La crisis del coronavirus

“Hemos detectado un caso de covid en su vecindario. Pase por el estadio a hacerse una prueba”

Pekín recurre a las pruebas masivas para luchar contra su brote de coronavirus

Trabajadores sanitarios efectúan una prueba del coronavirus a una residente de Pekín
Trabajadores sanitarios efectúan una prueba del coronavirus a una residente de PekínGREG BAKER / AFP

La alerta de un caso de covid-19 detectado en el mercado matutino de Xiasantiao, en el centro de Pekín, llegó a los teléfonos móviles apenas unos minutos antes que un mensaje del comité vecinal, el organismo que se encarga de hacer cumplir las órdenes de las autoridades superiores en cada barrio de cada localidad de China. Dada la cercanía del mercado, “los vecinos de este complejo residencial deben acudir a hacerse una prueba de coronavirus a la dirección y a la hora que le indicamos. Recomendamos que traiga agua, un parasol y una silla plegable”. No es posible no recibirlo: lo reenvía el administrador del bloque, la comunidad de vecinos y, para quien no mire el móvil, se ha pegado un aviso en el portal. En algunos de los complejos afectados, los porteros han ido apartamento por apartamento, para asegurarse de que ningún vecino se queda sin recibir el mensaje.

A la hora indicada, en el lugar previsto —unas canchas municipales de baloncesto al aire libre—, ya hay una multitud. Hay que escanear con el móvil una aplicación, en la que se introducirán los datos del usuario, y que servirá para identificar cada muestra que se tome. Un grupo de trabajadores sociales organiza las colas. Los que han estado en el mercado en las mismas fechas que el caso confirmado guardan una fila aparte. Otra, más larga, para los que no. Esta hora toca a un complejo residencial. Dentro de una hora, el de al lado. La cola avanza rápido. Se entra de cinco en cinco. Agrupando familias, empleados de una misma empresa, quienes compartan algún tipo de lazo.

La idea es que estas cinco muestras se introduzcan en el mismo reactivo y se analicen juntas: si el resultado es negativo —lo más normal—, ninguno en el grupo es portador. Si saliera positivo, se efectuarían pruebas individuales a cada miembro del grupo. El sistema, ya probado en los 11 millones de habitantes de Wuhan —el foco original de la enfermedad y donde el mes pasado se hicieron test a toda la población—, permite examinar a más personas en menos tiempo y ahorrar costes.

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Bajo una carpa, una enfermera cubierta por un traje protector pese al calor —el termómetro marca 29 grados— comprueba los datos y toma un hisopo. “Abra la boca”. Una pequeña muestra de la garganta, y ya está. “Su comité vecinal le avisará de los resultados”. Todo el procedimiento, cola incluida, apenas ha durado unos veinte minutos. El agua ha venido bien; el parasol no ha hecho falta; silla, no ha traído nadie.

Por todo Pekín, estos días se repiten estas imágenes casi en cada distrito. La visión de una larga cola frente a grupos de carpas en un parque, un centro deportivo o incluso algún aparcamiento, se ha hecho casi habitual estos días en esta ciudad de 22 millones de habitantes. El brote de covid-19 detectado hace dos semanas en el principal mercado mayorista de la capital suma más de 240 casos, después de que este martes se hayan anunciado 13 nuevos contagios. Aunque el número de infecciones diario disminuye gradualmente en el recuento oficial, y las autoridades aseguran que el episodio está controlado, continúa el goteo de contagios. Se mantienen también restricciones al desplazamiento fuera de la capital, y no hay fecha para retomar las clases presenciales en las escuelas.

Para atajar el brote, las pruebas masivas están siendo una herramienta clave, a juicio de las autoridades municipales. Según ha explicado el subdirector de la Comisión Municipal de Sanidad, Zhang Hua, la ciudad puede ya efectuar 300.000 pruebas diarias, frente a las 40.000 de marzo pasado. Desde que se detectó el brote el día 12 hasta este lunes se ha examinado a 2,95 millones de personas, más del 10% del total de la población.

Entre las personas que deben someterse a las pruebas se encuentran vecinos como los del mercado de Xiasantiao, residentes de los 39 barrios donde se han detectado casos, clasificados como de “riesgo alto” o “riesgo medio”. En las zonas de riesgo medio se permite la movilidad de sus habitantes, pero en los complejos residenciales con dos casos o más se ordenará la cuarentena de todos sus residentes. En las áreas de riesgo alto, basta un solo vecino enfermo.

También se ha sometido a pruebas, o se les va a someter, a las personas consideradas en grupos de riesgo: los empleados de restaurantes, mercados y comedores; los taxistas; repartidores a domicilio; desde este martes, los trabajadores de la construcción, después de haberse detectado casos en este sector.

Los grupos a examinar pueden continuar en aumento. Algunos de los nuevos contagios no guardaban relación con el mercado de Xinfadi ni son contactos de otros enfermos. “Vamos a dar prioridad a los grupos de alto riesgo en Xinfadi y otros mercados, así como las comunidades de los vecindarios”, ha asegurado Zhang.

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