‘Andor’: una galaxia sin botones o el lado obrero de Star Wars

El actor Diego Luna y el director Tony Gilroy hablan de la serie que sirve para contar el origen de la rebelión de ‘Rogue One’

Diego Luna interpreta a Cassian Andor en la más reciente serie del universo de 'Star Wars'.Foto: Des Willie (AP)

En los primeros minutos de Andor, la serie que se estrena este miércoles en Disney+ con tres episodios, el personaje principal, Cassian Andor (Diego Luna) llega a burdel en busca de una mujer. Es difícil emparejar este arranque con el universo cinematográfico creado por George Lucas en Star Wars. Para los espectadores, las escenas iniciales suenan más a Blade Runner que a la galaxia compartida con Han Solo y Chewbacca. Esa es la intención de la producción de la nueva entrega de la saga de ciencia ficción y que se suma a la oferta televisiva de la marca de Disney junto a The Mandalorian, Obi Wan Kenobi y El libro de Boba Fett. Si la primera tiene a Baby Yoda como magneto de espectadores, Andor apuesta por un tono diferente para continuar la epopeya galáctica. Su arco narrativo es su arma más potente. “Tenemos la obligación de ser distintos. La historia es más compleja, más oscura, abiertamente política, porque se trata de una revolución, sobre la reacción a un sistema totalitario. Es un thriller político y de espías, tiene un tono distinto”, asegura Luna en una entrevista en Los Ángeles.

Andor elabora un origen para la Alianza Rebelde que lucha contra el imperio y roba los planos de la Estrella de la Muerte. El fatídico desenlace de este grupo es contado en Rogue One: una historia de Star Wars. La cinta de 2016 fue bien recibida por los fanáticos de la marca y también por la crítica cinematográfica. Recaudó más de 1.000 millones de dólares en la taquilla global. Su éxito se debió en buena medida a la llegada a la producción, casi de último minuto, de Tony Gilroy, un experimentado cineasta que ha demostrado un talento especial para la acción y los personajes complejos. Lo probó escribiendo las primeras películas del espía Jason Bourne y también con su ópera prima, Michael Clayton, un thriller en el que George Clooney encarna a un abogado segundón que se planta frente a una gran compañía. En Rogue One se sumó a la producción cuando ya existía una versión terminada del director, que no funcionaba. Gilroy convirtió la película en una cinta sobre el sacrificio y ganó el crédito como guionista después de un proceso de arbitraje.

Tony Gilroy y Diego Luna hablan durante el rodaje de 'Andor', que se llevó a cabo en Londres durante la pandemia.
Tony Gilroy y Diego Luna hablan durante el rodaje de 'Andor', que se llevó a cabo en Londres durante la pandemia.Des Willie (Des Willie / Lucasfilm Ltd.)

Gilroy no ocultó entonces su falta de interés en el mundo Star Wars. Pero la maquinaria de precuelas y spin offs de Hollywood pega como un bumerán y lo ha colocado al frente de este nuevo proyecto como creador y showrunner. Escribió y dirigió los tres episodios que se estrenan esta semana. Sus libretos también cierran la primera temporada, en los capítulos once y doce. Su obsesión ha sido que este mundo de fantasía se sienta lo más real posible. “No contratamos a ningún diseño de producción de Star Wars, contratamos a Luke Hall, quien hizo Chernóbil. Tuvimos que luchar por ser reales. En la entropía del cine todo te lleva a la falsedad. Es el camino más sencillo, así que es difícil hacer el trabajo para que sea real”, explica Gilroy en una entrevista. En noviembre, comenzará a rodar la segunda y última temporada, que abarcará los cuatro años anteriores que llevaron a los eventos de Rogue One.

Encargados de hacer una ficción sobre rebeldes, no sorprende que la producción de Andor haya puesto a prueba las reglas de este universo sin romperlas del todo. Diego Luna, frente a un plato de huevos rancheros en su hotel de Bel Air, explica que en este universo no existen los botones en las prendas de los personajes. Es una de las normas no escritas del diseño de producción de Star Wars. “En esta serie, si tienes una bolsa tiene que haber algo adentro, algo que eventualmente vas a usar”, explica el actor, uno de los protagonistas de la película que ahora han repetido en la serie junto a Genevieve O’Reilly (Mon Mothma) y Forest Whitaker (Saw Gerrera). A ellos se suman la puertorriqueña Adria Arjona como Bix Caleen, Fiona Shaw (Maarva), Denise Gough (Dedra Meero) y Stellan Skarsgard, quien interpreta a Luthern Rael, un experto en espionaje y contraespionaje que parece ser el gran titiritero de la rebelión. En Andor hay 195 personajes con diálogos.

