Soledad de los viejos de fondo

Duelen mucho los muertos y más que nada duelen las atrocidades a que se han visto sometidos los ancianos en parte de las residencias

Maruja Torres, en una ilustración de Luis Grañena.
Maruja Torres, en una ilustración de Luis Grañena. / EL PAÍS

Salí de la exposición de Rembrandt, en el Thyssen, y, tras un paseo por el Ídem del Prado (los magnolios han crecido tanto que parecen cubanos), di con el pebetero municipal en homenaje a las víctimas de la covid-19. Ira es poco. La llama (estúpida forma paramilitar de recordar a los muertos: el monumento debería representar el vacío, la ausencia) era alimentada, en aquel momento, por una campechana bombona de butano; pero un obrero se afanaba en facilitar la llegada de gas natural al asunto. Ahí se quedará, inane, entre el bramido del tráfico (que volverá a ser infernal), en la intersección d...