culpa de la piratería e Internet, termina pesando, y mucho.

El nuevo trabajo, cuarto del quinteto donostiarra, se titula Guapa, y Sony tenía previsto hacer un lanzamiento mundial del disco a finales del mes de marzo. Las entrevistas de promoción estaban cerradas, un viaje a México y toda la parafernalia mediática seguían su curso. De pronto, el universo de La Oreja se detuvo. "El disco tiene un problema de sonido grave, y el lanzamiento se ha pospuesto sin una nueva fecha prevista", fue la explicación que ofreció la discográfica. "Lo que ocurrió realmente fue que los nervios pasaron por primera vez al plano real", confiesa Amaia. "Todo fue producto del estrés, veníamos de hacer una gira por EE UU y Suramérica; paramos en verano para componer los nuevos temas, todo se retrasó, debíamos tener el disco listo para Navidad y fue imposible… Luego, la grabación, la vida adquirió un ritmo frenético… El disco quedó muy bien, pero el coste fue alto, muy alto, sobre todo para mí".

Entre el mundo de las discográficas y de la prensa musical corrió como la pólvora que el grupo había estallado por dentro. Que Amaia (voz), Pablo Benegas (guitarra), Haritz Garde (batería), Álvaro Fuentes (bajo) y Xabi San Martín (teclados) se habían peleado sin remedio. "No es cierto. Fui yo la que pidió un parón. Si hasta Álvaro ha terminado con un ataque de psoriasis terrible, y fue todo provocado por el estrés. No podíamos más", justifica la cantante, que en agosto cumplirá 30 años.

Durante el día que EPS pasó con LODVG en Madrid como parte de la promoción del disco, el grupo se mostró muy unido, pero ciertas actitudes, como la del bolsito de Vuitton, se convirtieron en pistas de que algo había pasado en la cohesión de una banda que el 1 de diciembre de 2000 aseguraba: "LODVG implica algo sentimental que el dinero no puede romper".

Antes del dinero y la fama, LODVG no eran más que un grupo de amigos universitarios que se reunían para tocar versiones de sus grupos favoritos. Después, Pablo Benegas y Xabi San Martín comenzaron a componer temas, pero ninguno de ellos poseía una capacidad vocal suficiente como para que sonaran medianamente bien. Amaia apareció después, descubierta por Pablo, y se convirtió en la parte más reconocible e importante de la banda. En los estudios de Nacho Cano en Madrid, y con Alejo Stivel como productor, grabaron su primer álbum, Dile al sol. Nunca tuvieron problemas para reconocer que el equipo de músicos de Stivel ayudó mucho a la confección de aquel trabajo, puesto que los miembros del grupo no eran precisamente unos virtuosos con los instrumentos.

Ahora, con fama y dinero, se hospedan en uno de los hoteles más caros de Madrid, han recibido clases para tocar mejor y son el grupo español mimado de una multinacional. Y tienen la conciencia de que "esto es un trabajo y no un hobby", como dice Benegas. Han crecido, es cierto. El tiempo ha pasado incluso para un grupo que ha sido capaz de que sus canciones fueran no sólo aceptadas, sino tarareadas por toda una generación de quinceañeros, pero también por sus padres e incluso sus abuelos.

Tras la sesión de fotos en el Reina Sofía, la siguiente parada será el mercado de Fuencarral. La furgoneta tiene cristales tintados y tres hileras de asientos. Pablo, Haritz y Álvaro se sientan en la última fila, Amaia y Xabi van delante. Eso sí, en esta furgoneta se debe fumar: "¿Qué haces, San Martín, que no estás fumando ya?", pregunta la cantante al teclista. Xabi se pasa todos los trayectos entre un punto y otro de Madrid enganchado a una Play Station portable con un juego en el que gotas de mercurio han de recorrer laberintos cada vez más complicados. La discográfica le ha regalado una de esas consolas a cada uno de los integrantes del grupo, pero Amaia aclara que no le gusta.

La cantante posee cierta incontinencia verbal. "Lo menos inteligente que he hecho en mi vida ha sido irme a vivir sola", exclama sin explicar el sentido de la frase, como echando de menos su juventud y el cuidado de sus progenitores. Suena el teléfono móvil de Xabi y son sus padres. Amaia dice: "¿Verdad, Xabi, que a mí es a la que más quieren tus padres?". Pablo escucha; es el más callado, como para no descubrirse, para no dar pistas; sólo habla -y mucho- cuando se le pregunta sobre el último disco. Entonces se dispara. Pero él jamás dejaría entrever que tiene una sola carencia afectiva, como se lee entre líneas cuando se expresa Amaia.

En la radio de la furgoneta suena Roxanne, el superhit de Police de 1978. Una de las canciones más versionadas de la historia del pop. "Qué mítica es esta canción, es un temón", dice Amaia. San Martín, sin quitar ojo de la pantalla de cristal líquido de su videoconsola, se muestra contrario: "Pues a mí no me gusta". "Cuando tocó en Bilbao, Sting estaba guapísimo, me encantó", le responde Amaia. De la parte trasera de la furgoneta llegan efluvios de marihuana… Uno de los tres chicos se está preparando un porrito. Lo hace discretamente, sólo puede verle el pasajero que viaja sentado a su lado, pero el olor es inconfundible.

