VioGén: visita a las tripas del algoritmo que calcula el riesgo de que una mujer sufra violencia machista

Interior muestra los entresijos del programa que ha evaluado en 15 años el peligro de volver a sufrir malos tratos para 800.000 víctimas y activa las medidas de protección. Su gran margen de mejora, opinan los expertos, está en el factor humano

Unas 90.000 mujeres pasan cada año por el sistema VioGén.
Unas 90.000 mujeres pasan cada año por el sistema VioGén.kitzcorner (Getty Images)

No todas las mujeres que han sido víctimas de violencia machista tienen las mismas posibilidades de volver a ser agredidas. A los ojos de las instituciones, ese nivel de riesgo lo marca en España un algoritmo: el Sistema de Seguimiento Integral en Casos de Violencia de Género, VioGén. Activo desde 2007 y con más de tres millones de evaluaciones a 800.000 mujeres a sus espaldas, está considerado el mejor sistema del mundo en su tipo, aunque un informe independiente presentado hace un mes por Fundación Eticas pone en duda la fiabilidad de los datos recogidos por funcionarios poco formados o la validez de la información aportada por víctimas en estado de conmoción. Este sistema no había sido mostrado hasta este momento a periodistas. EL PAÍS ha sido invitado esta semana a observar cómo trabaja el equipo de 22 personas que gestiona y monitoriza este programa.

El funcionamiento de VioGén es aparentemente sencillo: los agentes que toman declaración a la denunciante rellenan después un cuestionario específico en el que deben valorar diversas cuestiones y que se complementa con información disponible del agresor y la víctima. El peso de las respuestas se pondera automáticamente y arroja una calificación de riesgo que, en caso de ser alta, activa las medidas de protección policial. Estas pueden ir desde hacer llamadas de seguimiento a poner un coche patrulla las 24 horas del día en la puerta del domicilio de la víctima.

Tras constantes ajustes en sus años de servicio, el Gobierno ultima VioGén 2, una ambiciosa actualización del sistema que, como gran novedad, cruzará de forma automática los datos de los que ya se nutría (Interior y Prisiones) con los de Justicia, y prevé hacerlo con los de Sanidad, para afinar mejor en sus valoraciones y en la prevención. Fuentes oficiales y observadores independientes coinciden en que el gran margen de mejora del sistema reside en el componente humano: hace falta que los agentes tengan siempre más y mejor formación y sensibilidad sobre violencia machista. Algunas voces exigen también que se haga público el código fuente del algoritmo: si el grado de seguimiento de la Administración a una víctima de violencia machista depende de una función matemática, quizás convendría saber cómo se ponderan qué variables para cerciorarse de que no haya errores. El secretismo que rodea a esta fórmula maestra es visto por unos como un ataque a la transparencia y por otros como una capa necesaria de defensa del sistema.

El balance que hace el Gobierno de VioGén es positivo. Su nueva versión, que estará lista en los próximos meses, permitirá añadir a la ecuación datos tan importantes como las visitas a urgencias de las víctimas, las situaciones físicas o psíquicas de estas mujeres que puedan percibir las plantillas de los centros de salud o percances menores con la justicia que hayan tenido los agresores. También le aportará velocidad a todo el proceso. “La mujer no tendrá que esperar a que el policía rellene el programa tras prestar declaración, el sistema integrará la información de forma automática, por lo que el tiempo de espera será menor”, explica María Jesús Cantos, responsable de VioGén, sobre las horas que actualmente pasan las mujeres en las comisarías cuando van a denunciar. “Lo cual reduce la victimización secundaria a tener que revivir y contar. Es muy duro para ellas”, añade.

El personal de VioGén centraliza desde un bajo en el centro de Madrid las comprobaciones de las casi 70.000 mujeres que hay ahora mismo en riesgo: llaman a las víctimas para ver su evolución, organizan las medidas de protección necesarias y coordinan a los funcionarios competentes. En la mesa de reuniones en la que se citó a los periodistas había una placa de la policía de Ucrania. “VioGén llama la atención de los cuerpos de seguridad de todo el mundo. Pocas semanas antes de la invasión rusa vino una delegación de ese país”, apunta Juan José López Ossorio, investigador del Área de Violencia de Género del Ministerio del Interior y uno de los mejores conocedores de la herramienta. Francia incluso llegó a explorar la posibilidad de que Interior les preparara un sistema análogo.

María Jesús Cantos, responsable de VioGén, y Juan José López Ossorio, investigador del Área de Violencia de Género del Ministerio del Interior, en su oficina de Madrid.
María Jesús Cantos, responsable de VioGén, y Juan José López Ossorio, investigador del Área de Violencia de Género del Ministerio del Interior, en su oficina de Madrid.Victor Sainz

El margen de error humano

Un instrumento que, como cualquier otro, puede mejorarse, de ahí la actualización a VioGén 2. En este caso, donde parece haber más margen de mejora es en la parte humana, en el error de sesgo que puede existir a la hora de escuchar a la víctima e introducir, a través del cuestionario predefinido por VioGén, ese relato en el sistema. “Todos tenemos una educación y una cultura, y claro que hay errores de sesgo”, concede Cantos. El objetivo, el de su equipo, es trabajar para que no los haya.

