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La Eurocámara urge a la Comisión que proponga tipificar la violación con el consentimiento como eje en toda la UE

Los eurodiputados defienden la necesidad de hacer un nuevo intento tras no lograrse incluir la definición en base al consentimiento en la gran ley europea contra la violencia machista de 2024

Manifestación convocada por el Movimiento Feminista de Madrid a su paso por Cibeles, el 8 de marzo. INMA FLORES

El Parlamento Europeo quiere que el delito de violación esté tipificado de la misma forma en toda la Unión Europea y que su definición se base en una noción inequívoca del consentimiento. Por ello, ha aprobado de forma amplia un informe en el que se insta a la Comisión Europea a que vuelva a realizar, “sin demora”, una propuesta legislativa en este sentido, para reparar el hecho de que, en 2024, no se logró el consenso de varios Estados para incluir este concepto en la primera gran ley europea contra la violencia machista.

Con 447 votos a favor —incluido un amplio apoyo del PP, como ha denunciado Vox—, 160 en contra y 43 abstenciones, los eurodiputados han aprobado un texto que reclama a la Comisión “que proponga, sin demora, legislación que establezca una definición de violación a escala de la Unión basada en el requisito de un consentimiento libre, informado y que pueda retirarse, de conformidad con el artículo 36 del Convenio de Estambul”.

“No podemos permitir que, en 2026, las mujeres sigan siendo cuestionadas en algunos Estados miembros sobre si realmente dijeron que no, cómo dijeron que no, que se les pregunte cómo iban vestidas o si se resistieron o no. Son cosas inaceptables”, ha subrayado en rueda de prensa la eurodiputada socialdemócrata sueca Evin Incir, ponente por parte de la Comisión de Libertades Civiles y que también fue clave en impulsar la directiva contra la violencia machista hace dos años.

En una propuesta muy impulsada por los socialistas y demócratas de S&D, pero que ha recibido un amplio apoyo del Partido Popular Europeo (PPE), incluido del PP, el texto plantea una noción del consentimiento inspirada en la ley española del “solo sí es sí” al subrayar que “únicamente la manifestación de consentimiento clara, afirmativa, libre e inequívoca resulta válida”, mientras que “el silencio, la falta de resistencia verbal o física o la ausencia de un «no» no pueden interpretarse como consentimiento”. También se deja claro que “ni el consentimiento previo ni la conducta sexual pasada, ni una relación pasada o presente con el autor, incluido el matrimonio u otra situación de pareja, implican un consentimiento actual o futuro para acto sexual alguno”. Finalmente, los eurodiputados hacen hincapié en que el consentimiento es revocable y “puede retirarse en cualquier momento antes o durante el acto sexual”.

“No podemos cambiar la definición de violación según vamos cruzando fronteras en la UE, no podemos permitir que en Alemania sea violación una cosa y en Hungría no”, ha denunciado la eurodiputada polaca Joanna Scheuring-Wielgus, ponente de la Comisión de Derechos de la Mujer y también miembro de S&D. “En 2026, hay demasiados Estados miembros donde la ley protege mejor objetos como una cartera o un teléfono que el cuerpo de una mujer”, había lamentado por su parte Incir durante el debate sobre la propuesta, realizado el lunes al comienzo del pleno en Estrasburgo de esta semana.

En la propuesta ahora aprobada, negociada por una docena de eurodiputadas de todos los grupos políticos, los legisladores defienden que el consentimiento debe evaluarse en el contexto de las “condiciones circundantes”. En este sentido, “no puede prestarse cuando medie violencia, amenaza, sorpresa, engaño, abuso de poder, incluidos control, coacción, una alteración corporal o mental, como un estado de miedo, intimidación, pérdida del conocimiento, parálisis como consecuencia del miedo o el trauma, efectos de sustancias, sumisión química, sueño, enfermedad, lesión corporal, discapacidad o una situación particular de vulnerabilidad de otro tipo”.

Argumentan también que las respuestas al trauma (como las respuestas de «congelación» o «falsas») deben incluirse en la legislación y la práctica judicial y vuelven a reclamar que la violencia de género se tipifique como delito a nivel comunitario.

La votación parlamentaria busca reabrir el debate sobre el consentimiento que se cerró en falso en 2024, cuando los legisladores no lograron que se incluyera este concepto en la primera ley europea contra la violencia machista por la oposición férrea de Alemania, Francia y Hungría, que lograron crear una minoría de bloqueo en el Consejo.

Desde entonces sin embargo algunas cosas han cambiado, aunque los próximos tiempos mostrarán cuánto. El ultranacionalista húngaro Víktor Orbán ya no está en el gobierno. Su sucesor, Peter Magyar, realizará una primera visita a Bruselas este jueves. Y en Francia, que como Alemania alegaba cuestiones jurídicas —que la UE no tiene competencias jurídicas en este tema, cosa que la Eurocámara contradecía y sigue contradiciendo— para frenar el concepto, el mediático caso de Gisèle Pelicot, la mujer que fue abusada por decenas de hombres mientras estaba inconsciente, drogada por su marido, llevó a finales del año pasado a incluir la noción del consentimiento en el delito de violación. Ahora, la legislación gala considera que una violación es “todo acto sexual no consentido” y que ese consentimiento es “libre, informado, específico, previo y revocable”, en línea con la definición propuesta ahora por la Eurocámara.

Un hecho que demuestra, según Imcir, que el debate no es jurídico sino de “voluntad política”.

En la nueva Estrategia de Igualdad de Género presentada por la Comisión Europea en vísperas del pasado 8 de marzo, el Ejecutivo europeo se compromete a buscar una manera de conseguir una legislación a nivel europeo en la que se defina la violación en relación con el concepto del consentimiento, aunque de manera, según las eurodiputadas, demasiado vaga. De hecho, en su comparecencia ante la prensa en Estrasburgo tras la votación, Imcir ha reconocido que en sus encuentros con la comisaria de Igualdad, Hadja Lahbib, no ha visto “ningún progreso en cuanto a acciones concretas para poner una propuesta sobre la mesa”, como le reclama ahora de forma concreta la Eurocámara.

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