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jueves, 28 de febrero de 2002

La grandeza de la obra de John Steinbeck redime al autor del odio que levantó en EE UU

Se celebra el centenario del nacimiento de un escritor cuestionado por su mirada crítica

El pueblecito californiano de Salinas y el condado de Monterrey no han cambiado: como en los años treinta, hay terratenientes, lechugas e inmigrantes. Lo que ha cambiado es la gente. Los nietos de quienes quemaban los libros de John Steinbeck, la figura más célebre y odiada del lugar, hacen ahora festejos en el National Steinbeck Center, la mayor atracción turística de Salinas. Y ayer celebraron con un banquete el centenario de Steinbeck (1902-1968), un escritor que sigue envuelto en polémicas y cuyo recuerdo marcará este año en Estados Unidos.

John Steinbeck situó en Monterrey algunas de sus novelas más importantes, como Las uvas de la ira y Al este del edén. Nació allí, el 27 de febrero de 1902, hijo del tesorero del condado y de la maestra, en un ambiente de granjeros ricos. Pero Steinbeck se negó a ver las cosas como las veían sus familiares. En lugar de percibir la prosperidad verde de las lechugas y la riqueza plateada de las sardinas en conserva, se obstinó en fijarse en los trabajadores agrarios, mexicanos y okies (los blancos que habían abandonado el Medio Oeste por la sequía y la depresión), y en la injusticia social básica sobre la que se construía la feliz riqueza de los terratenientes.

Nunca cayó simpático a sus conciudadanos, y la publicación de Las uvas de la ira (1938) le convirtió en un proscrito social. 'Los insultos de los terratenientes y los banqueros son bastante malos y empieza a asustarme el poder de todo esto', escribió en aquel momento. 'La histeria sobre el libro sigue creciendo'. Nadie aceptaba alquilarle una oficina, nadie le saludaba y en la oficina de racionamiento le maltrataban cuando intentaba conseguir combustible y leña. 'El sheriff le advirtió de que su vida corría peligro y le aconsejó que llevara un arma encima', recordó ayer Thom Steinbeck, su hijo mayor. 'La gente consideraba que Steinbeck había traicionado a su pueblo y a su clase social y se organizaron varios actos en los que se quemaron públicamente sus libros. Ahora, en cambio, se le considera un héroe. La gente ha cambiado', añadió el hijo, que participó en la comida celebrada en la Steinbeck House, el edificio victoriano en el que nació el escritor, hoy restaurante y centro cívico.

Herencia

Las familias que alimentaban hogueras con Las uvas de la ira acabaron donando 13,5 millones de dólares (15,5 millones de euros) para la construcción del National Steinbeck Center, que atrae 100.000 visitantes al año desde su inauguración, en 1998. 'A los hijos y los nietos de los terratenientes sobre los que escribió Steinbeck les ha costado bastante tiempo valorar la herencia del escritor', dijo Kim Greer, directora del centro. 'El valle tiene el mismo aspecto que cuando él vivía, aún importamos la mano de obra y los inmigrantes siguen en lo más bajo de la escala social; la diferencia es que sus hijos pueden estudiar y abandonar el campo', comentó Greer.

Thom Steinbeck afirmó que a su padre no le habría gustado el National Steinbeck Center ('fantasearía con ponerle una bomba', bromeó) ni la gran celebración de su centenario: 'No se consideraba un artista, sino un artesano, y detestaba estas pompas'.

Steinbeck acabó detestándolo casi todo. California, en primer lugar. 'California ya no es mi país', le escribió a su editor Pascal Covici, 'y no volveré nunca'. También detestaba a los críticos, que en su mayoría le despreciaban, cosa que siguen haciendo. En 1962, cuando recibió el Premio Nobel de Literatura, la reacción de la crítica fue negativa. Se le consideraba un escritor sentimentaloide y torpe, cuyo trabajo de las anteriores dos décadas carecía de mérito. Fue un héroe para millones de trabajadores que habían sufrido la gran depresión y la derecha llegó a acusarle de filocomunista; su hijo asegura que las ventas de sus libros, que este año rondarán los dos millones de ejemplares en todo el mundo, aumentan sensiblemente en época de desempleo alto, o cuando las grandes corporaciones capitalistas se comportan de forma especialmente infame. Sin embargo, al final de su vida fue desposeído incluso de su aura izquierdista. Apoyaba al presidente Lyndon Johnson y era partidario de la guerra de Vietnam: bastaba con eso para concentrar el odio del progresismo a mediados de los sesenta. Cuando murió, en Nueva York, el 20 de diciembre de 1968, se le tenía ya por una figura del pasado. Él pidió, pese a todo, que sus cenizas fueran depositadas en el cementerio de Monterrey.

La crítica no le ha perdonado todavía. Harold Bloom, autor de El canon occidental y gran guru de la literatura estadounidense, no le incluyó en su lista de escritores significativos, y afirmó que Las uvas de la ira es un libro mediocre, inferior a la película que sobre él dirigió en 1940 John Ford y convertido con el tiempo en 'una obra políticamente correcta'. 'Es triste, pero Steinbeck no consiguió sacarse de la cabeza la música de Ernest Hemingway; uno no puede leer tres párrafos de Steinbeck sin pensar en un Hemingway mal escrito', declaró Bloom. El imperecedero desdén de los grandes críticos contrasta con el éxito popular de Steinbeck, 40 años después de recibir el Nobel y 34 después de que, a su muerte, se le diera por casi olvidado. Los jóvenes son la clave del actual tirón. 'Cuando tratamos con universitarios de primera generación, y hay muchos de ellos, necesitamos proporcionarles textos que sean capaces de leer completos, y con los que puedan conectar. Steinbeck funciona de maravilla. Tiende a la izquierda, como la mayoría de los estudiantes, resulta accesible al dramatizar los problemas sociales y no escatima los recursos sentimentales', declaró Laura Browder, profesora en la Virginia Commonwealth University y directora de un curso sobre redacción creativa.

200 actos hasta 2003

El programa de festejos del Año Stein-beck es casi inacabable. Hay de todo y en todo el territorio estadounidense: más de 200 actos en 38 Estados, que comenzaron ya el año pasado y se extienden hasta febrero de 2003. La celebración incluye decenas de viajes con guía por la carretera 66, la carretera madre de Stein-beck, la ruta por la que sus desheredados viajaban hacia el Oeste; programas de televisión, exposiciones de todo tipo, lecturas públicas, conferencias y reposiciones generalizadas de las películas basadas en sus obras. La editorial Viking ha lanzado nuevas ediciones en rústica de Las uvas de la ira, Al este del Edén y De ratones y hombres, y ha recopilado en un lujoso volumen las piezas periodísticas del escritor. La Biblioteca de América presentó el 15 de febrero el tercer volumen de las obras completas del escritor. Una pieza musical de Allen Shaw, con textos de Jamaica Kincaid, inspirada en la obra de Stein-beck, será estrenada por la Orquesta Sinfónica de Monterrey en el National Steinbeck Center, donde ayer un centenar de escolares cantaron el Happy birthday. El año se cerrará con una excursión navideña por el mar de Cortez, 'donde Steinbeck navegaba entre ballenas'. El colofón será una velada musical en el Lincoln Center de Nueva York el 19 de marzo de 2003.

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