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El análisis del crimen pasional reúne en La Coruña a periodistas, jueces y criminalistas

Manuel Rivas

"Quien mata al objeto de sus angustias lo hace para quedarse descansado, y se equivoca. El crimen pasional es el último paso que al obseso le queda por dar para romper definitivamente con el mundo real, con el mundo de los seres convencionales, cuerdos; por eso no puedo dejar de pensar que el verdadero, el único crimen pasional perfecto es el suicidio". Con un estilo original en este marco, no por desenfadado menos profundo, la intervención de la periodista Maruja Torres centró ayer la atención en el seminario que sobre Crímenes pasionales ha organizado en el Pazo de Mariñán, de la Diputación coruñesa, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Durante toda esta semana, abogados, juristas y criminalistas debaten y analizan la naturaleza de los delitos "en que una pasión -amor-odio- ha estimulado al agente que actúa motivado por ese sentimiento que aflora de forma súbita y natural", según definición de Ventura Pérez Mariño, que dirige el encuentro.

En la conferencia, que tenía título de tango, La maté porque era mía, Maruja Torres.explicó su atracción por el mundo de la pasión, incluso la que conduce a un final fatal, con los recuerdos del paisaje de su infancia y adolescencia: "Yo procedo de una clase social muy humilde, soy hija de emigrantes murcianos, y nací en un barrio de Barcelona, el barrio chino, famoso en todas las ciudades portuarias del mundo por sus tensiones, sus bares de alterne, sus putas y sus macarras de iriedallón en pecho". Y purgó en las raíces de dos realidades constatadas: que en la mayoría de los crírnenes pasionales la víctima es la mujer y que estos sucesos con final tráffico tienen por escenario más frecuente los barrios humildes.

En clave de especialista

De una forma más técnica y con claves de especialista, Roberto Bergati, catedrático de Derecho Penal de la Autónoma de Barcelona, había insistido ayer en la importancia del análisis del orden social para la definición de una criminología crítica o radical: "El crimen pasional no será más que una manifestación de la estructura social -como cualquiera otra acción que viole bienes jurídicos protegidos- en que se pruduce, sin revestir más atracción que la flexibilidad que genera; el problema ya no es el delincuente, sino el daño social que el delito provoca".Los jueces de las pasiones y las pasiones de los jueces fue el sugerente título de otra intervención polémica, la de Perfecto Andrés Ibáñez, miembro del Consejo General del Poder Judicial." Salta a la vista que nuestros tribunales se mueven en la generalidad de los casos dentro de una confécción autoritaria del derecho penal como instrumento moralizador de la sociedad, lo que les lleva con frecuencia más allá del conocido mínimo ético en materias en las que el Estado democrático y sus jueces debieran profesar el más niguroso relativismo axiológico".

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