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Las erratas como símbolo de prestigio: cómo escribir para que no parezca IA

La popularidad de herramientas como ChatGPT ha provocado que muchos autores escriban con errores y dejadez para parecer más humanos

Una usuaria consulta la página de Sinceerly, para añadir faltas adrede en correos.Gema Garcia

“Escribí a cinco directores generales y me contestaron cuatro”, dice Ben Horwitz, estudiante de la Escuela de Negocios de Harvard. Los directores generales no suelen contestar a emails de desconocidos. Les pedía, además, tomar un café o que fueran a una reunión con estudiantes, nada muy importante. Pero Horwitz tenía un truco: había creado una pequeña app que imitaba el estilo de estos ejecutivos al escribir, con erratas, sin saludos, apenas una línea con seis, ocho palabras. Y funcionó.

Horwitz ha convertido ese truco en una idea de negocio: la app Sinceerly (el nombre añade una errata en una típica palabra para despedir correos, como si se llamara “cordilamente”), que convierte textos formales y profusamente bien escritos, como los hace la IA, en algo más destartalado. Sinceerly permite tres niveles de conversión: “sutil”, “humano” o “CEO”, que es el modo dios de la escritura chapucera.

“Yo mismo cometo un montón de erratas y además mi bandeja de entrada está llena de basura de IA”, explica Horwitz a EL PAÍS por mensaje. “Me doy cuenta de que ya sin querer escribo como el modo ‘sutil’ de Sinceerly. Soy modo ‘humano’ en mis buenos días (breve, pero con erratas), y aspiro al estilo CEO: claro, al grano y muy muy breve”, explica. Más allá de la idea, que es una medio broma e improbable que se convierta en un gran negocio, Horwitz quiere que nos fijemos en algo que ya está pasando: vemos tantos textos escritos con IA que dedicamos parte de nuestro esfuerzo a saber si el autor ha hecho trampa. Un modo de dejar claro que algo es humano es escribir con erratas, nuevo pináculo del prestigio humano en la era de la IA. “Inconscientemente, me he vuelto peor escritor”, dice Horwitz. “Me doy cuenta de que sin querer escribo con errores gramaticales a propósito. Para que la gente sepa que soy humano. Me pone un poco triste”.

No es el único que está triste ante esta caída debido a la perfección rabiosa de la IA. “Ahora dudamos de todo, si un vídeo o un texto está escrito con IA. Me da mucha pena el rumbo que coge esto, y abusar de la IA hace que no reflexionemos tanto”, dice Nerea Satrústegui, escritora y editora profesional.

Las faltas de ortografía como premio

Las erratas y cierta dejadez en la gramática es algo que la gente ha asumido más rápido de lo que parece. Julio Alonso, catedrático de IA en la UNED, detectó algo así ya en 2023, pero en su cabeza se le hace inevitable darle cierto valor: “Hace unos meses le confesaba a otro profesor que ahora, cuando me encuentro faltas de ortografía en un trabajo de un estudiante, tengo que controlar un impulso de valorarlo mejor, porque mi subconsciente interpreta ese tipo de errores como señal de esfuerzo, de que no han delegado ese trabajo a una IA. Me respondió lacónicamente: ‘¿y crees que los estudiantes no lo saben?”, explica.

El círculo vicioso que puede crearse si seguimos todos por esta pendiente será gracioso: “Esto plantea un problema circular: la gente añade errores para señalar que es humana, y luego necesitamos que la IA haga lo mismo. Espero que no lleguemos a ese punto, aunque no tengo ni idea”, dice Jenna Russell, investigadora de la Universidad de Maryland.

Todo esto está ocurriendo porque hay humanos que quieren dejar claro que no usan la IA para escribir. Es una señal valiosa hoy, al menos de momento. Un periodista del NYTimes reveló en X que un publicista le había dicho que subía la apertura de emails cuando ponían una errata en el asunto porque era una señal humana. Con los textos ocurre igual: “Ponemos mucho valor en la prueba de esfuerzo. Así que es lógico que el que escribe de su puño y letra empiece a preocuparse de si su estilo puede hacer que le confundan con una IA”, dice Alonso.

Las erratas son el camino más fácil para no parecer una IA. Pero para quien quiera escribir correctamente, no es fácil distinguirse. Hay recursos que la IA usa más y que los humanos, al verlos, intuimos que hemos detectado escritura automática: los guiones, la fórmula “no es esto, ni esto otro, sino esto de más allá”, o los puntos y un cierre moral al final. Pero es un método dudoso. Los guiones ya no aparecen tanto porque OpenAI hizo que su ChatGPT los usara menos. Además, saber demasiado bien cómo escribe la IA puede implicar cosas desagradables: “Los marcadores lingüísticos pueden cambiar, pero tal como están las cosas ahora mismo, cuanto más se lee texto generado por IA, más evidentes se vuelven esas señales, y cada vez más gente habla de ellas y lleva la cuenta de cuáles son las actuales”, dice Russell, que ha comprobado que quien mejor detecta texto escrito con IA es quien más la usa.

Para Russell, hay algunas herramientas cono Pangram y GPTZero que son aceptables para detectar texto, al menos en inglés: “Son en general fiables”, dice.

No hay, sin embargo, una solución fiable, más allá de lograr una voz y tener algo que decir, que tampoco parece la panacea. “Para no sonar a IA hace falta saber quién eres cuando escribes. Conocer tu voz, tu tono, tus muletillas, tu manera de construir una idea. Eso no te lo puede dar ninguna herramienta. Te puede ayudar en el proceso, sí, pero debes esforzarte. Tu voz, tu tono, es lo primero que se pierde cuando delegas la escritura sin ese trabajo previo”, dice Satrústegui. Es un camino, pero no soluciona realmente el problema.

La mejor opción está en ir más hacia la raíz del problema: no la escritura, sino las ideas. Russell acaba de publicar un artículo donde trata de ver si las ideas concretas de un texto las pensó un humano o una IA. Descubrieron que sacando características de historias de ficción a partir de más de 10.000 relatos humanos y 50.000 escritos por IA, pudieron entrenar un modelo sencillo para detectar si una historia es IA o humana: “¡Y sin usar ningún rasgo estilístico!”, dice Russell. “Pero queda mucho camino para entender cómo detectar diferencias estructurales entre el pensamiento humano y la IA. Y a medida que la IA mejora, quién sabe cuánta distancia habrá de aquí a 10 o 20 años”, añade.

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