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44º FESTIVAL DE CINE DE BERLÍN

El cubano Gutiérrez Alea entusiasma en la Berlinale con 'Fresa y chocolate'

Jack Valenti, jefe de las 'majors' de Hollywood, ofrece concordia al cine europeo

ENVIADO ESPECIAL Casi dos minutos duró la ovación que provocó Fresa y chocolate, una magistral y conmovedora película dirigida por el maestro del cine cubano Tomás Gutiérrez Alea. La película, de una veracidad portentosa y una emotividad contagiosa, era considerada elitista y de poca audiencia, pero ayer se convirtió en la estrella del festival y distribuidores de todo el mundo pujan ahora por comprarla. Después, Jack Valenti, presidente de la Motion Pictures Association of America, habló de concordia entre Hollywood y el cine europeo.

En la larga, distendida y vivaz conferencia de prensa que siguió a la proyección de Fresa y chocolate se mascaba la premonición de que hay un lugar importante destinado a esta admirable película en la lista de premios final. Pero aunque no lo haya, es seguro ya que dará la vuelta al mundo y más que probable que pase -como han pasado Memorias del subdesarrollo, Las siete sillas, Muerte de un burócrata y otras obras maestras de Gutiérrez Alea- a la historia del arte cinematográfico.No es posible apretar en una crónica de urgencia el vasto entramado de imágenes y subentendidos, la infinidad de signos explícitos y escondidos que derrama durante su transcurso el tiempo de esta película generosa, emocionante, divertida y libre donde las haya. Es una desesperada invocación a la esperanza, al mismo tiempo que una estremecedora comedia sobre la supervivencia de la amistad, la tolerancia, el amor, la solidaridad y la libertad en medio de un sofocante clima de opresión y derrumbe histórico.

Solidaridad y generosidad

La película misma existe gracias a un acto de solidaridad y generosidad emocionante. Cuenta Alea: "Cuando la estaba comenzando caí enfermo. Me dijeron que tenía que operarme con urgencia y si el rodaje se interrumpía la película se perdería. Llamé entonces a un amigo mío cineasta, Juan Carlos Tabío, y le pregunté si conocía a alguien que pudiera sustituirme. El mismo lo hizo al día siguiente: estaba rodando su película y la abandonó en manos de otro amigo para ocuparse de la mía. De ahí que lleve también su firma. Existe por él y es tan suya como mía"."La película", prosigue Alea, "no pretende ser una simple denuncia del acoso que el homosexual padece bajo el sistema político cubano, como en otras muchas partes del mundo. La homosexualidad es en Fresa y chocolate una metáfora. La fábula trasciende el pretexto argumental y va mucho más allá, porque quiere afirmar antes que negar, exaltar la libertad y la tolerancia antes que rechazar la opresión y la intolerancia. Pienso que el arte debe afirmar antes que negar. Lo que el artista niega debe deducirse de lo que afirma".

"¿Y qué pretendo afirmar", afirma Alea. "Yo lo diría como me lo dijo a mí una vez un amigo, con un símil cinematográfico: el socialismo es un guión muy bueno que ha tenido en Cuba una puesta en escena desastrosa. Quiero decir que yo sólo soy un cineasta cubano y por ello lo que intento es ejercer mi oficio, tener mis ideas y hacer mis actos de manera que en Cuba ese guión tenga una buena puesta en escena".

Gutiérrez Alea, un clásico viviente, considerado por muchos historiadores el más grande cineasta de nuestro idioma, tras la sombra de Buñuel, abandonó el podio de los triunfadores sonriente ante los aplausos,- pálido, muy delgado -lo que agranda sus enormes ojos de sorprendente claridad- y parsimonioso a causa de la fatiga de un intenso trabajo y una dura convalecencia, que simultaneó detrás de la cámara de Fresa y chocolate.

Y acto seguido se encaramó a ese mismo podio la pequeña y ágil estatura de seda negra de Jack Valenti. Y tras la poesía del arte del cine sonó la prosa del negocio del cine: ganada en el GATT por Europa -gracias a la firmeza de Francia- la "batalla de la excepción cultural" el jefe de Hollywood brindó acuerdos, negociaciones de paz y concordia para las nuevas e inminentes escaramuzas de la "guerra del audiovisual". Era otro mundo dentro de un mismo universo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de febrero de 1994