La crisis del coronavirusOpinión
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Aprender a aprender en el confinamiento

El confinamiento al que el coronavirus nos somete estos días es una buena oportunidad para tratar de inducir a nuestros estudiantes a un aprendizaje activo

Una alumna realiza sus tareas desde su domicilio.
Una alumna realiza sus tareas desde su domicilio.David Arquimbau Sintes / EFE

Los profesores universitarios de toda España estamos confinados y tratando de mantener la actividad académica y la relación con nuestros alumnos por teletrabajo. Sin duda, es un mal momento para todos, pero la situación excepcional que vivimos puede aportarnos también, en nuestro caso, una ventaja, pues es una oportunidad para tratar de motivar a nuestros alumnos a cambiar formas arraigadas y poco eficaces de aprendizaje pasivo por otras de aprendizaje activo, aplicadas por los buenos profesores, que son las que prefiere el cerebro humano para establecer memorias consistentes y duraderas.

El aprendizaje activo consiste en no limitarse a recibir información, como la que suele llevar el discurso del profesor o los vídeos y audios recibidos. Quien aprende solo mediante esas audiencias, se convierte en un simple receptáculo de información, motivado sólo a almacenarla o, en el mejor de los casos, a intentar comprenderla y asimilarla tal como se recibe. Vale como mínimos, pero no es lo mejor.

Algunos de mis estudiantes me piden estos días que les ponga vídeos o audios en el campus virtual. Comprendo que lo deseen, pues en esos vídeos la información principal se les da organizada y resumida, evitando inducirles a dar el paso que requiere el aprendizaje activo, que les induce a razonar sobre la información, a ordenarla, valorarla y, sobre todo, compararla con la que recaba y con la que ya tiene almacenada en su memoria.

Para adquirir conocimiento semántico, el cerebro necesita activar el hipocampo, una estructura del lóbulo temporal que funciona como una máquina de integración de información. El resultado de su trabajo generalmente acaba proyectado sobre la corteza, la parte más evolucionada del cerebro y un gran almacén de memorias.

El hipocampo se activa cuando el aprendizaje requiere comparar información, ordenarla para establecer un discurso coherente y que del resultado se deriven nuevos conocimientos o ideas hipotéticas, y también críticas cuando la información no parezca veraz o convincente.

¿Cómo conseguirlo? Una forma consiste en que el profesor organice la actividad partiendo de ejercicios que requieran que el alumno busque las respuestas acudiendo a diversas fuentes de información. Dichos ejercicios requieren un trabajo previo del profesor que garantice que abarcan los aspectos principales de la temática a aprender y que cuando el alumno las responda ya habrá asimilado lo más relevante. El examen oral es también uno de los mejores modos de inducir al aprendizaje activo.

El confinamiento al que el coronavirus nos somete estos días es una buena oportunidad para tratar de inducir a nuestros estudiantes a un aprendizaje activo que cada profesor puede organizar con sus propios medios y desde la perspectiva que siempre ofrece la libertad de cátedra.

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Ignacio Morgado Bernal es catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencias y la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona.

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