MasterChef Celebrity

Josie: “Las ricas de ahora… buf. Están a la deriva. Tienen dinero, pero no imaginación”

El estilista se ha convertido en la inesperada estrella del nuevo ‘MasterChef Celebrity’ tras una larga carrera en televisión y otra aún mayor en las revistas de moda

El estilista y concursante de 'MasterChef Celebrity' Josie, en el restaurante Bel Mondo de Madrid
El estilista y concursante de 'MasterChef Celebrity' Josie, en el restaurante Bel Mondo de MadridSANTI BURGOS

José Fernández-Pacheco (1980), Josie para los espectadores, hace muchas cosas bien en televisión, pero una de ellas cotiza al alza ante una audiencia con el umbral de atención cada vez más bajo: la sentencia corrosiva, corta y ocurrente. “El paisley fluye”, “Con Missoni se liga poco”, “Le veo menos futuro que a Carine Roitfeld haciendo el catálogo de La Redoute” y, sobre todo, su célebre “Raséééé”. Una especie de Hamish Bowles pasado por el filtro de Berlanga, Josie ha logrado una carrera consistente en televisión (sin dejar su profesión en la prensa de moda) gracias a sus colaboraciones en Supermodelo, Sálvame, Buenafuente o Zapeando. Esta semana aterrizó en la quinta temporada de MasterChef Celebrity, de cuyo plató le impactó, especialmente, la iluminación. “Si no estás acostumbrado a la tele, te ciega. ¡Nunca había tenido una mancha solar y me sale una de foco!”

La aventura comenzó a gestarse hace cinco años en una boutique madrileña, cuando su teléfono sonó y al otro lado Macarena Rey, productora del programa, le preguntó si sabía cocinar. “Ni hablar”, respondió Josie. “No me veo haciendo tortillas francesas delante de España. Olvídate”. Pero cuando vio el programa por televisión se lo replanteó y decidió que, si un día tenía tiempo disponible y lo volvían a llamar, lo haría. Y sucedió en 2020, el año en que, confinamiento mediante, se arremangó para investigar qué hay dentro de los alimentos. “Cuando entré a MasterChef nunca había visto el interior de un pollo. Me tuve que ir a una carnicería y decir: por favor, ábranme un pollo, que tengo que saber qué hay dentro”.

Pregunta. ¿Y cómo lo ha llevado?

Respuesta. Tienes que aprender muchísimo. Dormía tres horas, pasaba muchísimo tiempo de pie, acumulaba líquido, acabé hinchado como Elvis en Las Vegas. Cuando terminamos no podía comer. Tienes un atasque visual de ver tanta comida… En MasterChef un bogavante no es un bogavante, ¡son 500! Imagínate ver tanta cabeza. Yo estaba maldiciendo a Schiaparelli [la diseñadora italiana que firmó un vestido con el dibujo de una enorme langosta].

P. ¿Ha encontrado algún atuendo ideal para cocinar?

R. Tuve muchas frustraciones con el tema de la ropa. Me había hecho un estilismo increíble y luego tuve que lidiar con él porque había que cocinar. Pero las joyas me han salvado. Me encanta cocinar con joyas.

P. Eso es un peligro, según la OCU.

R. Pero yo me las pongo de tercer ojo, en la cabeza. Esto es un show, ¿cómo quieren que vaya a cocinar? ¿En bata de seda? No puedes olvidarte de que estás en televisión.

P. Hay una cita que se achaca una dama de la alta sociedad madrileña: “Comer es muy ordinario”. Como observador y analista de este mundo, ¿está usted de acuerdo?

R. Mira, tengo una mejor: una vez estábamos en el Sha [un famoso spa de Alicante] y me dice Beatriz de Orleans [finge acento francés]: “Josie, ¡tengo que decigte una cosa supeg impogtante! ¡El tomate es agresivo!”. Dijo que no comiese tomate nunca más. Las clínicas de wellness me han enseñado mucho a la hora de comer y preparar platos. Y mi trabajo en prensa de moda me ha enseñado a hacerlos bonitos: cuando tú estás acostumbrado a preparar bodegones para revistas, ya emplatas mejor que el resto.

P. Usted era un periodista de moda que, a partir de 2008, pasó a ser alguien muy conocido por aparecer en televisión. ¿Le supuso algún problema?

R. Al principio es muy duro. Si me supuso un trauma ya lo he superado. Mi vida no difería mucho de cómo iba yo vestido a la revista Vanidad, donde trabajaba entonces. Y estando allí, terminando un número agotador, me llamaron de la productora Endemol y me ofrecieron estar en la tercera edición de Supermodelo. “Queremos que te vengas en el Costa Concordia a dar tres vueltas al Mediterráneo”. Les dije: “¿Dónde tengo que firmar?”.

P. Allí era usted un poco borde. Se ha dulcificado con el tiempo.

R. Bueno, eso lo marca el papel: yo tenía que ser un juez implacable. Con 27 años, no me pegaba mucho ser duro. No es que me haya dulcificado, es que yo en el fondo no era tan bestia. Supermodelo era un show, como MasterChef. Pero al final sale siempre como eres. ¿Jordi Cruz? ¡Nunca vas a hacer nada que le guste! ¡Esa persona es muy dura!

