El hombre que dejó agonizar a su mujer con esclerosis múltiple durante cinco días llevaba una década vejándola y amenazándola

La víctima, que también sufría alzhéimer, se cayó en el pasillo de su piso en el madrileño barrio de Puente de Vallecas y su pareja, un exmilitar de 68 años sobre el que había dos denuncias previas, la dejó morir

Varias mujeres durante la manifestación contra las violencias machistas en el distrito de Vallecas, el 25 de noviembre en Madrid.
Varias mujeres durante la manifestación contra las violencias machistas en el distrito de Vallecas, el 25 de noviembre en Madrid.Alejandro Martínez Vélez (Europa Press)

El martes 29 de noviembre, una mujer se cayó en el pasillo de su piso, en Puente de Vallecas. Española de 67 años, padecía esclerosis múltiple y alzhéimer. Su marido, también español, exmilitar de 68 años, le puso una almohada debajo de la cabeza y la dejó ahí, en el suelo, durante cinco días. No le dio la medicación que necesitaba, no le dio de comer, no la ayudó ni llamó a nadie. Hasta el domingo a las 11.24 de la mañana. Avisó a los servicios de emergencias de que su mujer llevaba desde el martes tirada en ese pasillo y que la había dejado ahí porque ella se lo había pedido. Emergencias contactó con la policía “por lo extraño del relato”, dicen fuentes cercanas al caso, “nadie llama a emergencias para decir que alguien lleva cinco días en el suelo tras una caída”. Cuando el equipo de sanitarios y los agentes llegaron, el estado de la mujer era “lamentable”. Ya estaba muerta, tumbada de lado, y la “incoherencia” en el relato de los hechos del hombre hizo que la policía se lo llevase detenido, en principio, por un delito de omisión del deber de socorro.

Pero cuando comenzaron las primeras investigaciones, el caso pasó de un Juzgado de Instrucción a uno de Violencia sobre la Mujer, que ya ha decretado la entrada en prisión provisional del hombre, “imputado por un delito de homicidio en grado de consumación”, según explicaron el miércoles fuentes de la Delegación del Gobierno en Madrid. Tenía dos denuncias y su mujer constaba en el registro del Sistema Viogén, el de seguimiento de las víctimas de violencia machista.

La primera entrada en el sistema fue el 13 de febrero de 2020, cuando la hija mayor de ambos, que vive en un pueblo de Sevilla, interpuso una denuncia desde allí. “Pone en conocimiento [de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado] las amenazas y vejaciones sufridas por su madre por parte de su padre, cuenta que su madre lleva siete u ocho años conviviendo con amenazas del tenor de ‘te voy a matar’, ‘voy a acabar contigo”, y de manera “constante, la amenazaba con un cuchillo”, explican fuentes cercanas a la investigación.

La hija, además, contó en esa denuncia que hacía casi tres años que su madre era dependiente de su padre y que “en numerosas ocasiones se ha hecho sus necesidades encima sin recibir apoyo de él”. Es entonces cuando la mujer se va a vivir con ella a la provincia de Sevilla. Desde allí, apenas dos semanas después de la primera denuncia, la de la hija, es la víctima quien interpone una segunda. Lo hace el 2 de marzo y el motivo son malos tratos, amenazas y vejaciones. Las mismas fuentes informan de que en aquel momento se consideró un caso “de riesgo bajo, puesto que vivían en comunidades distintas”, pero que, aun así, dos días después, el 4 de marzo, el juzgado “impone [medidas] cautelares de alejamiento e incomunicación” durante seis meses.

Sin embargo, el 19 de junio la mujer regresa a Madrid, a su piso de Puente de Vallecas, con su marido, “a pesar de tener vigente la orden de protección”. Cuando vuelve a su casa, se informa tanto a la Guardia Civil de Sevilla como a la comisaría de Puente de Vallecas, que ese mismo día se pone en contacto con ella. La mujer les comunica que ha vuelto a vivir con su marido y que quiere retirar la denuncia. En septiembre, el caso pasa a estar inactivo por “finalización de la vigencia”.

En las relaciones en las que media violencia de género, que las víctimas vuelvan con quienes son sus maltratadores no es infrecuente. Abogadas, juristas, especialistas en psicología y otros ámbitos relacionados con la atención y la protección de víctimas, y estudios e investigaciones al respecto, llevan décadas analizando el ciclo de esta violencia. Tiene unas características específicas: en esas dinámicas, el agresor crea un vínculo con la víctima basado en el control, la sumisión, la dependencia y el miedo, que es difícil de cortar. En ellas se genera tolerancia a la agresión física y psicológica, lo que se llama indefensión aprendida, sentimientos de culpa y la creencia de que hay posibilidad de que él cambie y la violencia acabe.

Esta mujer, gran dependiente, con esclerosis múltiple, volvió con su marido, con el que llevaba casi una década de vejaciones, humillaciones y maltrato, sin que nadie percibiese riesgo. A la Comunidad de Madrid “no le consta ninguna intervención de los servicios especializados”, informan desde la Delegación del Gobierno. No se conoce aún nada por parte de la mayor de sus hijas, la que vive en Sevilla y con la que se mudó durante unos meses; y la menor, que vive en Madrid, no tenía ningún tipo de contacto con su familia.

El miércoles, la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género confirmó la naturaleza machista de este crimen, que eleva el número de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas a 40 en lo que va de año y a 1.173 desde 2003, cuando comenzó el registro oficial.

El 016 atiende a todas las víctimas de violencia machista las 24 horas del día y en 52 idiomas diferentes, al igual que el correo 016-online@igualdad.gob.es. También se presta atención mediante WhatsApp a través del número 600000016, y los menores pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10. En una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062), y en caso de ser imposible realizar una llamada, se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.

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Sobre la firma

Isabel Valdés

Corresponsal de género de EL PAÍS, antes pasó por Sanidad en Madrid, donde cubrió la pandemia. Está especializada en feminismo y violencia sexual y escribió 'Violadas o muertas', sobre el caso de La Manada y el movimiento feminista. Es licenciada en Periodismo por la Complutense y Máster de Periodismo UAM-EL PAÍS. Su segundo apellido es Aragonés.

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