El descenso de la incidencia en los colegios lleva a los expertos a pensar que la inmunidad de grupo está cerca

Los buenos datos de la pandemia incluso entre los niños sin vacunar, a un mes de la vuelta a las aulas, muestra la protección comunitaria de las vacunas y permite pensar en el fin de las mascarillas

Alumnos del colegio Aquisgrán, en Toledo, entran en el centro el pasado 9 de septiembre.
Alumnos del colegio Aquisgrán, en Toledo, entran en el centro el pasado 9 de septiembre.Ángeles Visdomine (EFE)

El miedo con el que hace un mes se vigilaba el regreso a las aulas de 5,2 millones de escolares menores de 12 años ha dejado paso al optimismo. El temido crecimiento de los contagios entre el único grupo de población sin vacunar no se ha producido y los expertos empiezan a considerar que la protección alcanzada ―casi el 80% de la población ya ha completado la pauta― ha llevado a España a una situación que se acerca a la tan ansiada inmunidad de grupo, aunque sin alcanzarla del todo ya que no es previsible la erradicación del virus. Un escenario que lleva a los expertos a vaticinar que no está muy lejano el momento en el que pueda plantearse el fin de las mascarillas en los colegios como primer paso del fin de su uso en interiores.

“Estamos en el mejor de los escenarios que podíamos prever hace un mes. La transmisión comunitaria ha bajado mucho y muy rápido, y esto, junto a las medidas de protección mantenidas en los colegios, han sido suficientes incluso con una variante tan contagiosa como la delta”, resume Quique Bassat, epidemiólogo e investigador ICREA del instituto ISGlobal (Barcelona).

Jesús Rodríguez Baño, jefe de enfermedades infecciosas del Hospital Virgen de la Macarena (Sevilla), comparte este diagnóstico: “Si tenemos que buscar una explicación al hecho de que la situación epidemiológica mejore de forma sostenida, que incluso lo haga entre quienes están sin vacunar, con la variante delta circulando y entre una progresiva vuelta a la normalidad, la única plausible es que algo parecido a ese concepto llamado inmunidad de grupo ya está funcionando”.

El informe diario del Ministerio de Sanidad aporta los datos que alimentan esta esperanza, solo contenida por “las debidas precauciones que hay que mantener frente a un virus del que aún no sabemos cosas como cuánto dura la inmunidad”, en palabras de Rodríguez Baño. La incidencia acumulada a 14 días se sitúa este jueves en 40,5 casos por 100.000 habitantes, un tercio de la registrada hace un mes. Una tendencia que se ha mantenido también entre los menores de 12 años, en los que en este mes los casos han bajado de 150 a 60. El descenso ha sido aún más abrupto ―de 154 casos a apenas 30― entre los adolescentes de 12 a 19 años, el 80% de los cuales ya ha completado la pauta vacunal.

Las curvas del resto de indicadores siguen el mismo trazo. Los hospitalizados son hoy 1.854, frente a los cerca de 4.600 hace un mes. Los ingresados en la UCI se cifran en 454, en comparación con los casi 1.200 de hace 30 días. Y los fallecidos con el virus en los últimos siete días ascienden a 87 frente a más de 200 de hace un mes, aunque este indicador incluye a personas contagiadas pero cuya causa principal de fallecimiento es atribuible a otros motivos.

Si se comparan estos registros con los de hace un año, cuando la segunda ola empezaba a tomar forma, las diferencias resultan abismales. La incidencia entonces superaba los 250 casos por 100.000 habitantes, los hospitalizados eran 11.300 y los ingresados en la UCI, 1.600. En una comunidad como Cataluña, hace un año había 1.500 clases confinadas. Ahora son 100.

“Estamos entrando en una nueva etapa en la que deberemos asumir que la covid es una enfermedad infecciosa más. Al igual que hay otras enfermedades cuyo impacto luchamos por limitar, como la gripe, sin que esto nos impida llevar una vida razonablemente normal, ahora deberemos aprender como sociedad a convivir con el coronavirus”, explica Rodríguez Baño.

