Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Inversiones verdes

Es posible sacar partido a nuestro dinero y contribuir a la protección del medio ambiente, con lo que obtenemos una doble rentabilidad. La compra de árboles o la apuesta por la energía solar para producir electricidad son dos de las opciones que ofrece el mercado.

Nadie duda ya a estas alturas de que la protección del medio ambiente es uno de los pilares sobre los que se va a asentar el siglo XXI. La defensa de la naturaleza ha dejado de ser vista como una inquietud extravagante de los grupos ecologistas y se va incorporando a la agenda de políticos y economistas. El medio ambiente ocupa ya portadas de periódicos, y no sólo cuando se trata de informar de desastres.

Invertir en medio ambiente comienza a ser rentable también para los pequeños ahorradores. La compra de árboles o la producción de electricidad con paneles fotovoltaicos para vender al sistema son sólo dos de las posibilidades que actualmente les ofrece el mercado.

El dinero crece de los árboles. En los últimos diez años han surgido en España algunas empresas dedicadas a la producción de madera noble. A cambio de comprar un determinado número de árboles, ofrecen a sus clientes los beneficios que genere la madera que produzcan a lo largo de su ciclo de vida los árboles que hayan adquirido. Los ejemplares, cultivados con todos los criterios requeridos de sostenibilidad y de viabilidad ecológica, proceden de plantaciones ubicadas en diversas zonas de España.

Es el caso de las plantaciones, sobre todo de nogales y cerezos, de Bosques Naturales. La empresa, pionera en nuestro país, ha obtenido la certificación FSC (Forest Stewardship Council, en sus siglas en inglés) en dos de sus plantaciones. El FSC es un certificado internacional de referencia que garantiza que la madera ha sido gestionada desde el inicio con criterios de sostenibilidad medioambiental, social y económica.

Aparte de la rentabilidad inmediata, las ventajas ecológicas de este tipo de inversión son evidentes. Los árboles son un sumidero de CO2, uno de los gases causantes del calentamiento global del planeta. Cinco ejemplares absorberán, durante su vida productiva, todo el CO2 que generarían los automóviles que un individuo tuviese a lo largo de su vida (basándose en una media de cinco automóviles por persona).

Uno de estos árboles libera además el mismo oxígeno que necesita un ser humano para vivir durante 80 años. Los bosques contribuyen a preservar la biodiversidad, frenar la erosión y evitar la deforestación.

El poder del sol. "Si se instalasen paneles solares en todos los tejados de España y la electricidad se vendiese al sistema, se acabaría el problema energético del país", afirma José María González, presidente de la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), la patronal del sector.

La energía solar fotovoltaica es ilimitada, no produce emisiones de CO2 ni de otros gases contaminantes y no genera residuos. Se trata de una energía limpia que además evita la dependencia del exterior.

A diferencia de lo que ocurre con otro tipo de energías renovables -eólica o biomasa, por ejemplo-, invertir en la producción de electricidad a partir de paneles fotovoltaicos para venderla luego al sistema está al alcance de cualquier pequeño ahorrador que se lo proponga.

Puede hacerse a través de dos vías, bien instalando un panel individual o bien participando junto a otros inversores en una instalación colectiva, conocida popularmente como granja solar. La rentabilidad, las ayudas que se pueden recibir y el papeleo para realizar la inversión son los mismos en uno y otro sistema.

"De lo que se trata, en cualquier caso, es de convertirse en productor de energía, sin dejar de ser consumidor, poniendo en valor superficies soleadas que no tenían otro uso", explica José Luis García, de la asociación ecologista Greenpeace.

El coste de un panel de un kilovatio de potencia ronda los 6.000 euros y ocupa una superficie de unos seis metros cuadrados. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) tiene una línea de ayudas para la inversión en energía solar fotovoltaica. En la convocatoria de 2005 financia con un préstamo a bajo interés (el euribor más un 1%) hasta el 80% de la inversión, a devolver en ocho o diez años.

Además, este instituto ofrece una subvención a fondo perdido destinada a la amortización del préstamo con un porcentaje que está en función de la potencia instalada. Para una instalación de cinco kilovatios de potencia, por poner un ejemplo, la ayuda en la convocatoria de este año es del 20% de la inversión.

El dinero no lo recibe directamente el solicitante, sino que se le va restando de la deuda. En el caso de que se le hubiera concedido un préstamo del 80% de la inversión, sólo tendría que pagar un 60%. Lo más engorroso es el papeleo. No es necesario darse de alta en el régimen de autónomos, pero sí hay que hacerlo en el impuesto de actividades económicas (IAE), lo que en la actualidad no tiene ningún coste. Además es obligatorio hacer declaración del IVA.

La rentabilidad de la madera y el sol

La empresa dedicada a la producción de madera noble Bosques Naturales ofrece una rentabilidad anual de alrededor del 10,5%, aunque el porcentaje puede variar según el momento en que se venda el árbol, cuyo ciclo de vida ronda los 20 años. Se recomienda hacerlo a partir del tercer año. La inversión mínima en Bosques Naturales es de 5.540 euros o 10 árboles.

Se trata de una inversión a medio y largo plazo cuya rentabilidad se basa en dos factores. Por un lado, la cantidad de madera que se puede obtener a partir del árbol aumenta a medida que éste crece. Por otro, el precio de esta materia prima (deficitaria en Europa) tiende a subir. En los últimos 30 años, su valor se ha incrementado a un ritmo superior al 8% anual.

En cuanto a la energía solar fotovoltaica, según la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), los ingresos medios por la venta de la electricidad generada por cada kilovatio de potencia se estiman entre unos 750 y 1.000 euros anuales, dependiendo de la insolación (cantidad de luz solar que se recibe) del terreno donde esté ubicada la instalación. Los paneles fotovoltaicos tienen una vida asegurada de 25 años.

Las subvenciones que concede el IDAE para la inversión en energía solar fotovoltaica son compatibles con las que conceden las comunidades autónomas, aunque a la inversa no siempre ocurre, por lo que habrá que elegir entre ambos tipos de ayudas dependiendo del interés que ofrezcan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de noviembre de 2005