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Venecia no quiere a los turistas tirados por los suelos

El municipio propone multas de 500 euros a los visitantes que hagan pícnic en aceras y bancos

Asistentes a la regata del Gran Canal el pasado 2 de septiembre.
Asistentes a la regata del Gran Canal el pasado 2 de septiembre. Getty Images

El Ayuntamiento de Venecia propone multar con hasta 500 euros a quien se siente o tumbe en el suelo para comer. La medida se suma a una larga lista de prohibiciones ya vigentes en la ciudad (200.000 habitantes), que recibe 30 millones de turistas al año. El nuevo decálogo que prepara el gobierno municipal pretende controlar ciertos excesos del turismo y conductas que menoscaban la imagen de la ciudad. Recientemente, varios turistas franceses se bañaron en uno de los canales como si se tratara de una piscina, y muchos toman el sol en bikini en los jardines Papadopoli.

Sin embargo, la medida está todavía pendiente de ser aprobada y, en esta ocasión, las nuevas reglas no convencen a todos los miembros de la asamblea municipal y el debate está encendido en la comisión encargada de examinar el reglamento antes de que en octubre se envíe al Consejo del Ayuntamiento para que se vote. El punto más controvertido es el artículo 35 de la normativa, que impide sentarse en el suelo del centro histórico y en las aceras o en los escalones de los monumentos. Tampoco permite utilizar los bancos públicos como áreas de picnic. Las multas, solo tras infracciones reiteradas, van desde los 50 a los 500 euros, y acarrean la prohibición de acceder a determinados espacios de especial valor en la ciudad. Algunos representantes del Partido Democrático, en minoría, dicen que “no se puede prohibir todo” y han pedido que se habiliten zonas específicas en las que los turistas puedan detenerse y descansar.

Desde el Ayuntamiento veneciano han indicado a los medios locales que el objetivo no es colocar en el punto de mira al turista exhausto que se sienta a descansar en el suelo después de una larga caminata por la ciudad, sino a aquellos que convierten el suelo o las escaleras de los monumentos en restaurantes improvisados.

Hace unas semanas, coincidiendo con la Mostra de cine de Venecia, el conocido actor Stefano Accorsi publicó en su cuenta de Twitter una foto comiendo un trozo de pizza a las dos de la madrugada. Un tuit en principio inocente desató un debate entre asociaciones de hosteleros y ciudadanos de la ciudad. El presidente de la asociación veneciana de servicios públicos, Ernesto Pancin, se apresuró a declarar que si una persona como el actor, que puede considerarse ejemplo, come pizza sentado en un banco de la plaza San Marcos se enfrentaban a “un turismo sin esperanza”. “La plaza no es un jardín público”, añadió.

La respuesta del actor no tardó: “No entiendo el turismo salvaje de quien tira basura al suelo o se baña en las fuentes o lanza las colillas en cualquier parte, pero si a las dos de la madrugada el único restaurante abierto es una pizzería y uno se come una pizza en una de las plazas más hermosas del mundo, no me parece una falta de respeto o de decoro. De hecho, me parece una manera bellísima de disfrutar de la belleza de Italia”, dijo.

La normativa que ahora estudia el ayuntamiento se extiende también a las islas vecinas de Murano, Burano y el Lido. La ciudad mantiene una eterna relación tortuosa con el turismo.