Ciencia y Educación resucitan un galardón que no se ha dado en 30 años

El bioquímico Santiago Grisolía, primer receptor de la medalla al mérito en la investigación

El Consejo de Ministros ha aprobado hoy un real decreto por el que se concede, a propuesta conjunta de los ministerios de Ciencia e Innovación y de Educación, la Medalla al Mérito en la Investigación y en la Educación Universitaria, en su categoría de oro, al científico Santiago Grisolía. Esta medalla, sin dotación económica, se creó en 1980 y nunca se había concedido hasta ahora.

Según Ciencia e Innovación, la medalla a Grisolía se concede "en atención a los méritos que atesora en estas materias" y a propuesta del Instituto de Salud Carlos III, un organismo público de investigación que dirige en la actualidad José Jerónimo Navas. El ministerio reconoce que el proceso de la candidatura se ha realizado deprisa y en los últimos días, aunque asegura que se han hecho consultas telefónicas a cuatro científicos (Juan Lerma, Antonio Bernat, Luis Blanco y Margarita Salas) y cuatro rectores (de las universidades de Málaga, Pública de Navarra, Zaragoza y Cantabria) sin que llegaran a reunirse. En el decreto de creación de la medalla, de hace 30 años, se prevé la existencia de un consejo asesor para asesorar al ministro (entonces era el de Universidades e Investigación) sobre "los méritos que concurran en la persona o entidades propuestas". Entre los miembros de este consejo asesor figuran el presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, cuatro rectores designados por el ministerio y cuatro personalidades relevantes de la universidad o de la investigación.

Grisolía nació en 1923 en Valencia y se ha dedicado a la investigación en diversos campos del área de la bioquímica, y a la gestión. Actualmente es presidente del Consejo Valenciano de Cultura y secretario de la Fundación Valenciana de Estudios e Investigaciones Avanzadas , a través de la cual se otorgan los premios Rey Jaime I.

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS