Violencia machista

J.K. Rowling revela que fue víctima de violencia de género

La escritora entra de lleno en el debate que enfrenta a un sector del feminismo con el movimiento trans

La escritora J.K. Rowling, en una foto promocional de una de sus novelas
La escritora J.K. Rowling, en una foto promocional de una de sus novelasCarlo Allegri / Reuters

La escritora británica J.K. Rowling (54 años) ha utilizado su blog personal para revelar, en un largo artículo, los abusos y violencia que sufrió durante su primer matrimonio. La razón para contarlo ahora, ha explicado, reside en la avalancha de críticas y comentarios hirientes que ha recibido en las redes sociales por haber entrado en uno de los debates políticos más agrios, y a la vez más lleno de matices, que vive el Reino Unido: el enfrentamiento entre una parte del feminismo y el movimiento trans en torno a la identidad de género y la idea de “mujer” como realidad biológica con consecuencias jurídicas. “Me niego a bajar la cabeza ante un movimiento que, según creo, está haciendo un daño demostrable a la hora de erosionar [el concepto] de ‘mujer’ como clase política y biológica, y ofreciendo como nunca de este modo cobertura a depredadores”, asegura la autora en un texto complejo y muy reflexionado que ha avivado la polémica.

Es al final del artículo cuando Rowling cuenta la razón, no única pero sí según ella definitiva, que le ha empujado a entrar de lleno en el debate: “Llevo 20 años bajo la mirada pública y nunca había hablado abiertamente sobre el hecho de que soy una superviviente de la violencia sexual y doméstica. No es porque me avergüence de lo que me ocurrió, sino porque es algo muy traumático de recordar y revivir. Quería proteger además a mi hija, fruto de ese primer matrimonio. No quería reclamar la propiedad única de una historia que también le pertenece a ella. Hace poco, sin embargo, le pregunté cómo se sentiría si contara esa parte de mi vida y me animó a hacerlo”, explica.

La escritora llega a esta decisión, cuenta, después de haber sufrido durante meses acusaciones de transfóbica, que le llevaron durante un tiempo a abandonar las redes sociales, pero que resurgieron el pasado fin de semana cuando volvió a publicar comentarios en Twitter. La plataforma de medios volcados en la ayuda al desarrollo Devex publicó un artículo de opinión en su página web titulado Cómo crear un mundo más igualitario post covid-19 para las personas que menstrúan. Rowling respondió con un tuit que pretendía ser irónico, pero revelaba el fondo de su crítica principal: “Gente que menstrúa. Estoy segura de que hay una palabra para definir a esa gente. Que alguien me eche una mano. ¿Mojur? ¿Majer? ¿Mijar? (Wumben, wimpund, woomund?, en el original en inglés)". No tardaron en llegar las respuestas, en muchos casos de un tono agresivo. Y gran parte de ellas incluían un término poco conocido para todos aquellos ajenos a esta polémica, a pesar de estar viva desde hace ya años: TERF, las siglas para Feminista Radical Trans-Excluyente.

“Ejemplos de las llamadas TERF incluyen desde la madre de un menor gay que teme que su hijo quiera ‘transicionar’ (como se denomina a la decisión de cambiar de identidad de género) para escapar de los acosos homofóbicos a la señora mayor completamente antifeminista que promete no volver a poner un pie en los almacenes Marks & Spencer porque van a permitir que cualquier hombre que se defina a sí mismo como mujer pueda entrar en los probadores femeninos”, dice Rowling en su texto.

No es, sin embargo, la anécdota de los probadores la principal preocupación de la autora, aunque recurra a ella en varias ocasiones en su texto. Rowling se pone del lado de aquellas feministas que muestran respeto y solidaridad con el movimiento trans pero se niegan a que desaparezca la realidad biológica del hecho de ser mujer. “He leído todos los argumentos que defienden que la feminidad no reside en un cuerpo con sexo, y los que afirman que no todas las mujeres biológicas comparten las mismas experiencias, y los encuentro profundamente misóginos y regresivos. Es evidente que uno de los objetivos que se pretende al negar la importancia de la condición sexual es borrar lo que algunos ven como la idea cruelmente segregacionista de que las mujeres tengan su propia realidad biológica, o —igual de amenazante— de que tengan una realidad unificadora que les convierte en una clase política coherente”, afirma.

La notoriedad pública de la autora de la saga de Harry Potter, que se ha demostrado en sus críticas a Donald Trump o en su lucha contra el Brexit, conlleva también el riesgo de que las reacciones a sus palabras sean más destacadas por la anécdota de los protagonistas que por los argumentos en discusión. La prensa británica reflejó enseguida que las primeras respuestas a los comentarios de la escritora procedieron del actor Daniel Radcliffe o de Emma Watson, dos de los principales protagonistas de las películas del aprendiz de mago. “Rowling ha sido claramente responsable del curso que ha tomado mi vida...y como ser humano me veo obligado a reconocerlo en este momento (...) Pero las mujeres transgénero son mujeres. Cualquier afirmación contraria elimina la identidad y dignidad de las personas transgénero y va en contra de la opinión de muchas asociaciones de profesionales de la salud que cuentan con mucha más experiencia en la materia de la que podamos tener Jo [Rowling] o yo”, ha dicho Radcliffe en un comunicado público. “Las personas trans son lo que dicen que son y merecen vivir su vida sin ser permanentemente cuestionadas o sin que se les diga que no son lo que dicen ser”, ha publicado Watson.

Las reflexiones de la escritora revelan la complejidad y las trampas de un debate en el que, mientras una de las partes atribuye a la otra la culpa moral de dar la espalda a una realidad (el sufrimiento de muchas personas trans), la otra se resiste a dar cabida en su causa a una visión que considera ficticia y distorsionadora. “Quiero seguridad para las mujeres trans”, afirma Rowling, “pero no quiero que la pierdan las que han nacido niñas o mujeres. Cuando abres las puertas de los baños o de los probadores a cualquier hombre que se siente o se cree mujer —y, como ya he dicho, los certificados de confirmación de género ya no requieren de un tratamiento hormonal previo o de cirugía—, abres la puerta a cualquier hombre que desee entrar. Es la simple verdad”, afirma. Las respuestas provocadas por su texto sugieren que no es tan simple.

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