OBITUARIO

Yusai Sakai, el monje budista que corrió 2.000 ‘maratones’

Expiloto japonés, hizo dos veces el rito Sennichi Kaihogyo

El monje budista Yusai Sakai, en 2007 en Tokio.
El monje budista Yusai Sakai, en 2007 en Tokio. KYODO

El monje budista japonés Yusai Sakai, conocido por completar hasta por dos veces el Sennichi Kaihogyo, un extraordinario peregrinaje de unos 40.000 kilómetros a través de altas zonas montañosas durante siete años, murió el lunes por insuficiencia cardíaca. Tenía 87 años.

Sakai, un expiloto kamikaze convertido en monje de la escuela budista Tendai, tenía un gran número de seguidores a través de libros que escribió. Era admirado por unas palabras sencillas que impulsaban su convicción de que las acciones eran más importantes que la sabiduría.

Pero fue más conocido por ser una de las tres únicas personas desde el siglo XVI que han completado dos veces el Sennichi Kaihogyo, la cumbre de los logros para los monjes de esta orden, también conocidos como budas que corren o monjes maratonianos de las montañas Hiei, alrededor de donde se encuentra el templo principal de la escuela, en Otsu, a las afueras de Kyoto, en la prefectura de Shiga, a unos 500 kilómetros al suroeste de Tokyo.

Para alcanzar esta cumbre, se necesitan 1.000 días peregrinando por montañas y valles durante siete años. En cada uno de los tres primeros años hay que encadenar 100 días consecutivos realizando 40 kilómetros diarios. Además, los monjes tienen las obligaciones generales del templo, cursos de caligrafía, meditación... La cifra de maratones encadenados sube a 200 anuales los dos siguientes ejercicios.

La ascética práctica incluye nueve días

En el quinto año, el Sennichi Kaihogyo también incluye nueve días de ayuno, o Do-iri, en el cual los monjes recitan un mantra 100.000 veces sin comer, beber o dormir. Durante el sexto año, hay que realizar otros 100 días seguidos en los que se corre 60 kilómetros diarios. Y durante el séptimo y último año, se hace dobles maratones diarios (84 kilómetros) durante 100 días consecutivos, y a continuación otros 100 días en los que se recorren 40 kilómetros cada jornada. Durante el viaje, que cubre en 1.000 atléticas jornadas una longitud equivalente a la circunferencia de la Tierra, el seguidor debe sentir la omnipresencia de Buda en los elementos naturales, como las montañas, los ríos, la hierba y la madera.

“Algunas partes [de mi cuerpo] parecieron morir, y alrededor del cuarto día empecé a oler a pescado podrido”, dijo Sakai sobre la ascética práctica de la reclusión de nueve días, según el periódico japonés Asahi Shimbun. La finalización de la práctica adjudica el título de Dai Ajari, o gran guía religioso, y permite la entrada a propiedades imperiales sin quitarse el calzado.

“Mi cuerpo pareció morir y empecé

Originario de Osaka, Sakai fue un piloto con sede en la prefectura de Kagoshim que se preparaba para una misión suicida como kamikaze cuando la II Guerra Mundial terminó en 1945. Aunque con vida, la posguerra le marcó. Sakai tuvo varios trabajos y empezó una serie de empresas, que fracasaron, incluyendo un restaurante de fideos ramen en Tokio, que fue destruida en un incendio. Cuando Sakai tenía casi 40 años, su esposa se suicidó.

Sakai se hizo miembro de la escuela de Tendai tras hacerse monje en 1967. Terminó su primer Sennichi Kaihogyo en 1980. Empezó el segundo seis meses después y lo terminó en 1987, a los 60 años.

Tras su hazaña, visitó diferentes templos en Japón y, en 1991, hizo una peregrinación al monte Wutai, en la provincia de Shanxi de China, donde se reunió con monjes para orar por las almas de las víctimas de guerra. El monte Wutai es conocido como un lugar sagrado en el budismo chino y se cree que es donde se originó la práctica ascética de los 1.000 días. También se reunió con el papa Juan Pablo II en el Vaticano en 1995. Sakai pasó los últimos días de su vida en el templo de Imoru Fudodo Chojuin en Otsu.

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