La crisis del coronavirus

La “misión imposible” de la OMS en Wuhan

Una vez terminada su cuarentena, los expertos tendrán dos semanas para visitar los escenarios de la pandemia antes de que empiece el Año Nuevo lunar

Un pescadero contempla su mercancía en un mercado de Wuhan
Un pescadero contempla su mercancía en un mercado de WuhanNICOLAS ASFOURI / AFP

En un coqueto hotel de Wuhan, una decena de eminentes científicos internacionales teletrabajan. Cada uno en su habitación, sin posibilidad de moverse de allí durante 14 días de la estricta cuarentena que exige China a quienes llegan del extranjero. A través de Skype y otras herramientas mantienen teleconferencias diarias entre sí y con otra docena de colegas chinos. Quieren adelantar entrevistas y cotejar datos. Cuando salgan, el día 28, tendrán ante sí otras dos semanas de visitas a distintos lugares relacionados con el coronavirus en esta ciudad, el foco original de la pandemia, y se entrevistarán con médicos, antiguos pacientes y comerciantes. El objetivo de esta esperada misión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es arrojar algo de luz sobre el origen de la covid, aunque ellos mismos ―y toda la comunidad científica― advierten de que llegar a una conclusión definitiva puede ser tarea de años. Si se consigue.

“Es posible que nunca lleguemos a encontrar al paciente cero (el que sufrió la primera transmisión del virus)”, admitía este viernes la jefa de la unidad de enfermedades emergentes de la OMS, Maria van Kerkhove, en una sesión. Otros expertos recuerdan que este tipo de investigaciones son proyectos a muy largo plazo: “Una investigación sobre un origen zoológico puede llevar décadas, y es posible que nunca se encuentre el murciélago culpable o la especie intermedia (que transmitió el virus al ser humano). Es como buscar una aguja en un pajar de tamaño planetario”, tuiteaba la prestigiosa viróloga estadounidense Angela Rasmussen ―que no forma parte de la expedición― el jueves, coincidiendo con la llegada de los expertos a Wuhan.

Pero también es una misión fundamental. “Si encontramos la fuente y sigue ahí, podemos impedir que el mismo virus se vuelva a introducir en la población humana… Si entendemos cómo este virus saltó a los seres humanos, podemos prevenir situaciones similares en el futuro… Y si podemos encontrar el virus, cómo era antes de saltar a la población humana, podemos encontrarnos en mejor situación para desarrollar tratamientos y vacunas contra esta enfermedad”, ha declarado Peter Ben Embarek, el jefe del equipo internacional.

El consenso científico apunta a que el virus comenzó en un murciélago, del que saltó a una especie intermedia antes de transmitirse al ser humano. Cuál pueda ser ese animal, es uno de los grandes interrogantes. Probablemente fue un mamífero: quizá una civeta, o incluso un gato. Pero la OMS considera posibles sospechosos hasta 500 especies.

La tarea de estos expertos suma a su importancia científica un peso político tanto o más relevante. China quiere evitar a toda costa que se la señale como origen de la pandemia que ya ha infectado a más de 90 millones de personas y ha dejado cerca de dos millones de muertos en todo el mundo; sus autoridades insisten en que pudo originarse en otro lugar y China fue simplemente el primer país en detectarlo. Apunta, para reforzar esta idea, a los envoltorios de productos congelados importados en los que asegura haber encontrado restos de virus, o estudios que hallan trazas del patógeno en Europa meses antes del comienzo de la crisis.

Otros países, como Estados Unidos ―cuyo presidente saliente, Donald Trump, se regodea en referirse al coronavirus como “virus chino”―, acusan a Pekín de opacidad. Le reprochan no haber permitido antes la llegada de la misión, cargada de incidentes. Al muy sonado retraso de la semana pasada por falta de permisos chinos ―que motivó la protesta incluso del contemporizador director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus―, se sumó el veto a la entrada de dos de los expertos ―un británico y un sudanés― por problemas con la batería de pruebas que China exige antes de volar. Finalmente ha permitido la llegada de al menos uno de ellos.

La Administración en Washington también da pábulo a la teoría de que el virus pudo haber escapado de un laboratorio, el Instituto de Virología de Wuhan. Este sábado, el secretario de Estado, Mike Pompeo, reiteraba el argumento en un comunicado en el que pedía a la misión que incluyera ese centro en sus visitas y aseguraba tener pruebas de que en los meses antes de que estallara la crisis varios trabajadores de ese centro mostraron síntomas compatibles con la covid, entre otras alegaciones.

China insiste en que encontrar el origen del virus es una “cuestión científica”, y que es posible que los expertos de la OMS tengan que viajar también a otros países en su investigación. Pekín “ha estado pidiendo una investigación colectiva de la comunidad internacional sobre este virus. Cuando el equipo llegue a Wuhan, los expertos chinos colaborarán estrechamente con ellos para que cumplan su trabajo”, declaraba en una rueda de prensa este miércoles el subdirector del Centro chino para el Control de Enfermedades, Feng Zijian. “Los trabajos para rastrear los orígenes avanzan”.

El organismo de la ONU, por su parte, ha insistido en que la misión no va de echar la culpa a nadie. “Buscamos respuestas que puedan salvarnos en el futuro, no culpables”, subrayaba esta semana el jefe de su programa de emergencias sanitarias, Mike Ryan, en Ginebra.

Los expertos tendrán que valorar, durante su visita y tras las cuatro reuniones preliminares con sus contrapartes chinas antes del viaje, los datos recabados hasta el momento por Pekín, que no se han hecho públicos. Muestras ambientales, historiales hospitalarios, declaraciones de los primeros pacientes. Lo que se sabe exactamente. Lo que pudo haber ocurrido. Lo que no se ha analizado de manera suficiente o puede tener otra interpretación. Lo que se ha recabado. Lo que aún se puede recabar. Lo que ya no se podrá conseguir nunca porque ha pasado demasiado tiempo.

Un tiempo que apremia. Una vez que terminen su cuarentena, los miembros del equipo tendrán solo dos semanas antes de que China entera cierre por vacaciones, las del Año Nuevo lunar, tan prolongadas, familiares e inapelables como las Navidades occidentales, y que este año se centran en el 12 de febrero. En el breve lapso disponible, el equipo ―epidemiólogos, expertos en riesgos alimentarios, virólogos, veterinarios― espera visitar el mercado de mariscos de Huanan, considerado al principio de la crisis la posible “zona cero” de la pandemia. El objetivo es hacerse una idea de la situación sobre el terreno, cómo funcionaban las cadenas que suministraban los animales que allí se vendían y cómo pudo introducirse el virus allí. Si pudo ser, efectivamente, donde saltó el patógeno al ser humano o si, simplemente, fue el escenario donde se produjo un “supercontagio”, tan grande que llamó la atención de las autoridades.

También se espera que hablen con los vendedores que trabajaban en el mercado y visiten los hospitales donde se atendió a las primeras víctimas. En sus aspiraciones cuenta entrar en el Instituto de Virología de Wuhan, el laboratorio que la Casa Blanca considera sospechoso. Parezcan válidas o no a priori, el pensamiento científico exige considerar todas las hipótesis antes de descartar ninguna.

Hasta el momento, su itinerario no está cerrado. China, según la agencia oficial de noticias Xinhua, subraya la “buena predisposición” del país a la misión. Pero también insiste en que afirmar sin pruebas que la pandemia comenzó en un país determinado es “peligroso y contraproducente”.

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