Himar González: “Tengo el aire a 27 grados; cuando fuera hay 40, eso es la gloria”

La meteoróloga de los fines de semana en Antena 3, licenciada en Física, se confiesa asustada por el cambio climático y afirma que le resbalan las alusiones a su físico: “Procuro ahorrar energía para lo que importa, en todo, también en eso”

La meteoróloga Himar González. Fotografía de BERNARDO PÉREZ. Vídeo de OLIVIA LÓPEZ y PAULA CASADO

El fotógrafo no puede evitar alabar en voz alta la belleza que la entrevistada ofrece a la cámara. Acostumbrada, quizá, a ese tipo de reacciones en otros, Himar González sonríe, posa profesional y cercana, y después se aplica, profesional y cercana, a la charla. Responde cordial, con mesura, evitando charcos profundos. Pero mira a los ojos y, en los suyos sí, se le ve casi todo. Puede que en ese casi que no dice esté lo más interesante. Fuera de micro y de cámara da alguna pista reveladora. No es tan fácil, ni tan dulce, todo lo que reluce.

¿Por quién se llama Himar?

Soy la tercera de cuatro hermanos y la única chica. Mi padre vio el nombre en un libro sobre los antiguos guanches, que eran vendidos como esclavos en la Península, cuando mi madre estaba embarazada de mí y le gustó, aunque es de chico. Cuando nací, le dijeron que era la única Himar registrada en la isla.

¿Ahora hay alguna más?

Sé de algunas parejas que le pusieron Himar a sus niñas por mí cuando empecé a ser conocida en la tele, y me parece precioso, aunque en el cole, los niños se reían de mí y yo le decía a mi madre que ojalá me hubiera puesto Estrellita.

¿Qué tiene Canarias para dar tanto meteorólogo célebre: el fallecido Carlos Cabrera, Paco Montesdeoca, usted misma?

Creo que es por la particularidad de las islas. La meteorología es tan incierta, por la orografía, las condiciones, las dimensiones, que el haber trabajado como meteorólogo en Canarias es un plus apreciado en el gremio. Cuando llegué a Madrid e hice entrevistas en las teles, valoraban ese dato.

Quería ser actriz y acabó estudiando física de la atmósfera. ¿Quería vivir en las nubes?

Fui actriz, he hecho giras de teatro clásico por todo el mundo, he sido muchas veces doña Inés, por ejemplo. Pero mis padres querían que hiciera una carrera y estudié Física porque también me encanta la astronomía. Trabajé un tiempo en el observatorio de Canarias, pero no quería encerrarme en ese iglú todo el día, y acabé haciendo información meteorológica en la tele. De joven, creía que era un bicho raro por apasionarme ambos mundos, hasta que vi a mi profesora de física cuántica en el teatro, y todo cuadró. Los científicos tienen que ser creativos. Sin imaginación y sin creatividad no hay esas ideas felices que hacen avanzar la ciencia.

Estuvo a punto de morir en la fase dura de la pandemia. ¿Le cambió la cabeza?

Sí, sufrí una septicemia por una infección renal en plena segunda ola de la covid. Tardé en ir a urgencias, por estar colapsadas. Aguanté demasiado, tengo el umbral del dolor muy alto, y cuando me atendieron estaba realmente grave. Me recuperé, sí, pero la cabeza ya la tenía cambiada de antes.

¿Por dolores previos o por carácter?

Por las dos cosas. He tenido pérdidas importantes. Mi madre, que era mi pilar, murió demasiado joven hace 10 años. Mi padre, mi otra columna, antes había estado a punto. Por eso tengo claro lo que importa. Que la vida es aquí y ahora. Esta conversación que estamos teniendo tú y yo, por ejemplo.

¿Le pasó factura emocional informar a pie de volcán de la erupción del Cumbre Vieja en La Palma?

Fue muy intenso. El domingo de la erupción yo tenía billete de ida a las cinco de la tarde porque me habían soplado el sábado que algo iba a ocurrir. Se canceló el vuelo, volé el lunes y estuve informando sin parar hasta el siguiente fin de semana. Ahí sí me rompí viendo la destrucción y el sufrimiento de la gente. Aquel momento me hizo ver realmente de dónde vengo. Hasta entonces yo decía que venía de Canarias, esas islas volcánicas, pero ver el volcán en directo, arrasándolo todo a su paso, vidas, ilusiones, sueños, te pone en tu sitio, le da el verdadero significado de esa frase.

Filomena, el volcán de la Palma, el tsunami de calor. Su gremio lleva una época de locos. ¿Cómo vamos de estrés?

Nos está tocando una época de transición entre lo que conocíamos y lo que está por venir. Estamos viviendo episodios turbulentos y vamos a un puerto que aún no podemos predecir, pero que no nos va a gustar. Sequías, incendios y olas de calor cada vez más intensas y extensas, fenómenos extremos.

