La crisis del coronavirus

La covid no interfiere en el cáncer de mama, pero retrasa su diagnóstico

Los tratamientos se han adaptado en lo posible para evitar visitas a los hospitales

Presentación de una campaña por el Día Mundial contra el Cáncer de Mama el pasado miércoles en Granada.
Presentación de una campaña por el Día Mundial contra el Cáncer de Mama el pasado miércoles en Granada.DIPUTACIÓN / Europa Press

En apenas una semana de marzo o abril se diagnosticaron en España tantos casos de covid como cánceres de mama se van a detectar en todo el año. Según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), serán 32.953 de mama de un total de 277.000 tumores detectados en el año. Esto lo convierte en el tercero más frecuente tras el de próstata (35.126) y el de colon y recto (44.231). Una de cada ocho mujeres tendrá uno a lo largo de su vida. Muchas de las afectadas tuvieron miedo de que la combinación de ambas enfermedades complicara aún más las cosas. Pero en lo que se refiere al cáncer de mama, la covid “no interfiere en el tratamiento ni en la curación del tumor”, dice Isabel Rubio, directora del Área de Patología Mamaría de la Clínica Universidad de Navarra, presidenta electa de la Sociedad Europea de Cirugía Oncológica y presidenta de la Sociedad Europea de Especialista en Cáncer de Mama. Pero con los datos que hay hasta ahora sí parece que haber tenido un cáncer (con el debilitamiento que ellos supone) puede agravar el pronóstico de la covid.

Esto no quiere decir que la enfermedad no se haya visto afectada por la irrupción del coronavirus. Por mucho que tranquilice que el virus no influye en la evolución del tumor, hay un paso previo. Y es que "la pandemia paralizó el diagnóstico y el tratamiento de muchas enfermedades, entre ellas, el cáncer de mama y, gracias a un estudio presentado en la Conferencia Europea de Cáncer de Mama, sabemos que el retraso de seis meses en el diagnóstico empeora el pronóstico de curación, ya que se trata de un tumor con mayores posibilidades de curación si se detecta al inicio”, explica Rubio. Lindy Kregting, de la Universidad Médica Central de Rotterdam (Holanda) y autora del trabajo que se presentó a primeros de mes en el congreso europeo, lo expone así: “Un retraso de seis meses en el diagnóstico puede llevar a un modesto pero significativo aumento de la tasa de mortalidad por cáncer de mama. La mejor manera de prevenir estos fallecimientos es ponerse al día con todas las pruebas de cribado que no se hicieron”.

El retraso en el diagnóstico está provocado por dos motivos: por un lado, muchos hospitales han dejado de hacer screening, también conocido como cribado, apunta la oncóloga. “Estos seguimientos, que se realizan en España cada dos años a partir de los 50, se han paralizado por falta de recursos, al haber tenido que reorganizar los servicios para poder prestar atención médica a los pacientes covid 19. El otro motivo es que muchas mujeres han dejado de ir al hospital por miedo al virus, incluso teniendo algún síntoma (como un bulto, alteración en la piel…). Sabemos que esta demora puede incidir negativamente en la evolución de la mortalidad, ya que el cáncer no se detiene y sigue avanzando”, concluye.

La solución sería recuperar el tiempo perdido, pero Kretling pone el dedo en la llaga de uno de los temas que organizaciones como Geicam, SEOM, la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) y la Fundación Cris contra esta enfermedad han destacado en sus llamamientos en el día mundial contra el cáncer de mama que se conmemora este lunes: “Somos conscientes de que la mayoría de los programas de cribado no dispondrán ni del personal ni del equipamiento necesario” para este esfuerzo de efectuar las mamografías retrasadas más las de cada día.

La presidenta de la Federación Española de Cáncer de Mama (FECMA), María Antonia Gimón, dice al respecto: "Los responsables de la planificación operativa de los hospitales, de los centros de atención primaria y de las administraciones sanitarias deben priorizar cómo recuperar los retrasos que se han originado en las pruebas diagnósticas, en las consultas presenciales, en la cirugía no urgente y en determinados tratamientos”.

“La paralización en la realización de pruebas diagnósticas a la población asintomática puede ocasionar un riesgo de retraso en el diagnóstico y en el inicio de los tratamientos, así como un acúmulo de los mismos una vez superada la fase más severa y restrictiva de la pandemia”, redunda Ángel Montero, coordinador del Grupo de Mama de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR).

Ante esta situación, el Consejo General de Enfermería insiste en que hay un paso que sí se puede dar: la revisión mamaria en casa. “No podemos permitirnos un retroceso en el control de otras enfermedades como el cáncer de mama”, afirma su presidente, Florentino Pérez Raya. “La autoexploración es importante porque nos permite detectar un porcentaje de casos de cáncer. Aparte de las pruebas diagnósticas, explorarse una vez al mes hace que muchas pacientes acudan a una consulta porque se han detectado un nódulo. Gracias a la autoexploración se pone en marcha todo el proceso de diagnóstico”, dice Gema Usano, enfermera gestora de casos de cáncer de mama del Hospital 12 de Octubre (Madrid). Han elaborado un vídeo explicativo al respecto. Ella ha vivido en primera personas la situación de los centros sanitarios y las pacientes. “Es cierto que el miedo de las pacientes a acudir a centros hospitalarios, que todavía persiste, puede ser una de las causas de que hayamos notado una disminución de la incidencia de diagnósticos de cáncer de mama en centros públicos. También puede haber existido una migración a centros privados, menos saturados en estos momentos”, dice.

Pero no solo el diagnóstico se ha visto impactado. Los especialistas se han visto obligados a adaptar en la medida de lo posible los tratamientos. El coordinador del Grupo de Mama de SEOR menciona en este sentido la puesta en marcha de esquemas combinados de radioterapia y quimioterapia o radioterapia y hormonoterapia preoperatorios, “retrasando así el momento de la cirugía en unas circunstancias que no permitían disponer de quirófanos limpios abiertos”. También se han alterado los ciclos de radioterapia para que lo que se administraba en tres semanas se suministre en una sola con ciclos de mayor intensidad, “favoreciendo así el confort y calidad de vida de nuestras pacientes”, dice Montero. O incentivar cuando se puede que se dé ya la primera radioterapia durante la cirugía. Otro de los cambios que ha llevado consigo la adaptación a la pandemia ha sido la teleconsulta, dice la SEOR.

A la vez, se extiende la posibilidad de aumentar los tratamientos sin quimioterapia con otros dirigidos a la especificidad de cada tumor. Hasta un 70% de los casos puede utilizar estas opciones, según la clínica MD Anderson.

“Para acabar con el cáncer de mama es muy importante desarrollar nuevos mecanismos de prevención, mejorar el diagnóstico precoz, e investigar de manera colaborativa e interdisciplinar en nuevos tratamientos y modalidades terapéuticas”, dice Miguel Quintela, director del Programa de Investigación Clínica de Cáncer de Mama del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Preocupan especialmente los tumores para los que aún no hay tratamientos específicos (aunque se beneficien de la quimio, la radio y, ahora, se esté ensayando la inmunoterapia en ellos). “Nos preocupa ese 15% en el que los tratamientos no son eficaces y es sobre eso en lo que tenemos que mejorar”, dice Marta Cardona, directora de la fundación CRIS contra el cáncer. Se refiere a los tumores que se llaman triple negativos, porque no tienen proteínas ni genes específicos que permitan diseñar terapias dirigidas contra ellas. “Estamos dando pasos importantes para que esta enfermedad pueda controlarse en el futuro”, añade Carmona.

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