Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Un gallego, primer jefe médico extranjero en un hospital chino

Pablo Furelos dirige el departamento de maxilofacial de un centro de Shanghai

El doctor Pablo Furelos, en su consulta del Hospital Shanghai Pudong Charity. Ampliar foto
El doctor Pablo Furelos, en su consulta del Hospital Shanghai Pudong Charity.

Es fácil localizar a Pablo Furelos entre las fichas de los responsables del hospital Shanghai Pudong Charity que se exhiben a la entrada del centro. El suyo es el único rostro sin los ojos almendrados y ocupa el único recuadro en el que se mezclan caracteres del alfabeto latino con los abigarrados ideogramas chinos. No en vano, este médico gallego especializado en cirugía maxilofacial se ha convertido en el primer extranjero nombrado jefe de departamento en un hospital público de China, que en enero, además, inaugurará una clínica especializada para que pase consulta, opere y forme a un equipo de profesionales.

“Todavía me cuesta creer lo que está sucediendo”, reconoce un abrumado Furelos mientras revisa las fotografías de un paciente que uno de los médicos locales ha tomado con su móvil para pedirle opinión. “El objetivo final, cuando el proyecto esté listo, es que alterne un mes de trabajo en Tenerife [donde tiene su clínica privada] y otro en Shanghái. Y que, cuando no esté, haga el seguimiento de los pacientes mediante videoconferencia. Mi equipo llevará el tratamiento y concentrará los casos que necesiten cirugía para que los opere cuando regrese”, explica.

Sin duda, el hito de este coruñés de 54 años trasciende la anécdota, porque la sanidad es uno de los sectores críticos, como la energía, las telecomunicaciones o la educación, que el Gobierno chino ha mantenido cerrados a cal y canto, vetados a empresas y profesionales foráneos. No obstante, a la hora de poner en marcha su ambiciosa reforma sanitaria, con la que pretende proporcionar servicios médicos públicos a toda la población, el Partido Comunista se ha dado de bruces con una tozuda realidad: “El país sufre una gran carencia de profesionales cualificados, sobre todo de especialistas, y no existen atajos para formarlos. Hacen falta cinco años en la universidad y otros tantos practicando para adquirir un buen nivel. Por eso, la contratación de médicos extranjeros puede servir para suplir esta gran carencia”, analiza el cirujano, que está rumiando la posibilidad de abrir también un centro de formación en el que puedan ejercer la docencia cirujanos españoles de diferentes especialidades.

Pekín acaba de aprobar el establecimiento de clínicas extranjeras “para cubrir carencias”

El director del hospital, Zhu Xiaobo, es de la misma opinión. “En medicina, la cooperación internacional resulta imprescindible para avanzar. Por eso creo que China irá abriendo gradualmente sus puertas a expertos e instituciones de todo el mundo. Y espero que eso sirva también para fomentar el componente humanitario de la sanidad, que en China es todavía deficiente”.

La titularidad pública de los centros de salud no significa que estos sean gratuitos. Los pacientes pagan tanto la consulta como el tratamiento, o se deduce su importe del capital acumulado en su seguro laboral. Y la escasez de personal cualificado hace que los sobornos y las negligencias médicas estén en auge. “Los dirigentes chinos son conscientes del problema y buscan atajarlo con un sistema mixto, porque el europeo les parece insostenible y el estadounidense, que les atrae más, tampoco es ideal. Así que han puesto en marcha diferentes sistemas piloto para buscar uno que cuadre con las particularidades del país”, añade Furelos.

Las oportunidades
son innumerables.
China padece una gran
carencia de especialistas

El Shanghai Pudong Charity es uno de esos experimentos. Se trata del único hospital público del país dedicado en exclusiva a la beneficencia, y desde su establecimiento en 2002 ha atendido a más de 400.000 pacientes. “Nosotros damos respuesta a las necesidades que el Gobierno no cubre”, expone Zhu. Si el sistema de este hospital piloto funciona, como suele ser habitual en todas las reformas que aprueba China, se reproducirá por el resto del país. “Esperamos que se puedan incorporar más médicos extranjeros”. No será fácil, porque las trabas burocráticas abundan. “Yo llegué a China porque consideré que había mercado para pacientes pudientes que quisieran venir a operarse en Tenerife”, explica Furelos. “Con esa idea, y copiando el sistema que implanté en París, al segundo intento conseguí la aprobación de China para abrir una oficina de representación, la primera de España en el sector sanitario”, recuerda el cirujano. Fue entonces cuando el doctor Zhu, que supo de Furelos a través de un compañero que reside en España, le propuso trabajar en el hospital que dirige.

“No me lo pensé, contesté que sí”. Pero comenzó entonces un largo proceso de legalización de los títulos que, tras varios meses de papeleo, culminó el pasado mes de diciembre con la concesión de una licencia especial para ejercer exclusivamente en el Shanghai Pudong Charity Hospital. Finalmente, en mayo llevó a cabo con éxito las primeras operaciones. “Es complicado trabajar en el quirófano con intérprete, pero lo más difícil es encontrar los medicamentos que requiero, porque los chinos no vienen con el nombre técnico y traducirlo es casi imposible”.

Ahora, Furelos también quiere aprovechar su posición privilegiada y el creciente número de contactos que atesora para ayudar a las empresas españolas del sector médico a hacer negocios. “Creo que es una ocasión magnífica para que nuestro país tome la delantera en China a otras potencias, y las oportunidades son innumerables. Por ejemplo, el año pasado en España se llevaron a cabo 700.000 implantes dentales, mientras que en toda China fueron solo 200.000”. Las estadísticas también reflejan el auge de un sector todavía inmaduro: en 2013, el gasto de China en sanidad creció un 13% y alcanzó los 100.000 millones de euros —un 5,8% del gasto público—, una cifra que, según la consultoría McKinsey, se multiplicará por ocho en 2020. “Es lógico que haya muchas empresas con interés en introducirse en el mercado local. El problema es la obtención de licencias”.

Afortunadamente para todos ellos, el gigante asiático anunció a finales del mes pasado que, como hizo el año pasado en la Zona de Libre Comercio (ZLC) de Shanghái, permitirá a empresas extranjeras el establecimiento y la gestión de clínicas y hospitales con capital 100% foráneo —antes el máximo era del 70%— en varias zonas, incluidas las ciudades de Pekín y Tianjin, y las provincias de Jiangsu, Fujian, Guangdong y Hainan. El documento publicado por el Ministerio de Comercio indica que, para obtener la aprobación, las compañías interesadas “deben introducir tecnología de última generación, así como nuevos conceptos de gestión y servicio, o mejorar la capacidad sanitaria local y cubrir carencias de la zona”.

Según un informe de Deutsche Bank, actualmente existen unos 11.300 centros sanitarios privados en China, casi cuatro veces el número de 2005. No obstante, el capital es mayoritariamente chino y la presencia de profesionales extranjeros es residual. “Creo que el Gobierno chino está reformando el sector de forma adecuada. Lo que ha conseguido en las últimas dos décadas no tiene parangón”, afirma Furelos. “China está invirtiendo grandes sumas en infraestructura. Ahora el mundo puede ayudar en la formación del personal”.