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Un amigo de El Chicle: “Íbamos a los institutos. Le gustaban delgaditas y morenas”

El compañero de correrías de José Enrique Abuín relata en el juicio cómo engañaba a su esposa diciendo que iba a robar gasoil para ir a discotecas. Cuatro mujeres cuentan episodios de acoso

La exmujer de José Enrique Abuín Gey, alias el Chicle, Rosario Rodriguez, a su llegada a los juzgados para declarar como testigo en la segunda jornada del juicio contra Abuín. Foto: Álvaro Ballesteros (Europa Pess) Vídeo: Atlas

Jornada demoledora para El Chicle la del segundo día de su juicio en Santiago por la muerte de Diana Quer. Por la silla de los testigos han pasado sus cuñados, su exesposa; la hermana gemela de esta, que denunció una violación de José Enrique Abuín cuando ella tenía 17 años; tres mujeres a las que supuestamente abordó en 2017 y el amigo de correrías del acusado, Manuel S., que ha pintado ante el jurado a un hombre obsesionado por perseguir jovencitas a diestro y siniestro.

"Íbamos de noche a las discotecas, cuando él ya estaba casado y tenía una hija. Rosario [exesposa del acusado] no lo sabía, le poníamos de excusa que íbamos a coger almejas y a robar gasoil", ha relatado en la que ha sido la declaración más larga de la mañana. El Chicle "tendría entonces 38 años y le gustaban las de 22 o 23". "Quería ir a la discoteca a buscar pareja, siempre trataba de acercarse a las chicas. Le gustaban todas, pero sobre todo las morenas de pelo especialmente largo, delgaditas". En su acercamiento, Abuín "iba de amable, les preguntaba por sus aficiones. Y les pedía el teléfono".

Pero el territorio de acción del hombre que ahora está acusado del supuesto asesinato, detención ilegal y violación de la madrileña Diana Quer no se limitaba a las salas de fiestas. "También fuimos muchas veces, al mediodía después de mariscar, a distintos institutos", ha recordado el amigo. "Él pasaba en coche, en el Alfa Romeo" propiedad de la que entonces era su esposa, "y las llamaba 'guapa', 'tía buena', 'morena", que "eran las que más le llamaban la atención". De todas estas, "alguna le contestaba; otras, no. Y luego les hablaba por Facebook". "¿Acosó alguna vez a alguna menor de edad, era insistente?", ha preguntado ante esto último Ricardo Pérez Lama, el abogado de la familia de Diana Quer. Manuel ha respondido que sí.

En busca de mujeres jóvenes, según este amigo que lo acompañaba siempre, El Chicle no desdeñaba ninguna opción. "También íbamos a casas de alterne en Santiago, Vigo, Pontevedra, y los dos contratábamos los servicios", ha reconocido Manuel S. En estos burdeles, como en todas partes, El Chicle iba a por "las delgaditas, de pelo moreno, largo".

En dos ocasiones, Abuín y Manuel S. entraron en la nave de Asados (Rianxo), antigua fábrica de gaseosas La Pitusa y mueblería en la que, 497 días después de morir el 22 de agosto de 2016, apareció el cuerpo de Diana Quer en el interior de un pozo situado en el sótano. Iban a coger maderas o muebles después de forzar una puerta. El Chicle "trabajaba allí, conocía bien la fábrica", y una vez en invierno de 2016 le dijo "¿quieres ver un pozo?". Entre los dos, con gran esfuerzo y usando un hierro (un "desmontable" de ruedas que el acusado utilizaba para abrir depósitos de camiones y robar combustible) levantaron la tapa cuadrada, de hormigón y con argolla, "para ver cuánta agua tenía".

Aquella fábrica tenía muebles: "Roperos, mesitas y un montón de colchones en la planta del medio", ha enumerado Manuel en respuesta a una pregunta de la fiscal del caso, Cristina Margalet. Ayer El Chicle declaró que "no había camas" en la sórdida nave abandonada. Tras la noticia de la desaparición de Diana, cuando toda la comarca hablaba del asunto, a su amigo, Abuín también le hacía comentarios. "A esa no la encuentran más, marchó de España", recuerda el testigo que le decía su compinche. "Era muy mentiroso", ha definido esta mañana Manuel en presencia del acusado, y además ha detallado el lugar donde El Chicle solía llevar "una bolsa de bridas" plásticas "de color negro": "En una tapa que hay a un lado, dentro del maletero". La acusación cree que una cincha negra, que apareció en el pozo enredada en el pelo de la muchacha, fue el arma utilizada por el autor confeso de su muerte para estrangularla.