La furgoneta aparca en Fuencarral. Se bajan y la suerte quiere que la cantante se encuentre de bruces en la puerta de una tienda de Fun and Basics. "Los dueños son amigos míos", dice. Y sin pensarlo más se mete en el establecimiento. Mientras, los chicos se dejan fotografiar entre graffitis y modernos en el centro de Madrid. Un cuarto de hora después, Amaia sale de la tienda con cuatro bolsos y tres pares de calcetines. Ante la mirada de pocos amigos de Pablo, la cantante se explica divertida: "¿No se trataba de que fuéramos de compras…? Pues yo voy de compras".

El grupo comienza a brujulear por el mercado de Fuencarral. Haritz se ha comprado una camiseta del Naranjito, la mascota del Mundial de fútbol organizado en España en 1982; Álvaro, el bajista, se ha decantado por una con el logotipo de Black Belt Jones, la mítica película de artes marciales de mitad de los años setenta. Pura tendencia retro que a Xabi, el filósofo del grupo, le lleva a la siguiente reflexión: "Cuando nosotros éramos pequeños, ¿la gente de 30 se compraba camisetas de Colombo? Somos unos nostálgicos, pensamos que cualquier tiempo pasado fue mejor". Entonces comienza una charla, como de aperitivo, en la que los chicos se preguntan si en la música se está viviendo una vuelta atrás, al punk, al rock y al pop de los ochenta. Saben de lo que hablan. Sin embargo, en la semana en la que Arctic Monkeys, el grupo revelación de la temporada, está a la cabeza de las listas británicas, los miembros de LODVG ni siquiera han oído hablar de ellos.

Amaia vuelve a aparecer cargada con más bolsas. Se acaba de comprar un vestido, un chaleco y una camisa en la tienda Tanburi y Hereza de la calle de Fuencarral. Cada minuto que pasa se hace más claro que Amaia Montero es independiente. Sí, son amigos, pero ya no se deben la pleitesía típica de la edad del pavo. Ahora la individualidad está por encima del grupo. Incluso ellos hablan, en broma, de la palabra divorcio para explicar que ya no comparten las habitaciones de los hoteles. "No pude más el día que me desperté y me encontré a Xabi mirándome mientras dormía", explica Pablo.

El hambre ya hace mella en los estómagos de La Oreja. De nuevo a la furgoneta. Destino: el restaurante Dassa-Bassa, propiedad del nuevo cocinero televisivo Darío Barrio, que participa en Todos contra el chef, emitido por Cuatro. Ha sido Amaia la que ha elegido el local. "Moderno y se come bien", dice.

Como si fueran los platos de un menú degustación, comienzan las explicaciones más promocionales, las que corresponden a varias de las canciones de su nuevo disco. Muñeca de trapo lleva varias semanas sonando en las radios. Es el primer single de Guapa. Pero, tras la primera degustación, parece que el tema elegido no es el más comercial ni el más adecuado para ser el primer sencillo del disco. La canción resulta demasiado oscura y atormentada como para convertirse en uno de los éxitos que LODVG sabe colocar tan bien en las radiofórmulas.

"Puede ser cierto que no se trate de un tema que se consuma así de primeras, pero en esto también hemos crecido respecto a nuestro anterior elepé", asegura Pablo Benegas. "Hay que escucharlo cuatro o cinco veces, y creo que entonces es de los que se quedan para siempre. Ahora nos preocupa que la música nos guste. Llevamos 10 años en esto y sería patético volver otra vez a discos anteriores", concluye. En Guapa aparece la temática de siempre de LODVG: canciones de amor y desamor, pero también han entrado otras historias que tienen que ver con la cocaína, los cuernos, la inmigración… Y todo envuelto en unos arreglos con pretensiones de sonar más guitarreros y atrevidos. Hay sonidos reggae, pop oscuro y hasta se lanzan con una ranchera. "El grupo está vivo musicalmente", dice Benegas. "Hemos hecho el disco con toda la honestidad posible, y para nosotros el éxito de Guapa será que la gente descubra el disco. Puede que no guste, que se venda menos, pero ¿y qué?".

Amaia abandona la mesa y a sus compañeros antes de que la comida haya terminado. Ella se quedará en Madrid un día más. El resto viajará a San Sebastián esa misma tarde. Xabi, que le tiene terror a volar, ya está preparado para tomar su dosis de tranquilizantes con coñá.

El nuevo disco de La Oreja de Van Gogh, 'Guapa' (Sony / BMG), sale a la venta el 25 de abril. Con él se tiene acceso a su 'web' oficial: www.laorejadevangogh.com.

Los cinco integrantes de La Oreja de Van Gogh posan frente a una foto de Abbey Road (Londres), la misma que utilizaron The Beatles para la portada de uno de sus discos. / BERNARDO PÉREZ

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