La crisis del coronavirus

El aumento de casos de Covid-19 empuja al Gobierno turco a declarar un toque de queda de fin de semana

Los turcos se echan a las calles para abastecerse durante la últimas horas antes de la entrada en vigor de las estrictas medidas sin tener en cuenta las exigencias de distancia social

Una fotografía aérea muestra Santa Sofía y la plaza de Sultanahmet —corazón del turismo en Estambul— completamente vacías el jueves 9 de abril.
Una fotografía aérea muestra Santa Sofía y la plaza de Sultanahmet —corazón del turismo en Estambul— completamente vacías el jueves 9 de abril.TOLGA BOZOGLU / EFE

El Ministerio de Interior turco ha declarado un estricto toque de queda de 48 horas a partir de las 0.00 horas del sábado en 31 provincias —incluidas Estambul, Ankara y Esmirna— para evitar aglomeraciones de cara a las previsiones de buen tiempo para este fin de semana y luchar contra la difusión de la epidemia de Covid19. Hasta ahora, el confinamiento en Turquía era voluntario y sólo se obligaba a permanecer en casa a los mayores de 65 años, los menores de 20 y los enfermos crónicos. El comunicado ministerial explica que se ha tomado la medida teniendo en cuenta “las recomendaciones del Consejo Científico” que asesora al gobierno turco, y en base a ello sólo podrán salir a la calle quienes trabajen en una serie de sectores, como los empleados de centros sanitarios, farmacias, panaderías (que distribuirán la mercancía a domicilio), suministradores de agua, medios de comunicación, fuerzas de seguridad, empresas logísticas y energéticas, call centers y explotaciones agropecuarias.

Pero entre el anuncio de que a partir de la medianoche se procedería a prohibir la salida a la calle de los ciudadanos y la publicación de las excepciones a estas medidas ha transcurrido casi una hora, en la cual muchos ciudadanos han entrado en pánico y han salido a la calle a abastecerse. En las redes sociales y en los medios de comunicación turcos se han emitido imágenes de grandes aglomeraciones a las puertas de colmados y tiendas de alimentación, bebida y tabaco. En muchos casos sin respetar las medidas de distancia requeridas por las autoridades o sin portar la preceptiva mascarilla que exigen las autoridades turcas para salir a la calle. “Urgimos a los ciudadanos que viven en las 31 provincias designadas a que cumplan con el confinamiento de este fin de semana sin entrar en pánico y que se abstengan de reducir la distancia social antes del cierre”, pidió el director de comunicación del Gobierno, Fahrettin Altun.

El primer caso de contagio por coronavirus en Turquía fue anunciado el pasado 10 de marzo y el primer fallecimiento se registró una semana después. Un mes más tarde, el número de infectados supera ya los 47.000 y el de muertes es de 1.006, si bien las asociaciones médicas estiman que muchos fallecidos no han sido contados y los registros de defunciones del Ayuntamiento de Estambul apuntan a que hay al menos el doble de muertos de los reconocidos. Con todo, el ministro de Sanidad, Fahrettin Koca, aseguró el viernes que no hay presión en los hospitales y que la ocupación de las unidades de cuidados intensivos en Estambul —donde se concentran unos dos tercios de los casos— se hallan un poco por encima del 50%.

El Gobierno turco rechaza por el momento decretar un cierre total que signifique un parón de la industria similar al decretado en España, pues teme los efectos que pueda tener en la ya de por sí frágil economía turca. Ha adoptado un enfoque gradualista, endureciendo poco a poco las medidas de confinamiento según se incrementaban los contagios. Actualmente se han bloqueado 180 pueblos y áreas residenciales donde se han detectado brotes y unas 15.000 personas retornadas del extranjero permanecen en cuarentena en residencias de estudiantes. También se habían prohibido los viajes al extranjero y reducido al mínimo los desplazamientos en el interior del país. La pasada semana se prohibió entrar y salir de las 31 provincias más pobladas de Turquía, excepto para la entrega de mercancías de primera necesidad.

El alcalde de Estambul, el opositor Ekrem Imamoglu, lleva semanas reclamando que se impongan medidas de confinamiento más severas, pero tras declararse este toque de queda de fin de semana criticó que no se le informase por adelantado: “No se puede tomar una decisión de tal calado de esta manera. Ni siquiera se nos ha comunicado qué servicios debemos proveer como Ayuntamiento”.

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