Los burkas, los ‘therians’ y las dos tazas
Nadie había oído hablar antes del supuesto fenómeno porque es irrelevante, hay tantos ‘therians’ como mujeres con burka empadronándose en el Ayuntamiento de Burgos, pero ahí están ambos temas monopolizando, interesadamente, la información


Todo está en el refranero. ¿No quieres caldo? Toma dos tazas. Hace días lamentaba que en el asunto de los burkas muchos medios, en lugar de destacar su presencia residual en España, prefiriesen amplificar el mensaje ultra y convertirlo en asunto de Estado. Aún estaba rumiándolo cuando surgieron los therians. Me di de bruces con el tema caminando el sábado por Sol entre una turba de chavales y medios expectantes ante una supuesta quedada. Es lo único que había: expectación; therians, ni uno. Pude entender la decepción de los jóvenes (y no tanto) que se informan a través de las redes, origen de un fenómeno fomentado por la ultraderecha para inyectar su dosis de odio habitual, apoyado por la IA y amplificado por el algoritmo; pero la sorpresa de los medios decía poco de ellos. ¿Cómo no iban a haber detectado una tendencia que supuestamente podía congregar a cientos de personas en decenas de ciudades simultáneamente? No la detectaron porque es irrelevante; hay tantos therians como mujeres con burka empadronándose en el Ayuntamiento de Burgos, pero ahí están ambos temas monopolizando, interesadamente, la información.
Que apestase a bulo no fue óbice para que los informativos de Antena 3, los más vistos y premiados, entrevistasen a un supuesto therian que resultó ser un tiktoker con ganas de cachondeo y sorprendido de que colase: “¡Sois periodistas, ¿podéis contrastar la información que ponéis en las noticias?”. Un tiktoker pidiendo rigor a un informativo. Dio igual. El lunes, cuando ya se sabía que era un bulo originado en redes ultras argentinas, Espejo público sacó toda la artillería. “Los therians llegan a España”, decían, como si fuese una gira musical; “la fiebre de sentirse animal”, rotularon, aunque no había llegado a febrícula; “si mi hijo me sale así lo meto en un psiquiátrico”, soltó un tertuliano candidato a padre del año. Era “un boom en todo el mundo”, sostenía una redactora a la que acababan de tomar el pelo dos chavales con caretas de caballo. No fueron los únicos que entraron al trapo y emitieron imágenes generadas por IA como si fuesen reales. Y así, por inconsciencia o agenda, bulos que deberían nacer y morir en las redes, sin dejar más huella que algún meme, comparten sumario con Ucrania o el IPC.
No me preocuparía que un chaval se ponga una careta de mapache, pero me aterra que un algoritmo interesado pueda hacer semejante demostración de fuerza para influir en la opinión pública y los medios tradicionales no opongan resistencia. Miedo me da lo que pueda contener la tercera taza.
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