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Richard visita a la familia

Serra reconoce que sin el Guggenheim no tendría el premio Príncipe de Asturias - El museo prepara otra exposición de su obra

El viaje de regreso de Richard Serra (San Francisco, 1939) a los Estados Unidos después de recoger el pasado viernes en Oviedo el premio Príncipe de Asturias de las Artes tuvo una escala en Bilbao. Ayer, a pocos metros de la instalación La materia del tiempo, las monumentales esculturas de acero que ocupan la sala más grande del Guggenheim, Serra reconoció que sin ese proyecto no habría logrado el Príncipe de Asturias.

Su relación con España comenzó hace 30 años y ha culminado con un premio que considera uno de los acontecimientos más importantes de su vida. "Nunca hubiera imaginado que fuera tan gratificante", reconoció. Ningún otro escultor contemporáneo cuenta con una exposición permanente de la importancia de la obra que Serra presenta en el Guggenheim. El origen mallorquín de su familia paterna no explica que en España se sienta más cómodo que en cualquier otro país de Europa. Serra cree que el público entiende el vocabulario que ha ido creando a lo largo de su carrera. "En España casi tengo una familia", dijo.

Sus esculturas serán enfrentadas a las de Brancusi en una exposición

El artista ha superado varias operaciones y sigue "buscando lo desconocido"

En los últimos meses el escultor ha necesitado que le coloquen sendas prótesis en la rodilla y en la cadera y una intervención para realizar un injerto óseo en la columna vertebral. Su aspecto confirma que el temor a acabar en una silla de ruedas quedó atrás. "Estoy muy bien y con ganas de continuar", explicó. "No sé si le interesa a la gente, pero estoy encantado de disfrutar de una vida llena de creatividad".

Enfrentarse a las esculturas de La materia del tiempo le ayuda a responder a las interrogantes que el artista se plantea cada día. "Me encanta la obra que tengo aquí pero tengo que continuar buscando lo desconocido", prosiguió. "Aprendo de la observación de mis obras, pero no sé cuando voy a encontrar otro camino en ellas. Son la base de lo que vendrá a continuación".

Serra recordó ayer los tiempos en los que sus esculturas de gran formato no encontraban compradores y su galerista, Leo Castelli, le pidió obras que se pudieran colocar sobre la mesa de su despacho. No le hizo mucho caso y siguió experimentando con esculturas que implican al espectador, le invitan a entrar en el espacio que ocupan. "Mi aspiración consiste en hacer un tipo de escultura que antes no existía", añadió. "No es arquitectura, pero pueden entrar en ellas y descubrir las sensaciones que les provoca".

El Guggenheim seguirá adentrándose en el universo de Serra. En octubre de 2011 está prevista la inauguración de una exposición que contrapondrá su obra a la de otro de los grandes nombres de la escultura del siglo XX, Constantin Brancusi. Serra no adelanta detalles del proyecto, que previamente se mostrará en la Fundación Beyeler, de Basilea. "El comisario decidirá", concluyó.