Dentro del temario para opositar a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado se incluye la violencia de género, hay cursos periódicos y están trabajando en una formación más amplia para incidir en esta área. También hay equipos formados específicamente en violencia machista, pero no todos los agentes que entran en contacto con víctimas la tienen, como sí es el caso de los 30.000 funcionarios con acceso al sistema VioGén.

Por eso, a la hora de construir el sistema, se tuvo en cuenta la validez ecológica, un concepto psicológico que evalúa hasta qué punto la teoría es aplicable en contextos reales. “¿Qué heridas tiene la víctima? ¿Cuál es su contexto sociocultural? Todo es importante”, explica el experto. A partir de ahí, los profesionales se sirven de dos cuestiones para tomar las decisiones: “En su formación en el área y la experiencia de haber visto muchas víctimas”. Por otra parte, sus observaciones van calibradas por “un instrumento que está diseñado, construido y validado para dar servicio a esta necesidad específica”.

También trabajan con la experiencia común, es decir, con el análisis de los datos que recogen desde hace 15 años. Saben, por ejemplo, que el momento de mayor riesgo es el previo a la separación o a la ruptura y los tres meses posteriores. Ocurrió hace apenas un mes en Pozuelo de Alarcón (Madrid). La mujer tenía 32 años, había denunciado a su marido el 19 de enero por malos tratos, él tenía una orden de alejamiento y la asesinó un día antes del juicio para comenzar los trámites de divorcio. Sucedió también un mes antes, en Totana (Murcia), cuando Johan Styven P. O., de 19 años, asesinó a Claudia Abigail Siguencia, de 17, porque no quería convertirse en ex.

Para que ocurriera el primero de aquellos asesinatos, hubo varios fallos, entre ellos una orden de alejamiento que no se cumplía y el silencio en torno a ese quebrantamiento durante meses. En el segundo, nadie pudo prever nada. La necesidad, la de proteger a las mujeres víctimas, es una cuestión de presente continuo, pero tiene también un trasfondo en el que trabajan para el medio y largo plazo: los mecanismos de alerta temprana. Cambios en el sistema y en la forma de trabajar que les ayuden no a paliar, sino a prevenir la violencia. Ahonda Cantos en que no solo la herramienta tiene “avisos automáticos” que saltan cuando algo no se está haciendo de forma correcta, lo que se llama el supervisor de procesos, sino que “hay personas que están continuamente revisando desde aquí”. Para que no llegue a ocurrir el más mínimo indicio de agresión y, por supuesto, que no se produzcan asesinatos.

La automatización de un cálculo delicado

Para empezar a andar ese camino se creó VioGén. Fue diseñado por el profesor Antonio Andrés Pueyo, catedrático de Psicología de la Universitat de Barcelona (UB), junto con otros expertos como el psicólogo Manuel de Juan Espinosa, de la Universidad Complutense de Madrid, o la criminóloga Anabel Cerezo, de la Universidad de Málaga. Algunas de las facetas de VioGén las trasladó Pueyo al año siguiente a RisCanvi, el algoritmo desarrollado también por su equipo que ayuda a los jueces catalanes a calcular el riesgo de reincidencia de los presos.

El encargo vino de la entonces vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega. La Ley de Violencia de Género de 2004 contemplaba que los agentes emitieran una valoración al juez del riesgo de que las mujeres que denunciaban malos tratos volvieran a sufrirlos. A esa valoración se le dio la forma de un informe que incluía la declaración de la víctima y lo que el agente pudiera extraer de ella, así como otros datos disponibles acerca del presunto agresor y de la víctima, que van desde su autonomía financiera hasta los antecedentes o si tienen o no descendencia.

Desde un primer momento se optó por automatizar el proceso. “La gran fortaleza de VioGén es que homogeneiza las valoraciones. Un policía de Vigo, Alicante o La Laguna no tienen por qué pensar lo mismo, como tampoco un Guardia Civil recién salido de la academia y otro que lleve 20 años en activo. Estos protocolos por lo menos dan unas ciertas garantías allí donde se aplican”, señala Pueyo.

El experto ha participado en las seis versiones del sistema que se han aplicado hasta ahora. “Se han ido corrigiendo parámetros y puntos de corte, calibrando elementos de riesgo que a lo mejor no eran tan importantes, etcétera”, explica. También se ha incluido la evaluación del riesgo de feminicidio y de malos tratos a los hijos. “Podemos considerar que VioGén ha sido un éxito. Cuando un protocolo lleva 15 años en marcha, indica que como mínimo alguna utilidad tiene”, concluye.