En la ecuación que relaciona al SARS-CoV-2 con los colegios intervienen tres procesos consecutivos, explican los expertos. El primero es la entrada del virus a los centros, algo que depende de la circulación del patógeno en la comunidad. El segundo son los contagios ocurridos en las aulas, que en toda la pandemia han logrado mantenerse en niveles bajos gracias a la suma de medidas de protección (mascarillas, grupos burbuja...) y a la menor contagiosidad del virus entre los menores. Y por último, está la posibilidad de que los colegios actúen como focos diseminadores del patógeno, algo que no ha ocurrido durante la pandemia.

“Con las bajas incidencias actuales, entran muchos menos casos. Cada caso sigue produciendo muy pocos contagios. Y si estos se producen, como los familiares de los niños ya están en su gran mayoría vacunados, las cadenas se cortan rápido. Las vacunas no impiden los contagios, pero sí reducen mucho su número y los cuadros clínicos son casi siempre leves. Todo esto tiene un efecto multiplicador que explica la buena situación epidemiológica actual”, detalla Bassat.

Los expertos destacan que, con las elevadas coberturas vacunales alcanzadas, se ha reducido al mínimo el riesgo de que se produzcan los episodios de supercontagios que tanta importancia han tenido en la formación de las anteriores olas. “El escenario más probable en el futuro inmediato es que no haya nuevas grandes olas. Quizá se produzcan incrementos locales de la incidencia que no se extiendan, aunque sigue habiendo algunos elementos de incertidumbre como que surjan nuevas variantes”, explica Clara Prats, investigadora en Biología Computacional de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC).

Bassat considera que la variante delta al final no ha resultado tan problemática como se temía en las aulas. “Nuestros estudios sobre la variante alfa mostraron que incrementó ligeramente la R [el número de contagios que produce cada caso de media] respecto a la inicial, de 0,6 a 0,7 en algunas edades de los niños. Ahora podíamos esperar que subiera más con la delta, pero los datos preliminares nos muestran que no lo ha hecho o no lo ha hecho de forma relevante”.

La mejora de la situación epidemiológica y los buenos datos en las aulas vuelven a poner sobre la mesa la necesidad de que los niños sigan llevando la mascarilla en los colegios. Las administraciones siguen apostando por la cautela ante la necesidad de consolidar la tendencia y el temor a la entrada en escena de otros virus respiratorios.

El consejero de Educación de la Generalitat valenciana, Vicent Marzà, ha resumido este jueves en las Cortes valencianas la posición de que se mantiene la obligatoriedad del uso de la mascarilla y se seguirá exigiendo mientras así lo digan los técnicos sanitarios. Marzà ha destacado que se ha recuperado, como en el resto de España, el 100% de presencialidad y que en los centros impera “la máxima normalidad”, informa María Fabra.

El consejero de Salud catalán, Josep Maria Argimon, declaró el miércoles que el uso de las mascarillas se mantendrá durante el otoño y el invierno porque “es la época de los coronavirus” y abogó por ser “precavidos” en los próximos meses ante el riesgo de que confluyan el coronavirus y la gripe. Pese a ello, Argimon anunció que los colegios serán los primeros en abandonar el uso de la mascarilla en interiores cuando esto sea posible.

Se quiere ser prudente porque ha sido un logro que las escuelas sean un espacio seguro y esto se quiere mantener. Solo hace un mes que tenemos buenas noticias”, argumenta Bassat. Este experto pone el foco en que aún no está resuelta la cuestión de si ha llegado el momento de acabar con las mascarillas en espacios cerrados, aunque ve positivo que sean los niños los primeros en poder quitársela. “Pueden ser los centinelas y los que nos digan si se pueden quitar las mascarillas en interiores. Si una población no vacunada lo puede hacer sin que haya riesgo de rebrotes, esto será la mejor noticia”, concluye.

Rodríguez Baño destaca que “en el norte de Europa ya hay países que han quitado las mascarillas en interiores y eso que tienen menores tasas de vacunación, por lo que probablemente ya podemos pensar en volver pronto a una normalidad total sin mascarillas y así hay que plantearlo”.

Sobre la firma

Oriol Güell

Redactor de temas sanitarios, área a la que ha dedicado la mitad de los más de 20 años que lleva en EL PAÍS. También ha formado parte del equipo de investigación del diario y escribió con Luís Montes el libro ‘El caso Leganés’. Es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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