Conversación con la bandera LGTBIQ+: “Los ataques contra mí son ataques contra toda la sociedad”
La enseña del colectivo está en el punto de mira de los políticos ultras. Imaginamos una charla con ella para ver cómo se siente, sus orígenes o lo que representa


En esta entrega de la Queerletter nos imaginamos qué diría la bandera del colectivo si nos diese una entrevista. Apúntate aquí para recibir cada semana la newsletter LGTBIQ+ de EL PAÍS.
La bandera LGTBIQ+ ha sido objeto de ataque en la cuna de la lucha por la igualdad. La semana pasada, la Administración Trump retiró la enseña de Stonewall, en Nueva York, donde en 1969, tras una brutal redada policial, comenzó la lucha del colectivo. Solo unos días después de desaparecer de ese lugar de memoria —en medio de la noche, durante la madrugada—, cientos de personas, activistas, políticos, vecinos, se congregaron en torno a Stonewall para izar una nueva enseña que ahí permanece. Además, han surgido movimientos políticos por parte de los demócratas que buscan garantizar por ley que ondee de manera permanente en el histórico sitio. Conversamos con la bandera LGTBIQ+ para que nos cuente qué piensa de todo esto.
¿Qué has sentido al ser retirada de Stonewall; en general, cuando te expulsan de un lugar?
Cuando me arrancan de una plaza o me esconden, lo que buscan es borrar una realidad; intentan invisibilizar a miles y miles de personas. Lo mismo ocurre, por ejemplo, cuando agreden a Pascal Kaiser, el árbitro alemán que pidió matrimonio a su novio durante un partido. Le han atacado ya dos veces para castigar su precioso gesto de visibilidad. Es algo que no podemos permitir. A pesar de todo, mi ausencia forzada habla muchas veces tan alto como mi presencia. (Por favor, trátame de tú).
¿Te han vetado mucho?
En muchos lugares me celebran y me reivindican, pero en otros me quieren ocultar. Lo han hecho en lugares tan inesperados como Madrid, una de las capitales globales del Orgullo. En sus instituciones hace años que no ondeo: estuve en el Ayuntamiento cuando Manuela Carmena era alcaldesa y en la Comunidad cuando ejercía Cristina Cifuentes. Eran de partidos diferentes —la primera progresista, la segunda conservadora—, pero ambas entendían que represento una lucha por los derechos humanos, por la mejora de la sociedad.
Desde entonces, no me han vuelto a colocar. Han intentado usar la excusa de que no se deben ondear banderas no oficiales en edificios institucionales —la misma que han aplicado los republicanos de Trump para retirarme de Stonewall—. Sin embargo, un juzgado de Madrid ha reconocido ahora que mi presencia no cuestiona la oficialidad, pues no soy una bandera de ninguna formación política, sino una que defiende la igualdad y a las personas.
En otros lugares, comenzaron vetándome —tildaron la defensa de los derechos LGTBIQ+ de ideología— y acabaron declarándome un emblema extremista y terrorista. Así ha ocurrido en la Rusia de Putin. Sus acólitos en Europa, como el primer ministro de Hungría, Víktor Orbán (que es un “aliado indispensable” para la Administración Trump), han intentado aplicar una estrategia similar, pero el colectivo le respondió celebrando el Orgullo más masivo de la historia del país: las calles de Budapest se inundaron con mis colores.
Hay que cuidarme: los ataques contra mí acaban siendo ataques no solo contra el colectivo, sino contra toda la sociedad. No solo buscan borrarme, sino también reprimirnos a todes, todas y todos.
¿Recuerdas tu primer Orgullo?
Claro. Fue un día muy especial: el 25 de junio de 1978, en la Marcha por el Día de la libertad gay de San Francisco. Fui creada ese mismo año, por Gilbert Baker. A él le hizo el encargo el bueno de Harvey Milk, a quien el actual presidente de EE UU también ha intentado borrar.
Hasta ese momento, se había usado el triángulo, que fue aplicado por los nazis para marcar la homosexualidad y se resignificó después como símbolo de resistencia. Baker entregó a Milk la enseña multicolor. Milk era un líder que siempre defendió la visibilidad, la idea de no esconderse en las sombras. Sabía la importancia de los referentes y el daño que hace carecer de ellos. Fue un momento histórico: la comunidad LGTBIQ+ ya tenía un símbolo propio. Nací con ocho colores, que representaban la diversidad que acojo, pero he ido evolucionando.
¿Por qué?
No soy estátique; soy proceso y evolución. Tú tampoco eres el misme que hace unos años. Nadie lo es. ¡Y yo ya tengo 48 añitos! Cuando incorporo más colores, más formas e identidades, crezco, me hago más fuerte. Cada nueva versión de mí misme representa un diálogo con el presente. Soy memoria, icono, pero también futuro. Mi última versión es la Progress, que fue diseñada en 2018 por Daniel Quasar, une artiste no binarie de EE UU.

¿Qué te inspira cuando te cuelgan en un balcón?
Depende del momento del año, quizás cambia un poco el mensaje. En junio soy celebración visible. El resto del año represento compromiso y hago saber que el lugar donde estoy colgade es un espacio seguro, donde hay cuidados y respeto.
¿Qué crees que piensan las personas cuando te miran?
Que no están soles. Yo existo por vosotros. No hay que encajar en orientaciones o identidades rígidas y normativas. Cuando alguien me ve, sabe que no está sole, que hay una comunidad, que las personas LGTBIQ+ han luchado, avanzado y que ahora, a pesar de las amenazas y del auge de opciones políticas que me cuestionan a mí o la propia existencia del colectivo, hay muches persones e iniciativas que también nos reivindican.
En España se está avanzando en la creación de Lugares de memoria LGTBIQ+: la semana que viene se va a crear uno nuevo en la Colonia Agrícola de Tefía, donde durante la dictadura franquista se recluía a homosexuales. Un espacio de tortura y maltrato va a pasar a ser un espacio de recuerdo y reivindicación.
Mientras, en Nueva York, tras el intento de Trump de retirar la bandera y el despliegue de políticas contra los derechos LGTBIQ+, especialmente contra las personas trans, el alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani, ha dicho que creará una Oficina de asuntos LGTBIQ+. En ella ofrecerán programas de vivienda o dispensarán terapias de afirmación de género que el ultraconservador Trump está intentando eliminar. “Haremos de Nueva York una ciudad santuario LGTBIQ+”, ha planteado Mamdani. En un tiempo de oscuridad, mis reivindicaciones, mis colores, mi lucha, mi alegría, deben ser la luz.
Apúntate aquí para recibir la Queerletter, la newsletter LGTBIQ+ semanal de EL PAÍS, con textos como este.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