Oficinas del Servicio Central de Violencia de Género, en Madrid, donde se da cobertura al sistema VioGén.
Oficinas del Servicio Central de Violencia de Género, en Madrid, donde se da cobertura al sistema VioGén.Víctor Sainz

Transparencia y fiabilidad

Una de las principales críticas que ha recibido el sistema es que su algoritmo no ha sido auditado por observadores independientes, cuando por ley se debería examinar todo sistema automático con repercusiones sociales. Y VioGén lo es. Aunque los agentes desempeñan un papel importante en la valoración del riesgo, no saben cómo influye cada respuesta al cómputo total. El cálculo del riesgo es una función matemática que se ejecuta sin intervención humana.

Mostrar las tripas del algoritmo serviría para poder detectar posibles mejoras y comprobar si se está discriminando a algún colectivo. Sin embargo, al trabajar con una información tan sensible como la violencia machista, puede estar justificado aplicar una capa de secretismo. Según confirman desde el Ministerio del Interior a EL PAÍS, un equipo de investigadores de la Universitat de València elaborará un informe para Amnistía Internacional que valorará las fortalezas y debilidades del sistema.

La Fundación Eticas, especializada en auditoría algorítmica, decidió el año pasado hacer un estudio externo del impacto de VioGén. Realizaron un análisis estadístico sobre una muestra de 126 casos de homicidios perpetrados por las exparejas de las víctimas, con datos obtenidos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), y entrevistas en profundidad a 31 supervivientes de violencia machista.

Aunque su muestra es pequeña (a 31 de marzo había 69.482 mujeres en riesgo), sus resultados, presentados hace un mes, son llamativos. El 80% de las entrevistadas dijeron haber tenido algún tipo de problema con VioGén, ya fuera por considerar que alguna de las preguntas que les hicieron los agentes no era clara, por irse de la comisaría sin conocer su calificación o por no estar en condiciones de pensar con claridad en el momento en el que se les preguntó. Todo eso podría afectar a la calidad de los datos introducidos en el sistema y generar fuentes de sesgo, dice el informe.

Tras 15 años en funcionamiento, habiendo evaluado más de 800.000 casos, la base de datos de VioGén es única en el mundo. Gemma Galdon, directora de Fundación Eticas, echa de menos que se trabajen más esos datos para encontrar patrones que ayuden a prevenir crímenes. “Por ejemplo, ahora se le da mucho peso al hecho de que la última agresión se haya realizado recientemente cuando estamos viendo que hay un alto grado de reincidencia cuando ha pasado más tiempo desde el último ataque. Los análisis complejos de relación de variables pueden sacar a relucir variables inesperadas que no se hayan detectado con la mera observación”, apunta.

Ese debate ha existido en el Ministerio. De hecho, disponen ya de un paquete estadístico y parte del equipo de VioGén se está familiarizando con él. Pero por el momento no lo van a usar. “Preferimos ser cautos. Los enfoques de machine learning [o aprendizaje automático, una rama de la inteligencia artificial] plantean potencialidades, pero también muchos problemas, como se vio con el sistema Compas de Estados Unidos”, expone López Ossorio. El algoritmo al que hace referencia, que usa la inteligencia artificial para calificar el riesgo de reincidencia de los presos, quedó señalado cuando se demostró que discrimina a las personas negras.

Maribel Montaño, la directora de la Unidad de Violencia contra la Mujer de la Delegación del Gobierno en Andalucía, recalca que “siempre hay margen de mejora tanto en las tripas informáticas del sistema como en los entrevistadores”. Cree que, en este sentido, debe haber “una formación continua”. Pero Montaño va más allá, porque esa herramienta solo puede funcionar cuando hay denuncia, y arguye que parte de la mejora del programa debe estar en poner el foco ahí: “La estimación que hacemos desde la Secretaría de Seguridad es que las mujeres que denuncian son un 25% de las que sufren violencia de género. Teniendo en cuenta que hay más de 800.000 casos acumulados, imagínate el mundo que eso nos abre, estamos mirando una habitación, pero está a oscuras y nuestro foco solo ilumina una esquina”.

Además de “afinar mucho”, alega, “hay otro reto enorme pendiente, que es iluminar las otras tres esquinas de esa habitación y conseguir ver a todas las mujeres que lo sufren”. A ello también apunta Ana Bella, la creadora de una fundación con su nombre para la inserción de las mujeres supervivientes de la violencia machista, como lo es ella. Ha participado en la auditoría externa de la Fundación Eticas, y dice que a veces hay “falta de confianza en el sistema”. Se refiere a la herramienta, pero también a todo lo que la rodea: “Cuando ves que no funciona, te sientes indefensa”. Pero ahí detiene el relato, al teléfono: “Ojo, que gracias a VioGén hay muchas mujeres que están vivas. Si hay cosas que se pueden mejorar, que las hay, que se mejoren, por supuesto. Pero salva vidas”.

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