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domingo, 10 de octubre de 1976
Tribuna:

Averroes y la música

El XI Festival de París y de L'Ile-de-France conmemora estos días con unas sesiones musicales el aniversario de la muerte de Averroes. En el incomparable recinto gótico de la Sainte Chapelle y en la Sala Pleyel se celebran conciertos para recordar el paso por el mundo del gran árabe cordobés. ¿Qué tiene que ver la música con Ibn Rusd o, según la deformada interpretación española de su nombre, Averroes? La música tiene un puesto siempre en el entorno cultural del hombre, máxime cuando se trata como en el caso que nos ocupa, de una figura de gran relieve científico y humanístico.lbn Rusd ve la luz en Córdoba en el año 1126, en vísperas del apogeo almohade. A sus califas va a servir en distintas ocasiones, conquistando los espíritus más altos. Algunos años antes de la victoriosa batalla de Alarcos Averroes es nombrado cadí de los cadíes de Córdoba, premió a un prestigio labrado a fuerza de estudio y trabajo. Averroes es una de las grandes cabezas de la Edad Media. Jurisconsulto, médico, teólogo, astrónomo, filósofo, sus comentarios a Aristóteles fueron decisivos para el buen conocimiento europeo del pensamiento del estagirita, perdido y alterado durante los oscuros y largos años de invasiones bárbaras.

Ahora, a los ocho siglos y medio de su nacimiento, se recuerda a Averroes en París, lejos de su Córdoba natal, donde su estatua perpetúa actualmente su efigie y su memoria. Músicos alemanes del Estudio de Música Antigua de Munich interpretan música andaluza antigua y la pianista Teresa Llacuna da un recital con piezas de Granados, Albéniz y Falla. Nos tememos que ninguna de las dos veladas sea capaz de hacer sonar la música que conoció y amó el sabio filósofo. El recital de piano, desde luego, no.

No evocaría la época de Averroes la poesía de Juan de Mena o la del duque de Rivas, sino la de Ibn Quzman o la de Ibn Jafacha, que escribió entonces: «¡Oh, Andalusies! ¡Qué felices sois! Tenéis agua, sombra, ríos y árboles. El paraíso eterno está en vuestras moradas. Sí pudiera escoger, éste sería el que eligiera.»

La nuba

¿Y la música de Al-Andalus en tiempo de lbn Rusd? La poesía arábigo-española había enriquecido las viejas estrofas clásicas del mundo mahometano. Los poemas con moaxaja y en especial los que incluyen el zéjel, ya en lengua de la calle, con sus estribillos o jarchas, son ejemplos artísticos de la penetración española en el arte árabe. Pues bien, en música, la nuba, recientemente homenajeada por Tomás Marco, será la aportación genuinamente hispánica a la música árabe.

Las variadísimas especies de nuba, según su procedencia, se irán extendiendo por la España árabe. Después, cuando los moriscos sean expulsados de los últimos reductos andaluces, los modos y ritmos de la nuba hispánica les acompañarán en el largo destierro. Durante centurias, sus descendientes irán transmitiendo con esta música el color, el aroma de la perdida patria.

La mayor parte de la música europea medieval ha sido resucitada en nuestro tiempo con paciente esfuerzo investigador y erudito. La nuba de Al-Andalus vive todavía hoy en las calles y fértiles vegas que riega la blanda nieve del Atlas.

Marruecos, Argelia, Tunicia, Libia cantan y tocan en la actualidad los viejos ritmos de la música andaluza o granadina.

Nos han quedado suficientes textos y melodías como para rastrear a lo largo del Mediterráneo africano la huella de nuestros antepasados almorávides y almohades. Al igual que los hebreos sefarditas, estos ancianos marroquies de Xatien, Tetuán, Marrakesh, todavía, entonan la música de Al-Andalus. Como en una tela de Fortuny, les vemos tañer una tauchia en los instrumentos tradicionales. Son residuos vivientes de aquel gran califato cordobés exaltado por Ibn Hazm en El collar de la Paloma.

Por motivos, religiosos y políticos, como otros ilustres españoles de la historia, también Averroes sufrió persecución y se llegó a poner en tela de juicio su autoridad suprema. En su destierro de Lucena se consolaba estudiando y escuchando esta música. Hoy la obra de Averroes está ahí, testimonio de la cultura de un pueblo,como lo está la música que él oyó.

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