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El grito de Spielberg contra la intransigencia

El cineasta estrena en Estados Unidos 'Múnich', sobre los sangrientos sucesos de 1972

Nueva York
"Múnich es una oración por la paz", ha declarado Steven Spielberg en la única entrevista que ha concedido (en la revista Time) antes del estreno de su última película, que se celebró ayer en Estados Unidos. Se trata, según el cineasta, de una "ficción histórica" que pretende contribuir a la reflexión sobre el conflicto palestino-israelí. Las críticas encontradas no han tardado en llegar. Algunos le han acusado de hacer un filme pretencioso, de querer humanizar a los terroristas; otros se han sorprendido al no poder clasificarla como una película proisraelí. Spielberg ha dicho que está "orgulloso" de su último trabajo y que los cineastas deben tener el "coraje" de tratar temas de esta índole. Múnich se estrenará en España el 27 de enero.

Hace 33 años, en el verano de 1972, el comando palestino Septiembre Negro entraba en la Villa Olímpica de Múnich, asesinaba a dos atletas israelíes y secuestraba a otros nueve. Los terroristas exigían la liberación de 234 fedayin encarcelados en Israel y de dos palestinos presos en la República Federal de Alemania. De lo contrario, matarían a sus rehenes. Israel se negó al canje pero Alemania trató de negociar. Sin embargo, todo acabó mal: en un intento alemán por terminar con el secuestro, los nueve atletas morían tiroteados junto a cinco de los ocho terroristas. Poco después, el Gobierno israelí encargaba a cinco hombres del Mosad, su servicio secreto, buscar a los supuestos cerebros palestinos de la operación de Múnich y eliminarlos.

"Creo que es bueno que los cineastas tengan el coraje de hablar de estos temas"

"Estoy muy orgulloso de no haber demonizado a nadie en esta película"

Múnich, la ultima película de Steven Spielberg, recrea los sangrientos sucesos que en los años setenta conmocionaron al mundo. La película, protagonizada, entre otros, por Eric Bana, Daniel Craig (el próximo James Bond) y Geoffrey Rush, repasa los hechos de aquel dramático septiembre de 1972.

El periodista y escritor George Jonas publicó después un libro titulado Venganza (en España publicado en 1985 por Planeta con el subtítulo de El relato verídico de una misión contraterrorista israelí), que se convertiría en un clásico del espionaje y en el que narró la odisea, que duró años, protagonizada por ese grupo de israelíes convertidos en asesinos por orden de su Gobierno.

La novela de Jonas es la base de la película de Spielberg, que ha contado para escribir el guión con el guionista Eric Roth y el dramaturgo y premio Pulitzer Tony Kushner, otro judío acostumbrado a abordar temas políticamente delicados. Su alianza ya ha dado el primer resultado: Múnich, definida por Spielberg como una "ficción histórica", es candidata al Globo de Oro al mejor guión adaptado y a la mejor dirección. Sin embargo, al contrario de lo que esperaba el sector más radical de los judíos estadounidenses, que aplaudió La lista de Schindler (su oscarizada película sobre el Holocausto), Spielberg ha optado aquí por presentar las dos caras del conflicto, osando incluso humanizar a un terrorista palestino, algo que tampoco ha sentado bien en Israel, donde el retrato de los miembros del Mosad ya ha levantado ampollas. Múnich aún no se ha estrenado allí pero su cónsul en Los Ángeles la ha calificado de "pretenciosa y superficial" por poner al mismo nivel a los terroristas palestinos y a los antiterroristas israelíes.

Spielberg no lo ve así. "Estoy muy orgulloso de no haber demonizado a nadie en esta película", declaró este mes en la única entrevista que ha concedido hasta ahora, en la revista Time. "Todos son individuos. Todos tienen familias. Aun así, yo condeno lo que ocurrió en Múnich. Y por eso quería hacer esta película. Cada cuatro años hay unos Juegos Olímpicos en algún sitio del mundo y nunca se ha ofrecido el tributo adecuado a los atletas asesinados en 1972. Yo quería contar esta historia en honor a ellos".

Sin embargo, para algunos críticos, este intento de Spielberg de mostrar equilibradamente las dos caras de un problema que sigue enquistado en el corazón de Oriente Próximo no basta para hacer una buena película. La revista Variety, que no duda en alabar la calidad técnica, interpretativa, musical y visual del filme, arremetió contra Spielberg por ser excesivamente obvio en su premisa de que la violencia genera más violencia y por su incapacidad para convertir su reflexión ideológica en un thriller entretenido. "La disputa entre el impulso por la justicia moral y el deseo racional de romper el ciclo de la violencia es la clave de la película, pero ese problema se explora de forma demasiado obvia y explícita. No se mantiene el interés intelectual", escribe el crítico Todd Mccarthy.

El propio Spielberg ha reconocido no saber si su película es lo suficientemente comercial. "Múnich es una oración por la paz", ha dicho. "El gran enemigo de la paz en la región no son los palestinos o los israelíes sino la intransigencia", declara el director que, pese a estas palabras, niega haber tratado con su película de sugerir soluciones al conflicto. "No creo que haya película o libro capaz de arreglarlo pero merece la pena intentarlo. Creo que es bueno que los cineastas tengan el coraje de hablar de estos temas", ha señalado.

Múnich apenas ha tenido publicidad antes de su estreno. Así lo ha querido Spielberg, quien además decidió que el principal responsable de comunicación no fuera nadie relacionado con el cine sino con Oriente Próximo. Dennis Ross, quien ejerció como enviado especial para esa zona del globo durante las administraciones de Bill Clinton y Bush padre, ha sido la mente que ha movido físicamente la película. Los miembros de organizaciones como el Council of Foreign Relati-ons o el Washington Institute for Near East Policy, influyentes creadores de opinión política, han compuesto, entre otros, la audiencia previa al estreno. Frente a esos privilegiados espectadores, Ross se ha dedicado a advertir de que Múnich no busca dar respuestas sino alimentar el debate respecto a la violencia que carcome la zona. "Acudí a la proyección pensando que Spielberg, un judío que ha donado millones de dólares a la causa judía, habría hecho una película proisraelí. Pero al terminar de verla ya no estaba tan segura, por lo que puede que Ross tenga que ejercer de diplomático en las próximas semanas", relataba Margaret Carlson, columnista de la agencia Bloomberg.

La voluntad de Spielberg de contribuir a la reflexión sobre el conflicto palestino-israelí no termina en Múnich. Su próximo proyecto consiste en entregar a 250 niños palestinos e israelíes cámaras de vídeo para que filmen pequeños documentales personales sobre su día a día. Y así ha descrito sus motivaciones: "Es el tipo de idea que puede ser efectiva. Simplemente, hacer entender a la gente que no hay tantas diferencias que dividan a israelíes y palestinos, al menos como seres humanos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de diciembre de 2005