IN MEMORIAM

Antonio Rodríguez de las Heras, pionero de las humanidades digitales

Su forma de brindar esa desconcertante sensación de modestia y naturalidad lo convirtió en uno de los sabios españoles más fáciles de tratar

David Felipe Arranz
Antonio Rodríguez de las Heras.
Antonio Rodríguez de las Heras.ABELALONSO / EFE

Tuvimos el honor de recibir el magisterio de Antonio Rodríguez de las Heras en 1998, en la Universidad Carlos III de Madrid, en cuya titulación de Periodismo el sabio inmenso que fue y después amigo impartía Historia del tiempo presente, y a cuyo campus se trasladó en 1991, proveniente de la Universidad de Extremadura, donde ejercía su cátedra y en la que fue nombrado en 2017 Doctor Honoris Causa. Desde entonces, siempre nos quiso como a sus discípulos, los que compartíamos su pasión por la investigación, la cultura, la historia contemporánea y el conocimiento en la era digital.

Antonio ha sido admirado y amado por generaciones de estudiantes. Su forma de brindarnos esa desconcertante sensación de modestia y naturalidad, un tanto ausente en el mundo académico, lo convirtió en uno de los sabios españoles más fáciles de tratar y más cercanos en el sentido profundamente humano del término. Antonio reunía en su generosa persona esa extraña conjunción de afecto, cordialidad, elegancia, empatía, pensamiento y capacidad de trabajo. Su libro, Navegar por la información (1991), Premio de Ensayo Fundesco, continúa siendo referencia para los que nos seguimos preguntando a dónde nos conduce la transformación digital. Amén de sus monografías sobre Filiberto Villalobos, Ángel María de Lera, Metáforas de la sociedad digital, diversos MOOC (Cursos online masivos y abiertos por sus siglas en inglés) y avanzados hipertextos, su legado en Telos y Retina tienen vocación de permanencia.

Su padre, Antonio, fue el director del Laboratorio Oceanográfico de Vigo entre 1941 y 1958, donde nació, y por sus venas corría sangre salmantina. En la universidad española intentó aunar en un solo departamento informática, comunicación y humanidades, utopía que plasmó en el Instituto de Cultura y Tecnología de la Universidad Carlos III de Madrid, que fundó y dirigió. Su vida, encuentro amable entre las ciencias y las letras, nos enriqueció a todos los que tuvimos la inmensa fortuna de conocerlo. Ahora toca mantener el pabellón humano que él dejó tan alto.

David Felipe Arranz es periodista y profesor asociado de Comunicación de la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación de la Universidad Carlos III de Madrid

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