¿Teme al cambio climático?

¿Y quién no? Por nosotros, por mis sobrinos, por las generaciones que aún no han llegado a este planeta. Tenemos que hacer mucho más de lo que hacemos.

¿Qué hace usted?

Bueno, hago mucho. Reciclo. Hay productos que no consumo. Cierro los grifos. Y, respecto a la energía, tengo el aire a 27 grados, todo lo más lo bajo a 26. Cuando fuera hace 40, eso es estar en la gloria dentro de casa.

¿Y la calefacción?

A 20 grados. Si te fijas, la temperatura óptima en casa es como la media en la calle en Canarias. 26-27 grados en verano y 20-22 en invierno. El paraíso.

¿Le cabrea un negacionista?

No les presto atención. Es como si a ti, que vives de escribir, viene uno diciéndote que “haber” es sin hache. No hay discusión.

¿Cree que, con los últimos desastres climáticos, los meteorólogos han ganado autoridad moral sobre los políticos?

Todavía queda mucho. Al político le falta mucha asesoría científica, están un poco cojos de esa pata, y es ahí donde, a veces, pueden flaquear. Habrá que esperar a futuras situaciones, que las habrá, para ver si realmente el político escucha un poco más de lo que nos escuchó por ejemplo con Filomena.

¿Sirve de algo el pronóstico del tiempo a 10 días vista de los móviles?

Eso es una burrada. Ni siquiera los de tres días en el móvil si son aplicaciones automatizadas no avaladas por un científico. Tú, como meteorólogo, con tu experiencia y tus modelos, todo lo más te puedes arriesgar a hacer un pronóstico a dos, tres, cinco días muy a lo sumo. Y con horquillas.

¿Ahí no sirven los algoritmos?

El robot no matará al meteorólogo, jamás una máquina podrá suplir la mente de un científico.

Entonces no se atreve a decir cómo será agosto, supongo.

Bueno, lo que sí hay son tendencias. Y la tendencia dice que agosto será abrasador.

Eso ya casi no es noticia

De eso mismo hablábamos. Este verano está siendo insólito.

¿Qué es el buen tiempo para la mujer del tiempo?

El necesario en cada momento. Ahora, sería que lloviera sin parar, no torrencialmente, durante días. Pero eso no va a pasar.

Quítese el uniforme: ¿y para estar de vacaciones en la playa?

Treinta grados y brisa agradable. Me quedaría a vivir en los 30.

¿En todo?

Jajaja. Bueno, en mi caso los 30 ya pasaron, afortunadamente, porque eso significa que el tiempo corre y que todo va bien.

¿Qué le parece quien opina sobre su físico más que sobre su trabajo?

Nunca he tenido la sensación de que se infravalore mi cerebro. Ha podido haber, eso sí, algún rifirrafe, o algún comentario desafortunado y, en eso, a veces no solo son los hombres los que te pueden poner una zancadilla, sino también alguna compañera. Y dices, qué pena. Pero no gasto energía en eso, no entro, corro un tupido velo y paso a lo siguiente.

¿Cuenta hasta 100 para no contestar a ciertos comentarios?

Ni cuento, es que ni acabo de leerlos, no me interesan.

Véndame su serenidad.

Jajaja. Yo creo que es básicamente darle importancia a lo que la tienen. Es como cuando te pitan en el coche para que adelantes o corras más. Mira, chico, si tienes un mal día es tu problema.

¿Qué hace cuando sale de plano en la tele caminando hacia el infinito sobre esos taconazos?

Ponerme las crocs que tengo siempre en la taquilla. Volver a ser Himar. Me da igual que esté por allí el presidente del Gobierno. Ya te digo que ahorro energía. Siempre.

Casi única en su clase

Himar González (Gran Canaria, “mi edad está en Google, no me parece relevante”, dice) fue una de las pocas alumnas de Física en su promoción de la Universidad de La Laguna. Hija de un empleado de banca que doblaba trabajo por las tardes para llegar a fin de mes, y de una ama de casa de origen libanés, Himar fue una niña tímida que hallaba refugio en "los personajes de las películas en blanco y negro" de la tele. Aún hoy, dice, son las únicas que la mantienen en el asiento, incluyendo los telefilmes que emite su propia cadena en la sobremesa de los fines de semana, justo después de que ella dé el parte del tiempo. Después de dedicarse a la interpretación, y a la información meteorológica en medios canarios, Himar lleva 12 años elaborando y comunicando información del tiempo en televisiones de ámbito nacional, los últimos en Antena 3. 

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Luz Sánchez-Mellado

Luz Sánchez-Mellado, reportera, entrevistadora y columnista, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y publica en EL PAÍS desde estudiante. Autora de ‘Ciudadano Cortés’ y ‘Estereotipas’ (Plaza y Janés), centra su interés en la trastienda de las tendencias sociales, culturales y políticas y el acercamiento a sus protagonistas.

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