Chéjov en la galaxia

A diferencia de la mayoría de series del universo de Lucasfilm, que recurren a un imponente plató conformado por muros de LED creado por Industrial Light and Magic y conocido en la industria como The Volume, Andor se rodó en locación a las afueras de Londres, en lo más duro de la pandemia. “Creo que nunca había leído tanto en un set porque nadie quería sentarse a cotorrear conmigo”, dice Luna sobre un rodaje que tuvo un protocolo muy estricto para evitar brotes. La producción, sin embargo, se vio indirectamente beneficiada por la cuarentena inglesa. El parón que cerró los teatros en una de las capitales escénicas del mundo liberó la agenda de actores y actrices con mucha experiencia en los teatros. Entre estos están la irlandesa Gough, quien ganó un premio en 2016 por su protagónico en la obra People, Places and Things y Kyle Soller, un estadounidense que se graduó de la prestigiosa escuela británica de arte teatral RADA.

“A los actores hay que recordarles todo el tiempo que han sido contratados por quienes son. No están aquí para hacer Star Wars o para interpretar un disfraz. Están aquí para hacer Chéjov. Esto es Ken Loach. Eso es lo que ustedes deben hacer. De lo demás nos encargamos nosotros”, indica Gilroy sobre las conversaciones que tuvo con el elenco. El creador también ideó una estructura que permite a escritores y directores imprimir un sello de autor a la serie. Cada director se hace cargo de tres episodios consecutivos que tienen una coherencia propia mientras avanzan el arco narrativo de los personajes.

Raymond Anum, Diego Luna e Ian Whyte, como Vetch, en uno de los episodios de 'Andor'.
Raymond Anum, Diego Luna e Ian Whyte, como Vetch, en uno de los episodios de 'Andor'.Lucasfilm Ltd. (AP)

En la pantalla puede percibirse más un pueblo obrero de Sheffield que las dunas de algún lejano planeta en otra galaxia. Si el universo de Lucas está lleno de intrigas entre senadores y se cuela en las cúpulas del poder de un imperio fantástico, Gilroy ha puesto en las manos de personas de baja ralea el nacimiento de la revolución. Los de Andor son personas que se mueven en talleres mecánicos, patios de chatarra y basureros. Lo único que recuerda que uno está viendo Star Wars es que, de vez en cuando, algún extraterrestre aparece entre los obreros.

En el estreno de Los Ángeles, los miembros de la Legión 501, el club de fanáticos más grande de Star Wars, arribaron al cine El Capitán, sobre Hollywood Bulevar, portando los disfraces que los han hecho famosos. Muchos de ellos ya han dejado atrás la juventud, pero su espíritu jovial es portado con orgullo con sus vestimentas como pilotos de naves espaciales, Jedis, Star Troopers o sexys guerreras twileks. Eran pocos quienes vestían como algún personaje de Star Wars, aunque Diego Luna cree que esta es la serie para ellos: “A ese público ya les pasó la vida por encima. Ya tienen hijos, ya se enamoraron, ya les rompieron el corazón. A estos personajes les pasan cosas así. Está chingón seguir viendo el universo con el que te has involucrado, pero con una historia que te puede tocar”. Y si se aburren, el actor mexicano no lo tomará personal. Su hija, asegura, se durmió en el cine en un pase de Rogue One. “Esta serie sí la voy a ver con ganas”, le prometió la pequeña.

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Sobre la firma

Luis Pablo Beauregard

Es uno de los corresponsales de EL PAÍS en EE UU, donde cubre migración, cambio climático, cultura y política. Antes se desempeñó como redactor jefe del diario en la redacción de Ciudad de México, de donde es originario. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana y el Máster de Periodismo de EL PAÍS. Vive en Los Ángeles, California.

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