Prostitución de menores

Un exlegionario y un entrenador infantil, clientes de la pandilla de chicas de 13 a 16 años prostituidas en Almería

Las niñas eran amenazadas por la proxeneta, hermana de una de ellas, con ser excluidas del grupo y aisladas si se negaban. De familias de clase media, recibían dinero o regalos a cambio

Traslado de uno de los detenidos por prostitución de menores en Almería el pasado 20 de febrero.
Traslado de uno de los detenidos por prostitución de menores en Almería el pasado 20 de febrero.GUARDIA CIVIL / Europa Press

Un agricultor, un exlegionario y un entrenador de baloncesto infantil son algunos de los clientes de la red de prostitución infantil que fue desarticulada en Almería en verano. La Guardia Civil informó el pasado fin de semana de la tercera fase de esta operación. Los tres están en libertad con cargos, y fueron parte de la decena de detenidos que hubo en el curso de una investigación que aún sigue abierta. Estos hombres presuntamente explotaron y abusaron sexualmente de cinco menores desde 2019, cuando sus víctimas tenían entre 13 y 16 años. Todas —cuatro chicas y un chico― formaban parte del mismo grupo de amigos, asistían al mismo centro escolar y una de ellas era la hermana de quien supuestamente les obligaba a prostituirse, una joven de 20 años que permaneció tres meses en la prisión almeriense de Acebuche y que ahora también está en libertad condicional.

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“Todo empezó con actos leves que luego fueron a más, hasta llegar a orgías”, cuenta una fuente de la investigación. El aspecto aniñado de las menores era un incentivo para sus abusadores. Algunos llegaron a practicar con ellas conductas asimilables a las parafilias, apuntan las mismas fuentes, que destacan que el agricultor y el miembro de la Legión ―apartado ya del cuerpo―, los dos primeros detenidos junto a la proxeneta, eran “verdaderos depredadores sexuales”, que llegaban a tener encuentros con las niñas varios días a la semana. En el caso del primero, los investigadores consultados indican que pagó para que una de las menores mantuviera relaciones sexuales con su novio, también menor de edad y la única víctima varón de la red, mientras él miraba desde una furgoneta. Este sería el único caso en el que el chico habría estado implicado, afirman las citadas fuentes.

El entrenador de baloncesto infantil fue despedido por los dos clubes en los que entrenaba en el momento en el que se les comunicó su detención. Las fuentes consultadas sostienen que su única vinculación conocida con abusos de menores está relacionada con la red desarticulada. Ninguno de los supuestos clientes de la red tiene relación entre sí, confirman esas fuentes.

Los investigadores atribuyen a “la ingenuidad” de las víctimas el hecho de que no denunciaran o acudieran a sus padres a contar los abusos y la explotación a la que estaban siendo sometidas. “No eran conscientes de que lo que hacían estaba mal, solo se dieron cuenta cuando tras las detenciones hablaron con sus padres”, aseguran las fuentes consultadas. Todo empezó como una forma para conseguir regalos, como móviles de alta gama o bolsos de marca, y dinero fácil. En su declaración, las niñas relataron a los agentes que la presunta proxeneta les decía que “tenía unas cosillas para ganar dinero”, proponiéndoles que se quedaran con la mitad de lo que cobrasen por parte del hombre que quería ser “humillado”.

“Es irrelevante que fueran ingenuas o no, se trata de menores de edad”, advierte Amelia Tiganus, activista y víctima de prostitución. Amparo Díaz, abogada especialista en violencia machista y trata, abunda en el tema: “El síndrome de abstracción paradójica a la violencia y al abuso hace que las víctimas se adapten a las situaciones de prostitución y abuso y que traten de adaptarse como una estrategia para minimizar y negar lo que está sucediendo”.

Dominio sobre el grupo

Las niñas pertenecían a familias de clase media. “Los padres estaban mucho tiempo trabajando y, además, como todos eran del mismo grupo de amigos no sospecharon nada ni apreciaron conductas extrañas en sus hijas”, señalan las mismas fuentes. El dominio que ejercía la supuesta proxeneta sobre el resto de menores también era intenso. Cuando alguna se negaba a prestar un servicio —”no porque considerara que estaban abusando de ella, sino porque estaba cansada o no le apetecía en ese momento”, matizan esas fuentes—, ella las amenazaba con dejarlas fuera del grupo y aislarlas. “Al margen de ese grupo, las chicas no tenían más amigos. Era hermético. La amistad y la fuerza del grupo es tan grande que no se plantean que las estén utilizando”, cuentan los investigadores consultados.

“Este es un patrón habitual, el de anular a la víctima y alejarla de su contexto, las cadenas invisibles del maltrato psicológico operan mejor que las visibles”, asegura Tiganus. De acuerdo con las diligencias de la investigación, cuando la presunta proxeneta fue preguntada por los agentes si presionó a las niñas cuando se negaban a prestar los servicios, aseguró que “últimamente sí, porque ellas le hacían buscar clientes y, si luego no les interesaba, ella había perdido el tiempo con el cliente”. Su hermana reconoció que llegó a golpearla con el cable de un móvil por no querer ir a una cita.

En el caso de las víctimas de prostitución infantil, la abogada Amparo Díaz recuerda que una de las prácticas habituales para someterlas es elegir a mujeres que por percepción evolutiva o por rasgos personales no van a reaccionar contra lo que les ocurre, sino que se van a adaptar. “Suelen ser niñas a las que aíslan o que provienen de un entorno de aislamiento y así se consigue una dependencia directa de los proxenetas”, añade.

Los investigadores barajan la hipótesis de que la joven de 20 años tuviera conocidos vinculados al mundo de la prostitución y que pudieran ser ellos los que la incitaron a corromper a su hermana y sus amigas para ganar dinero. La supuesta proxeneta hacía los contactos a través de anuncios en webs y chats de contenido sexual. La mayoría de los clientes buscaban jóvenes con aspecto aniñado y muy pocos rechazaron el servicio cuando comprobaron que eran menores de edad, según las fuentes consultadas. Los encuentros sexuales solían producirse en las casas de los supuestos abusadores o en sus vehículos y era la joven la que solía llevar a las menores hasta sus depredadores, que no solo se circunscribían a la provincia de Almería, sino que también residían en otros territorios andaluces.

Fue la lectura de unos mensajes de WhatsApp por parte de una madre la que destapó la existencia de la red. “Si no hubiera sido por ese ejercicio de control parental tan necesario, estas chicas podrían seguir prostituyéndose”, indica un portavoz de la Guardia Civil. El contenido era “tan evidente” que llevó de inmediato a la detención de la joven de 20 años el pasado 25 de junio. Posteriormente se detuvo a varios usuarios de la red, entre ellos el agricultor y el exlegionario. La tercera fase de la operación, bautizada como Terciaria, tuvo lugar la semana pasada con el arresto de otra decena de supuestos clientes.

La instrucción está en manos del Juzgado Número 2 de Almería, que ya ha dado traslado a la Fiscalía. En la causa se está investigando a cinco personas, la supuesta proxeneta y cuatro clientes, por presuntos delitos de favorecimiento de la prostitución, agresión sexual y abusos sexuales. Todos tienen como medida cautelar la obligación de comparecer los días 1 y 15 de cada mes y prohibición de acercamiento o comunicación con los menores, según la información facilitada por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.

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