"Rubia, ven aquí, que te llevo"

Pero en esta cruda mañana para la defensa de El Chicle, tras el paso por la sala de Manuel S. llegaron en sucesivos turnos dos hermanas, Sara y Ángeles, que fueron supuestamente abordadas en Boiro (A Coruña) por Abuín en la madrugada del 24 de diciembre de 2017, un día antes de que el acusado tratase de raptar a otra chica para agredirla sexualmente, y por lo que ya ha sido condenado a más de cinco años de prisión. Ese asalto del 25 fue el resorte que activó a la Guardia Civil para arrestarlo, como supuesto culpable de la desaparición de Diana Quer, el 29 de diciembre.

Con Sara y Ángeles, El Chicle falló. Según han relatado ellas, las vio por la calle, de madrugada, y arrimó su Audi familiar, azul oscuro (un automóvil que se compró más tarde de haber matado a Diana), a la acera para seguir sus pasos y hablarles. Las hermanas de Boiro iban acompañadas de otra amiga. Abuín se puso "pesado, insistente". Reclamaba, sobre todo, a Ángeles, que entonces tenía 29 años y que caminaba con los zapatos de tacón en la mano. "Rubia, ven aquí, que te llevo, a ver si te vas a cortar los pies con algún cristal", recuerdan las dos muchachas que le decía. El principio de esa frase es calcado a la expresión que dejó escrita en su último WhatsApp a un amigo Diana Quer en la noche en que murió, cuando le contaba que se estaba "acojonando". Esa fue la gran pista que brindó la propia víctima aquella madrugada a los investigadores: "Morena, ven aquí", era según ella lo que le decía el hombre que la estaba "llamando" en la oscuridad de la calle.

Las declarantes han explicado que el acusado las abordó en una zona por la que "no pasaba nadie" y que enseguida entraron en un bar situado bajo su propio edificio. Luego se fijaron en que El Chicle pasó cuatro veces con su coche ante la puerta, deteniendo la marcha y mirando hacia adentro. La hermana menor, de 22 años, llegó a hacerle vídeo al acosador a través de la ventanilla del coche, pero lo consideró una simple "anécdota" de aquella madrugada previa a la Nochebuena y acabó borrándolo de su teléfono. No obstante, las dos recuerdan bien su cara y lo reconocieron inmediatamente cuando saltó, a los pocos días, la noticia de su arresto: "Era este señor, sí", ha confirmado Ángeles, "aunque más rubio [en aquel momento llevaba el pelo oxigenado] y más alegre".

Tras las hermanas, ha testificado Rosa, una señora ya mayor que trabaja en un Ayuntamiento de Ourense. Una tarde a las siete y media, entre febrero y marzo de 2017, cuando recuerda que ya oscurecía y "hacía frío", la mujer paró su coche en una carretera del municipio de Taboadela (próximo a aquel en el que trabaja) y salió del auto para esperar a su marido. En ese momento "se me atravesó un Audi oscuro, y el hombre que iba dentro me dijo 'vente, que lo vamos a pasar bien", asegura la supuesta víctima, que meses después identificó ante la Guardia Civil a aquel individuo como El Chicle. Ella echó a correr y cruzó al arcén contrario. El acosador no la pudo coger porque "pasó entre los dos una furgoneta". Muy "nerviosa", ha dicho que se salvó porque inmediatamente llegó su esposo y El Chicle "arrancó en dirección al monte". "Desde entonces no quiero ver la televisión" por no verlo a él, ha asegurado la testigo, "y no me bajo del coche por nada".

La cuñada que denunció a Abuín por violación: "Se sobrelleva pero no se olvida"

S. R. P.

En el llamado Salón de Bodas de los Juzgados de Santiago, donde tienen lugar los juicios a cargo de la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de A Coruña, estos días no cabe un alfiler. La sala está repleta de estudiantes de derecho, además de periodistas, familiares de la víctima de Boiro cuyo intento de rapto ya fue sentenciado en primavera, y parientes de Diana Quer. Hoy, acompañando al padre, Juan Carlos Quer, estaba la hija que le queda, Valeria, que necesitó abandonar la sala rota en llanto durante la declaración de un cuñado político de El Chicle. "No lo creo capaz de hacer eso", acababa de decir el testigo.

