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OPINIÓN i

La importancia de escolarizar de 0 a 3 años

Solo el 36,4% de los menores de 3 años va a la guardería y las desigualdades son hirientes

Tres niñosen una escuela infantil de Barcelona.
Tres niñosen una escuela infantil de Barcelona.

Entre los retos que tiene ante sí el nuevo Gobierno figura hacer frente a dos emergencias. De una se habla mucho. De la otra menos. La emergencia climática se ha situado en la agenda política de la mano de los desastres naturales que nos azotan cada vez con más frecuencia, pero la emergencia social es mucho menos visible. Sus efectos, sin embargo, se proyectan hacia el futuro con la misma intensidad.

Uno de cada cinco españoles (el 21,5%) vive en riesgo de pobreza y exclusión social. Son los que según la Encuesta de condiciones de vida del Instituto Nacional de Estadística sobreviven con menos de 8.871 euros al año. La mitad de los hogares pobres están formados por un adulto, normalmente una mujer, y sus hijos, por eso el riesgo de pobreza alcanza al 26,2% de los menores de 16 años. Pero si nos fijamos en la tasa AROPE (el indicador de riesgo de pobreza y o exclusión social) adoptada por la Unión Europea en 2010, que tiene en cuenta otros factores como la estabilidad del empleo, la situación es aún peor: el porcentaje de menores en riesgo de pobreza alcanza al 28,8%.

Luchar contra la pobreza infantil exige intervenir en varios frentes, pero hay uno que los expertos consideran clave por la cadena de efectos beneficiosos que tendría: la escolarización universal de 0 a 3 años. En estos momentos solo el 36,4% de los menores de 3 años va a la guardería y las desigualdades son hirientes: mientras en las familias con mayores recursos la tasa de escolarización alcanza el 62,5%, en las que tienen ingresos más bajos apenas es del 26,3%.

Asegurar la escolarización de 0 a 3 años para todos los niños es más urgente que discutir la obligatoriedad de la escolarización de 3 a 6 años, que ya alcanza al 96% de los niños de esa edad. Permitiría reforzar la igualdad de oportunidades para los niños más desfavorecidos no solo en términos educativos, sino de salud y bienestar. Comer sano, socializarse en un entorno positivo y mejorar hábitos es una forma de compensar las carencias de partida de estos niños.

Tendría también un impacto muy positivo sobre la natalidad. Muchas parejas que viven en precario, con empleos inestables y mal pagados, desisten de tener los hijos que querrían por miedo a no poder hacer frente a los costes. Y algo muy importante: daría a las madres la oportunidad de formarse y estar en mejores condiciones de conseguir empleo y trabajar. Solo hay que ponerse en la piel de Sara, la protagonista de la película La hija de un ladrón, de Belén Funes, para darse cuenta del impacto que tendría esta medida. Si ponemos en una balanza los costes y los beneficios, no hay duda sobre lo que hay que hacer. El coste no debería ser un obstáculo.

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