P. Estuvo en Sálvame durante un tiempo, ¿por qué lo dejó?

R. Me encantaba hacerlo, teníamos superbuena audiencia. Me decían: “No te puedes ir, que haces una curva muy buena”. Pero entonces [2010] me llamó El Terrat para hacer El armario de Josie, un formato que me hacía muchísima ilusión y era totalmente marciano. Volví al siguiente año a Sálvame y me fui otra vez para hacer Comer, beber, amar. Y eso sí que ya les sentó fatal.

P. En El armario de Josie analizaba los atuendos de varios famosos. ¿Alguno se lo tomó mal?

R. Me he dado cuenta de que los famosos son mucho más inteligentes de lo que la gente se cree. Se lo toman bien, porque hables bien o mal de ellos, saben que lo importante es que hables. En ese sentido, Warhol nos ha allanado mucho el camino.

P. Usted ha conseguido eso tan televisivo de popularizar sus expresiones. ¿De donde viene rasééé?

R. La primera persona que dijo esa palabra es la madre de un amigo mío, que la decía afrancesada: “Esto es rasé, de raza”. Por ejemplo, de la típica mujer exuberante que llega y eclipsa a todo el mundo. Pero yo lo he llevado al zumo de naranjas, a un bouquet de flores o a esta terraza en la que estamos. Lo he escrito mal, lo he españolizado y democratizado para todos los públicos. Lo decían cuatro y ahora lo dicen 4.000.

P. Otra suya: “Con Missoni [marca italiana de lujo] se liga poco”. ¿La elegancia y la lujuria son opuestas?

R. Con Missoni se liga poco y, en general, siendo elegante se liga poco. En 1920 con la elegancia se ligaba mucho, pero ahora mismo, cuanto menos huelas a colonia, más ligas. Nos hemos vuelto más primitivos: la gente prefiere oler a piel que a Álvarez Gómez. Hoy la elegancia tira para atrás a un público masivo. ¿Cómo es de fuerte que hayamos llegado a admirar el twerking? ¿Hay algo elegante en TikTok? Tenemos que recuperar la elegancia en 2021.

P. Usted es uno de sus paladines, desde luego. Nunca va vestido como el resto de colaboradores de su programa.

R. No es que me levante y diga “hoy voy a ir super elegante”, pero me encanta dar consejos de moda a través de mi look. Esto es como ser de la Legión: no sabemos vivir de otra manera. Aunque también me encanta el look de barbecho. Para vestir muy elegante y lograr atuendos estelares tienes que tener un look de barbecho, o sea, ir como las folclóricas cuando se ponían el chándal con el visón. Si estás todo el día vestido elegante…, esto es como la ingesta de alimentos: puedes pegarte un cenorrio un día, pero luego estás cuatro días a dieta.

P. ¿Cómo se vistió usted durante el confinamiento?

R. Siempre llevaba una bata con pijama a juego de seda. Yo siempre he sido muy de pijama de seda. Y con slippers. Estaba muy vestido, arreglado, pero a la vez cómodo, porque leía todo el día. Lo que menos he hecho es ejercicio, porque si a mí no me gritan no hago nada.

P. Otra frase suya: “Las ricas han hecho por la moda más que cualquier tribu urbana”. Si tuviese que situar el concepto de moda en un lugar del espectro político, ¿dónde estaría?

R. La moda no tiene ni izquierda, ni derecha, ni centro. Es solo valentía. La gente valiente que tenía posibles, como Peggy Guggenheim, que se vendió a [el maestro costurero] Paul Poiret, pudieron cambiar cosas y derribar el corsé. Sin esa serie de ricas, que es una lista larga, no se hubiera cambiado el curso de historia de la moda. Y lo mismo en 1947: si unas ricas americanas no se hubiesen vendido a Christian Dior hubiese sido imposible que triunfase el new look y tantas otras cosas. ¡O la lista de clientas de Balenciaga! Podrían haber sido unas petardas que preferían seguir vistiendo con una rebequita, porque hay ricas muy ratas también. Tienes que ser valiente, tener apetencias y defenderlas. Es que la rica de ahora… buf. Está a la deriva. Tienen dinero, pero no tienen imaginación. Todas siguen el mismo camino de las Kardashian, ¡qué pereza! Sabine Getty, esa diseñadora de joyas que se casó con un Getty, que será muy listo y tendrá culturón pero es horroroso, es la que mejor lo está haciendo. Ha sabido comprar vintages de Galliano para Dior y no los vestidos kardashianianos que ya lleva Georgina [Rodríguez, novia de Cristiano Ronaldo]

P. Ha defendido usted el aspecto de Fernando Simón, ¿qué ha visto de remarcable en él?

R. Es elegante, de entrada, sin llevar nada de nada. Me encanta que vista con manga corta, que es una cosa muy denostada y yo soy muy defensor de la camisa de manga corta. Me encanta ese pelo canoso loco, es como el retrato de Dorian Gray cuando ya destapan el cuadro, pero con el grooming [peinado y acicalado] bien hecho.

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