Sin embargo, toda la familia sabía que otra cuñada de El Chicle lo había denunciado en 2005 por violarla supuestamente en un coche, bajo amenaza de arma blanca, cuando ella tenía 17 años. Vanessa es la hermana gemela de Rosario, ahora divorciada del acusado. Su caso, archivado en 2006, se ha reabierto en Noia (A Coruña) a la sombra del de Diana Quer y sigue en investigación.

Trece años después del suceso, Vanessa ha explicado hoy que ha sido examinada por psicólogas del Imelga (Instituto de Medicina Legal de Galicia). Cuenta que una experiencia así "se va sobrellevando, pero no se olvida; se queda en la cabeza". En la violación, dice, El Chicle usó preservativo, y en los centros médicos a los que acudió en aquel momento no fueron capaces de detectar la agresión sexual porque la muchacha, "dos días antes", había mantenido relaciones con la que entonces era su pareja.

En su casa le creyeron todos sus hermanos menos Rosario, que se alineó con su esposo. Y pasado el tiempo tuvo que acostumbrarse a la presencia de su cuñado, que volvió a aparecer por la casa de sus suegros con su pareja, al menos, los fines de semana. Vanessa afirma que le "tenía miedo" y que a partir de entonces evitó quedar a solas con él.

La hermana de José Enrique Abuín Gey, citada como testigo, se ha acogido a su derecho como familiar directo a no declarar. Pero su exesposa y otros dos cuñados que en un primer momento, ante los interrogatorios de la Guardia Civil, apoyaron su coartada para protegerlo, sí han hablado. Los agentes los llamaron al cuartel de Boiro a finales de 2016, meses después de desaparecer Diana, cuando El Chicle ya estaba bajo su punto de mira. "Nos dijeron que teníamos que declarar sobre el tema Diana Quer y nos extrañó", ha recordado Elena, hermana de Rosario.

Y El Chicle, ha dicho, los instruyó para que contasen que aquella noche había ido a robar gasoil acompañado de su esposa. "Nos lo pidió, decía que él no había hecho nada, le caían las lágrimas, y le creí", ha narrado la testigo. Cuando salía en la familia el tema de la chica desaparecida, José Enrique Abuín no se quedaba callado: "Iría con un rico", comentaba "tranquilo". "No creía a mi cuñado capaz de asesinar a nadie. Es una persona con carácter pero sin maldad, con corazón", ha concluido Elena, de cuya hija es padrino Abuín, "me duele mucho esto porque lo aprecio".

Una brida demasiado grande

Rosario, la que, hasta después de su encarcelamiento, era esposa de El Chicle, ha confirmado que Abuín llevaba bridas "blancas y negras" en el coche, pero ha negado que usase cinta adhesiva ancha como la que se recuperó del pozo y que los investigadores creen que usó para amordazar y maniatar a Diana Quer. En el interrogatorio le han mostrado una brida idéntica a la que apareció enredada en la melena de la víctima, y Rosario ha negado que fuera igual a las que vio usar a su marido: "Esta es más grande", ha afirmado.

La noche en que desapareció Diana Quer, el 22 de agosto de 2016, su esposo marchó sobre las 10 de la noche y regresó a las tres de la madrugada. Por la tarde había estado en una carrera y luego había ido a ver un incendio forestal en el monte Leiro, cercano a su casa. Cuando por la noche marchó se despidió de ella: "Me voy a buscar gasolina". En 2016, al llamarla de la Guardia Civil, ella también respaldó la falsa coartada del acusado, con el que había empezado su relación "a los 14 años". Pero a medida que iban pasando los meses sin noticias de Diana en la comarca, Rosario siguió preguntándole, "muchas veces", a su pareja: "Enrique, ¿no tendrás nada que ver con esta chica?". Y él negaba siempre: "Que no, que nunca la vi delante".

Así que Rosario "le creía" y lo respaldó durante un año. Hasta que en diciembre de 2017, tras la detención de El Chicle, la telefoneó su madre y le advirtió: "Están saliendo en la tele tu casa y tu hija". "Ahí me cabreé", ha admitido hoy la exmujer de Abuín, "me dije... 'va a ser verdad'. Y se acabó".

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