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domingo, 17 de octubre de 2004
ESPECIAL GASTRONOMÍA

100 recetas ricas y rápidas

Menos tiempo y menos conocimientos de cocina. Estos dos factores han influido en el aumento del número de personas que comen rápido y fuera de casa; pero, por contra, aumenta la preocupación por la gastronomía y la salud. Enfrentarse a los fogones no es misión imposible. Aquí ofrecemos 100 ricas recetas elaboradas con productos preparados y para tener listas en muy poco tiempo.

Menos tiempo y menos conocimientos de cocina. Estos dos factores han influido en el aumento del número de personas que comen rápido y fuera de casa; pero, por contra, aumenta la preocupación por la gastronomía y la salud. Enfrentarse a los fogones no es misión imposible. Aquí ofrecemos 100 ricas recetas elaboradas con productos preparados y para tener listas en muy poco tiempo.

Comer rápido, bien, con gusto y sano no sólo es posible, sino que también es sencillo. Existe un tiempo para todo, pero no siempre está bien distribuido. Durante la semana, reservar un hueco para algo tan primordial como alimentarse supone para muchos una pérdida de tiempo. El trabajo, el ritmo diario y las prisas propician que la gente coma pisando el acelerador. Otro tanto ocurre con la cena: al terminar la jornada, la mayoría de las personas acaban agotadas y sin fuerzas siquiera para abrir una lata. Este continuo correr tras el reloj influye en los hábitos, y ha determinado el aumento del número de personas que comen fuera de casa o recurren a alimentos preparados. "Siempre hay teleloquequieras, tiendas abiertas hasta muy tarde que te venden platos preparados, precocinados o de comida congelada que ya se comercializan en raciones individuales", comenta Alberto Fernández, de Asturianos, un restaurante tradicional con un punto de sofisticación.

"La gente prefiere comer fuera por no trabajar", opina Benjamín Calles, artífice de Nodo, un restaurante sofisticado con un toque de tradición. "El solo hecho de pensar qué quieres, qué tienes y cómo tienes que hacerlo, ya es un trabajo". Pero no sólo la falta de tiempo es un escollo a la hora de plantearse el enfrentarse a los fogones. Fernández, que ronda la treintena, reconoce: "De mi generación, casi nadie sabe cocinar, ni las chicas. Durante muchos años, la mujer ha ido abandonando la cocina, y el hombre, como no estaba, tampoco se metía". No obstante, el restaurador advierte de una peculiar contradicción. "La gente cada vez sabe más de restaurantes, de comidas, de vinos, de productos y de cocineros, pero no se ha metido en una cocina en la vida".

Se suele creer que preparar una comida rica y sana es complicado. Según los cocineros, es todo lo contrario. "La mayoría no come en casa porque le falta la cultura de saber comprar y saber cocinar. Se ha perdido la conexión con la parte telúrica de la cocina", dice el propietario de Asturianos. Hacer en casa una salsa de tomate para unos espaguetis son 15 minutos, y no es una salsa de bote. Así con casi todo".

Comer bien no es difícil, insiste el director de Nodo. "Es tan sencillo como coger un producto, y ahora mismo, con todo el conocimiento que hay sobre el aceite, ¡importantísimo en la cultura mediterránea!, cualquier cosa que hagas -verdura hervida, por ejemplo-, con el aceite acabas de vestirla. Es el mejor traje que se puede tener".

Tanto Fernández como Calles, cuyos estilos difieren menos de lo que cabría esperar, coinciden en que los hábitos del comer también han cambiado. "Comemos menos porque tenemos menos tiempo, y también por la preocupación por mantener la línea". Una tendencia que ha obligado a que incluso la comida rápida haya tenido que dar un giro: "Han aproximado un poquito el diseño, la presentación y la calidad a la gente joven, y se cuida la materia prima", puntualiza Fernández. "Es la vuelta a apostar por el buen producto", dice Calles.

¿Conclusión? La gente se preocupa más por la comida, pero poco por cocinar. "Los niños de ahora no saben de dónde provienen los alimentos… Lo único que tienen claro es que van al supermercado y compran bandejas con la comida ya hecha", explica Alberto. Después ofrece una idea para cambiar la situación: "Aprender a cocinar se debería enseñar a los niños desde pequeños en el colegio. Podría ser una materia llamada Orientación del Gusto".

Aquí, para empezar a entrar en harina, les ofrecemos 100 recetas cuya base principal son productos semielaborados que sólo hay que mezclar, con algo de gracia, con otros sencillos ingredientes. Para que ni siquiera tengan que hacer el esfuerzo de pensar con qué combinarlos, les ofrecemos las ideas para conseguir los resultados más sabrosos.

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