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Medio ambiente

El Cañón de Añisclo, en el Pirineo aragonés amenazado por la construcción de una central eléctrica

El cañón de Añisclo, gigantesco surco de varios kilómetros de longitud y más de mil metros de profundidad, próximo al Parque Nacional de Ordesa, en el Pirineo oscense, podría desaparecer víctima del desarrollo. Un proyecto de embalse hidroeléctrico amenaza uno de los más bellos lugares de España, ante la protesta de amplios movimientos de opinión en la zona afectada.El proyecto de embalse eléctrico sería construido por Hidronitro, aunque posteriormente se ha reducido el plan a la construcción de un salto eléctrico.

El gran cañón del Pirineo aragonés está situado en la cabecera del río Cinca y fue excavado por un glaciar cuaternario en la vertiente meridional del macizo calcáreo de las Tres Sorores. Cayetano Enríquez de Salamanca, buen conocedor del Pirineo aragonés, escribe de él que «es el valle, o mejor aún, el cañón de Añisclo, dependiente, como su vecino occidental de Ordesa, del macizo del Monte Perdido, quizá el más bravío y más agreste de todo el Pirineo y un fenómeno natural, único en su especie en toda Europa».

«Está recorrido en sus doce kilómetros -continúa- por el río Vellos, desde su nacimiento, al pie del Collado de Añisclo (2.460 metros) hasta su confluencia con el Asó (875 metros), junto al puente de San Urbez. En todo su curso está profundamente encajonado entre dos murallones muy próximos entre sí y cuya profundidad aumenta aguas abajo, llegando a los 1.200 metros bajo la loma de Los Sestrales.»

Es en este enclave donde se llevaría a cabo el proyecto. El señor Enríquez de Salamanca ha asegurado a EL PAIS que «la progresiva y dinámica empresa Hidronitro, alegando la posesión de una concesión administrativa de las que tan generosamente se han otorgado durante años desde Madrid, donde no se conoce ni la ubicación de esos lejanos parajes, pretendió primero taponar el cañón para construir el consabido embalse y, en segunda fase, cambió el proyecto por el de un salto eléctrico que, según sus promotores, casi no se nota».

Fue al conocerse el proyecto cuando se promovió una campaña de prensa para salvar el lugar de una obra que, en la estimativa de los defensores de la zona no daría lugar a la creación de puestos de trabajo suficientes como para compensar el sacrificio del paisaje.

Por otra parte, se alega, en boca de los enemigos del proyecto, que durante los últimos años la mayor parte de la energía eléctrica producida en el Pirineo español se ha exportado a Francia.

Hidronitro Española, SA, es una empresa presidida por Juan Miguel Villar Mir, de la cual el 40 por 100 del capital pertenece a la firma francesa Pechiney Ugine Kuhlmann. Es también filial la firma Cementos Portland Aragón, SA (70 por 100). La empresa dispone de centrales eléctricas en la provincia de Huesca con producción de 203 millones de kilowatios.

El 18 de mayo de 1973 el Instituto de Conservación de la Naturaleza (ICONA) inició un expediente, intentando salvar la zona ampliando el cercano Parque Nacional de Ordesa, que pasaría a llamarse Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, con cerca de 15.000 hectáreas de extensión incluyendo el cañón de Añisclo.

En diciembre de 1974 salió a información pública el proyecto de ampliación del Parque Nacional, publicándose en el Boletín Oficial de la provincia de Huesca. Hubo muchos escritos en las oficinas oscenses de ICONA intentando dar peso al proyecto. Pero la Administración todavía no ha resuelto la propuesta de creación del parque.

Según el señor Enríquez de Salamanca, «Hidronitro, más a ras de tierra y más expeditiva, ha sustituido las meditaciones por la acción rápida y eficaz en aras de una política de hechos consumados, que tan buen resultado viene dando en este país. Desde el comienzo de la actual primavera en Escalona se ha observado un incipiente va y viene de vehículos todo terreno de dicha empresa que transportan ingenieros y técnicos de la misma y que pasan semanas enteras en Añisclo... Y a todo esto la gente, la mar de tranquila, pensando que lo del Parque Nacional es un hecho y que no hay peligro alguno. Sólo que con estas torres de Colón o con estas marquesinas no cabe el recurso a la demolición de la obra hecha, pues ello no haría más que aumentar las proporciones del desaguisado».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de julio de 1976