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Un alto cargo del Vaticano dimite acusado de abusos a una exmonja

Doris Wagner, activista contra los abusos y actualmente casada, asegura que el sacerdote intentó abrazarla y besarla durante una confesión en 2013

El sacerdote austríaco Hermann Geissler, en 2010.
El sacerdote austríaco Hermann Geissler, en 2010.

El sacerdote austríaco Hermann Geissler, un funcionario de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), el órgano de la Santa Sede que se ocupa de velar por el cumplimiento de las reglas doctrinales de la Iglesia católica y de investigar los abusos a menores por parte del clero, ha presentado su renuncia tras ser acusado por una exmonja. Geissler, de 53 años, niega rotundamente unos hechos que se remontan a 2009 y que, según la denunciante, consistieron en el intento de este de darle un beso y abrazarla durante una confesión.

Doris Wagner-Reisinger es hoy una activista de la lucha contra los abusos a mujeres en el clero, ha escrito recientemente un libro sobre sus experiencias (denuncia manipulación espiritual y control mental durante su etapa como monja) y acaba de participar en un documental sobre la cuestión. En 2008, cuando pertenecía a un comunidad religiosa con estrechos vínculos con la curia romana (Opus Spiritualis Familia, de la cual Geissler forma parte), tuvo una breve relación sexual con un sacerdote a quien la prensa italiana se refiere como Padre B. En octubre de 2011 dejó de forma amistosa la comunidad a la que pertenecía.

Todo cambió en 2012, cuando, según ella ha explicado, empezó a procesar los hechos desde la óptica de los abusos y la manipulación. Entonces conoció a su actual pareja, un sacerdote suspendido, y comenzó una campaña legal y mediática y denunció al Padre B por violencia sexual. En Alemania y Austria, donde fueron puestas las denuncias, los tribunales concluyeron que fueron relaciones consentidas. "Pocos meses después de tomar los votos, un sacerdote de la comunidad entró a mi habitación y me violó. Mientras me desnudaba atiné a decirle: 'No puedes hacerlo', pero no sirvió de nada. Al día siguiente pensé que si hablaba de eso me inculparían a mí, así que fui a la capilla y sonreí, como si nada hubiese pasado", subrayó durante un encuentro de Voces de la Fe celebrado en Roma en noviembre.

La denuncia contra Geissler, que trabaja desde hace 25 años en la CDF, cayó con algo de escepticismo entre su entorno. Él ha pedido que la investigación canónica en curso se lleve hasta el final. "El 28 de enero de 2019, el padre Hermann Geissler solicitó permiso al prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe para dejar su servicio. El prefecto ha aceptado esta petición. Geissler dio este paso para limitar el daño ya hecho a la Congregación y su comunidad", ha señalado la oficina de prensa del Vaticano.

El Vaticano abrió una investigación en 2014 cuando Wagner-Reisinger denunció los hechos. El pasado noviembre, la supuesta víctima volvió a acusarlo públicamente durante un encuentro de exreligiosas en Roma. "Geissler insiste en que la acusación contra él no es cierta y pide que el proceso canónico que está en marcha continúe. También se reserva la posibilidad de emprender medidas legales", señala la Santa Sede. De hecho, algunas fuentes de su entorno señalan a este periódico que ya habría denunciado a la supuesta víctima por calumnias.

La acusación llega en un momento en el que la Iglesia empieza a tomar conciencia de que, más allá de los abusos a menores, se han producido durante años violaciones a monjas en distintas partes del mundo. Según el canon 1387 del Código de Derecho Canónico, un sacerdote que durante una confesión solicita a un penitente pecar contra el sexto mandamiento debe ser castigado con suspensión, prohibiciones o privaciones, y en casos más graves tiene que ser destituido del estado clerical.

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